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Editorial I

La cadena nacional, otra forma de despotismo

Opinión

El Gobierno convirtió un instrumento excepcional de comunicación en un canal habitual para hacer propaganda, burlar derechos y denostar al que piensa distinto

Ya hace bastante tiempo que Cristina Kirchner bombardea a los argentinos en materia comunicacional. Lo hace al manipular a su antojo la cadena nacional de radio y televisión, a pesar de que la ley es clara sobre las razones que deben mediar para su conexión: situaciones graves , excepcionales o de trascendencia institucional.

La jefa del Estado la ha usado para inaugurar un pabellón en una muestra y hasta para anunciar las nuevas instalaciones de una fábrica de tractores, cuando no lo ha hecho para perseguir a ciudadanos mediante la violación de derechos como la confidencialidad en materia fiscal o para fustigar a dirigentes políticos con los que mantiene diferencias, incluidos los de su propio partido.

Desde que se sancionó la controvertida ley de medios en 2009, reglamentada por decreto un año más tarde, la Presidenta usó la cadena nacional en más de 50 oportunidades, 16 de las cuales corresponden al corriente año. En sólo una semana de julio habló por cadena en tres oportunidades: para el Día de la Independencia, la inauguración de obras de una empresa privada y la entrega de notebooks, y la reapertura de Tecnópolis.

Anteanoche, y en el horario de mayor rating televisivo, volvió a usarla al hablar en la muestra de Villa Martelli, durante el acto por el Día de la Industria, donde defendió los controles al dólar y a las importaciones, y chicaneó a los bancos para que presten más dinero, entre otros tantos temas que la llevaron a hablar a lo largo de una hora. Curiosamente, ese mensaje salió al aire en diferido para no cortar la transmisión de Fútbol para Todos, otro de los ámbitos politizados por el Gobierno.

La Presidenta justificó el uso de la cadena nacional para otros fines de los establecidos en la ley cuando inauguró instalaciones de la refinería de YPF. Dijo entonces que hablaba por cadena porque ningún medio televisivo transmitía sus palabras. Lo mismo suele decir en público el presidente venezolano Hugo Chávez, quien ostenta un récord difícil de superar. Sólo en 2012 la usó unas cincuenta veces. Muchas de ellas, para hacer proselitismo, cargar contra el imperialismo o relatar hechos de su vida. Ha llegado a hablar por casi diez horas seguidas. Ocurrió en enero de 2012, para realizar un balance de su gestión al frente del Poder Ejecutivo e intentar mostrarse fortalecido tras varios tratamientos contra el cáncer.

Cristina Kirchner, por su parte, superó las tres horas de alocución en marzo pasado, cuando inauguró un nuevo período parlamentario, acto que aprovechó para criticar a Mauricio Macri, a los docentes y a los ambientalistas.

Dilma Rousseff apenas si la usó una media docena de veces desde que asumió, en 2011, como presidenta de Brasil, mientras que, en Chile, los medios adhieren voluntariamente a la cadena, que era obligatoria durante la dictadura. Desde que asumió el presidente chileno, Sebastián Piñera, la utilizó en 11 ocasiones.

En nuestro país, semejante abuso de un recurso extraordinario no parece contentar a la Presidenta, que suma otros instrumentos para reemplazar las conferencias de prensa que se niega a conceder.

Fútbol para Todos, el programa ideado por el gobierno nacional para llevar ese deporte a todo el país, está siendo usado cada vez más desembozadamente como plataforma de propaganda política, ya sea en defensa de funcionarios del Gobierno como para atacar a representantes de la oposición.

Las incesantes referencias al ex presidente Néstor Kirchner y las continuas loas a los anuncios realizados por la actual mandataria en medio de esas transmisiones han venido siendo una constante en las televisaciones solventadas con el dinero de todos los argentinos.

El Gobierno lleva gastados casi 2800 millones de pesos desde que se creó ese programa, hace tres años, y está por consumir el total del dinero que había sido presupuestado para 2012, por lo que acaba de disponer un refuerzo de más de 200 millones de pesos a esa caja.

En los últimos partidos, parte de esos fondos fueron utilizados para la realización de spots destinados a atacar a Macri y a José Manuel de la Sota. La estrategia contra Macri se centró en criticar su postura frente al traspaso del subterráneo a la ciudad, mientras que a De la Sota se lo fustigó por su pelea con el gobierno nacional para que Córdoba reciba los fondos jubilatorios adeudados que les corresponden.

Pero eso no es todo. Tras la expropiación de la ex empresa Ciccone, causa en la que el vicepresidente Boudou está sospechado de tráfico de influencias y lavado de dinero, el Gobierno utilizó a Fútbol para Todos para lanzar un spot en su defensa.

El corto, que formalmente promovía al programa 6 ,7, 8 , incluyó el último discurso del jefe de bloque de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, cuando en la Cámara baja se debatía la expropiación de la imprenta. En el spot se veía a Rossi denunciando de viva voz que Clarín y LA NACION habían publicado entre los dos casi mil notas sobre Ciccone. "No sean cómplices de una operación. ¡Avívense de una vez!", reclamaba Rossi a los diputados en el recinto. También hubo un audio del periodista Víctor Hugo Morales criticando a ambos diarios.

Resulta lamentable que el Gobierno disponga de esos espacios a su antojo para hacer propaganda política. Es nada más ni nada menos que una forma despótica de ejercer el poder, una actitud extorsiva y discriminatoria, un abuso que, como bien lo ha expresado el constitucionalista Daniel Sabsay, "nos retrotrae a las prácticas de los presidentes de facto".

El avasallamiento al que nos somete el actual gