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"Las personas luchan por su esclavitud, por eso Tinelli y Lanata son los pensadores más grandes del país"

El escritor Fabián Casas dice que "el tinellismo es capitalismo salvaje" y que el gobierno de Cristina Kirchner es "de derecha light"; además, critica el endiosamiento de Maradona y celebra a Messi

Viernes 07 de septiembre de 2012 • 03:22
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LA NACION
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Fabian Casas, escritor
Fabian Casas, escritor. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz

Hay quienes lo definen como "el último escritor de izquierda". El trata de escapar a todo tipo de etiquetas. El escritor Fabián Casas nació hace 47 años en el barrio de Boedo. Escribió poemas, ensayos y novelas, algunos de los cuales fueron traducidos al alemán, francés, inglés, armenio y portugués. Este autor, que siempre busca su "voz extraña", se reconoce esclavo el setenta por ciento de su tiempo y reniega de eso: celebra los gestos de libertad propios y ajenos. Quizá por eso sea tan crítico de la televisión y sus "héroes", para él, seres esclavizantes. "Las personas luchan por su esclavitud, no por su libertad. Si no, no se explica que Tinelli, Pergolini, Rial y Lanata sean los pensadores más grandes de nuestro país. Esas cuatro formas de ver el país, de derecha, son nefastas para mi", dice.

En diálogo con LA NACION también hablará de los jóvenes militantes, de la "inmoralidad" de la riqueza de la Presidenta, del fútbol que hipnotiza, de Maradona y su afán de adulación, de las semejanzas y diferencias de este tiempo con el menemismo, de su amigo el actor Viggo Mortensen y de San Lorenzo, el club que es "su familia".

-¿Qué función tiene la literatura? -No puedo entender una literatura que no tenga una función política y social. Toda la literatura que me interesa es así. El que escribe se implica y muchas veces es revolucionario. Pasa también que hay gente que es reaccionaria en términos cotidianos, porque no intenta ver las cosas en términos colectivos, es de derecha pero son escritores de vanguardia.

-¿Por qué afirmás que los escritores de derecha escriben mejor? -Dije en una entrevista que los escritores de derecha, en general, escapan bastante a la pedagogía y son mejores que los de izquierda, que intentan ser pedagógicos y ven a la literatura como un medio y no como un fin. La derecha, en cambio, ha dado muchos grandes escritores de vanguardia: pienso en T. S. Eliot, en Celine. Te podría decir también argentinos: Cortázar era de derecha, después tuvo un giro de devaneo en la izquierda y ahí su literatura se debilitó. Es muy notable. Otro escritor de derecha muy bueno es César Aira.-¿La poesía es el registro en el que te sentís más cómodo? - No se si más cómodo. No estoy el noventa por ciento de mi tiempo viviendo en poesía. Por lo general, el setenta por ciento del día soy un esclavo. Después tengo momento de disrupciones donde encuentro cierta libertad, de ánimo, con respecto a mi cuerpo, a las cosas que logro cuando le hago trampas al lenguaje.

-¿En qué ves esa esclavitud? -La veo cuando empiezo a tener una vida estereotipada y empiezo a hacer cosas porque se tienen que hacer, cosas que tienen que representar una función y un poder. Eso para mi es la esclavitud. En cambio cuando hago cosas en función de servicio hacia los demás, cosas en las que me olvido de todo ahí me parece de una gran libertad.

-¿Te acordás del primer libro que leíste? -Leía cómics y, antes de escribir literatura, leía, hacía e ilustraba cómics. Mi primo, que fue una persona para mí muy importante en mi adolescencia, era de la JP (Juventud Peronista). Vivía en la pieza de adelante de mi casa, donde vivíamos todos. Esa pieza era el lugar sagrado: él tenía ahí los libros, toda la colección Skorpio de los años 70, revistas de editorial Novaro, El Eternauta. Tenía bombas.

-¿Bombas? -Sí, bombas para poner. Ahí entraba en conflicto con mi papá porque no quería que me acercara ahí y cuanto más me sacaban, más ganas me daban. Esto era en el ‘73, yo tenía 8 años. Mi primo, que era profesor de pintura, me llevaba a las universidades a Bellas Artes cuando estaba tomada por ellos. Me dio una educación intensa.

Jóvenes militantes

-¿Qué pensás de este debate por El Eternauta? -Para mi son dos cosas separadas. El Eternauta es la novela de Héctor Oesterheld, que es extraordinaria. Fue la primera vez que leí un cómic que terminaba mal. Me demolió cuando los convierten a todos los hombres en robots y El Eternauta queda girando en un continuum para siempre. El ‘Nestornauta’ es una falta de respeto a todos los chicos que murieron en los ‘70 peleando por cosas extraordinarias.

" "Lo que se sigue manteniendo es que hay gente que no tiene nada, ni para comer, ni para dormir. Hay una gran pobreza""

-¿Qué te parece que se reparta El Eternauta en las escuelas? -Eso está bien. Yo crecí con la dictadura militar, la dictadura me prohibió un montón de cosas y fue horrible. Un maestro malísimo, demoledor. A partir de ahí todo lo que sucede ahora, aun las discusiones más bizarras, me parecen vitales. Que la política de todos los bandos esté en las escuelas es sano, los chicos después determinan, deciden. Lo veo más como una campaña de la derecha dura, porque para mí el Gobierno es la derecha light .

-¿Ves políticamente movilizados a los jóvenes? -Hay jóvenes que están movilizados, como siempre lo estuvieron, incluso en la época de la dictadura. Lo que pasa es que no se asocian necesariamente con La Cámpora. Hay un montón de jóvenes por fuera. Mariano Ferreyra era un ejemplo de un joven movilizado, un ejemplo total.

-¿Qué opinión tenés de La Cámpora? -No podría hablar del fenómeno completo de La Cámpora porque sería como tratar de analizar algo que no conozco completamente. Conozco personas de ahí: hay algunas brillantes y otras acomodaticias, que están ahí porque sí. Me parece que el movimiento tendrá que dar la pelea para que los que no tengan un camino de corazón sean expulsados. Tampoco es que son todos pibes malos. Eso sería lo mismo que dividir la literatura entre Borges y Artl, Menotti y Bilardo. Ese tipo de binarismos son completamente improductivos. Sí me parece que la acumulación de dinero como tiene la Presidenta y un montón de gente en este país es inmoral.

-¿Qué cosas se mantienen y cuáles cambiaron de la época menemista? -Mucha gente que estuvo en el menemismo de alguna manera se ha reciclado en este Gobierno. A su vez, también tanto en el menemismo como ahora hubo y hay una gran libertad. Lo que se sigue manteniendo es que hay gente que no tiene nada, ni para comer, ni para dormir. Hay una gran pobreza. Es una pelea importante la que hay que dar ahí porque, por lo general, la derecha no piensa en repartir nada.

-¿Discutiste fuerte con algún amigo por política? -Tengo un montón de amigos que se hicieron kirchneristas y se volvieron personas muy serias; a mi me parece que volverse serio es un error total. Pero igual son mis amigos, los quiero mucho. Prefiero que sean kirchneristas y no macristas, pero preferiría que no fueran tan serios. A su vez, hay otras personas, amigos intensos que son K y son muy críticos. Eso es lo que se debe mantener: tener la ideología en grado de pregunta. Pero hay amigos con los que hay cosas de las que no se puede hablar, militarizaron el alma.

-Escribiste críticamente sobre fútbol free vs hambre cero, ¿por qué los comparás? -Me parece bueno que toda la gente pueda ver fútbol, pero más importante es que todos tengamos acceso a la salud, a la educación. Pero eso parece más impopular porque, como dice Spinoza, las personas luchan con uñas y dientes por ser esclavos, no luchan por su libertad. Si no, no se explica por qué Tinelli, Pergolini, Rial y Lanata son los pensadores más grandes de nuestro país. Esas cuatro formas de ver el país, de derecha, son nefastas para mí.

""Me parece bueno que toda la gente pueda ver fútbol, pero más importante es que todos tengamos acceso a la salud, a la educación. Pero eso parece más impopular""

-¿Por qué? -Porque piensan solamente en sí mismos. Son todos esclavos, pura representación. Cuidan su imagen. No entregan nada. Es horrible todo eso.

Maradona vs. Messi

-¿Qué es el gordismo? -Escribí sobre eso por el mundial. Maradona, el gordismo, la nacionalidad. Cuando se empieza a hablar de la sangre, que un jugador es diferente porque es argentino es muy improductivo. Durante el mundial 78 yo era muy chico y grité los goles, me volví loco y cuando pasó el tiempo y pensé en eso me pareció horrible. Entonces, siempre la idea de país metida en el deporte de una manera tan chauvinista a mi me hace mucho ruido.

-¿Qué contrastes encontrás entre Maradona y Messi? -Messi, por lo que se puede saber, es una persona que no tiene la tentación de la representación. Necesariamente tiene que aparecer en un lugar físico y lo tienen que ver, pero creo que si pudiera jugar siendo invisible le gustaría. Ese es un logro de él. Maradona, en cambio, si no está en los medios no lo soporta. Tiene toda esa cosa de la adulación. A mí me parece que la gente que se rodea de aduladores son personas que se debilitan.

-¿Cómo es tu relación con el fúbol? -Soy fanático de un club, San Lorenzo. Por ejemplo, el otro día me encontré con [Leandro] Romagnoli, le di un beso, le dije que lo amo, estábamos con Viggo Mortensen. Me puedo permitir eso. Para mi encontrarse con Romagnoli es como para otro ver a Bob Dylan. Pero hay cosas que tienen un límite: la violencia, la estupidez en torno al fútbol. Me parece que en un país culturalmente más interesante las cosas empiezan a ocupar un lugar más tranquilo, no por eso menos intenso.

Fabian Casas, escritor
Fabian Casas, escritor. Foto: LA NACION / Ezequiel Muñoz

-¿Qué recuerdos tenés en la cancha con tu papá? -El me llevó a dos lugares increíbles. Mi papá era representante, asistente personal de Alberto Olmedo. Entonces, cuando Alberto estaba en Mar del Plata íbamos con mi papá y veraneábamos todos juntos. Ahí una vez cuando era muy chiquito mi papá me llevó de la mano por una calle y vi el mar por primera vez en colores. Eso me produjo un shock. Lo mismo me pasó cuando me llevó de la mano al Gasómetro de San Lorenzo. En esa época el fútbol se veía sólo en blanco y negro. Yo entré y vi la cancha verde, el cielo celeste, los jugadores con el color rojo y azul y me impactó mucho. Son dos recuerdos impresionantes para mi y están asociados siempre.

-¿La amistad con Mortensen también se da por el fútbol? -Mortensen dice algo que para mi está buenísimo: dice que el club es su familia. Uno carga combustible cuando es chico y la calidad del combustible que cargues en ese momento es lo que te va a determinar cómo sos cuando las papas quemen. El vivió sus primeros ocho años en el Chaco. Cargó combustible ahí. Estaban justo Los Matadores, un equipo descomunal, como el Barcelona. Y eso a él le dio una especie de ontología, le dio un ser en múltiples cosas: porque es una persona muy inquieta y es un eterno principiante, con mucha humildad. En karate está bueno ser eterno principiante, él es así. Siempre está atento para aprender. No es esclavo.

-¿Qué te da el karate? -Me da algo en contra de la melancolía. Es como aprender un nuevo idioma con el cuerpo. Y la pasé mal porque te pone en un estado de pobreza, de incertidumbre. A la vez me encantó eso. También te ocurre algo real: te produce endorfina, entonces, cuando empezás a hacer karate, esos días son increíbles. Estas re bien de ánimo. Schopenhauer decía que lo mejor que le podías desear a alguien es que tenga un buen estado de ánimo, la persona que lo tiene no necesita nada más, es una bendición. Yo no lo tengo, tengo que trabajar para tenerlo.

""Tengo un montón de amigos que se hicieron kirchneristas y se volvieron personas muy serias, hay cosas de las que no se pueden hablar, militarizaron el alma"."

-¿Por qué tu último libro se llama Breves apuntes de autoayuda? -Muchas de las personas a las que les di a leer ese libro me dijeron que les transmití cosas que les sirvieron, porque a partir de ahí salieron a buscar otros libros, otros autores ahí citados, otros músicos o películas. Eso me pareció genial porque a mí me pasa así con otros libros que leo o con amigos que te recomiendan algo, te abren el oído. En ese sentido, es un título en broma, como diciendo: ‘Esto me ayuda a mi a vivir’. Y tiene humor porque creo que un gran antídoto es la risa. A determinadas cosas, con determinado nivel de horror si no produce risa te volvés loco.

Tinelli y la pastilla azul

-Hablás en un ensayo del tinellismo: ¿cómo lo definís? -El tinellismo es capitalismo salvaje. ¿Viste que Morfeo, de Matrix, ofrece dos pastillas? Con una te despertás, con la otra te dormís. Con la que te dormís es Tinelli.

-¿Te preocupa cuánto habla Cristina Kirchner por cadena nacional? -Me es indiferente. La televisión está ocupada con tantas estupideces que la cantidad de cadenas nacionales no me importan para nada. Esas son las críticas más estúpidas. Hablan de la banalidad de la derecha, que no puede discutir las cosas que le hacen cambiar la vida a la gente.


Quién es Casas Fabián Casas nació en Buenos Aires en 1965. Publicó los libros de poesía Tuca (1990), El Salmón (1996), Oda (2003), El Spleen de Boedo (2003) y El hombre de overol (2007), todos ellos incluidos en este volumen junto con el inédito Horla City. Publicó también los libros de ficción Ocio (2000, reeditada en 2007), Los Lemmings y otros (2006), Ensayos Bonsai (Emecé, 2007), Breves apuntes de autoayuda (2011). En 2007 le fue concedido en Alemania el prestigioso premio Anna Seghers. En 2010 se estrenó la película Ocio, basada en su novela y dirigida por Alejandro Lingenti y Juan Villegas.
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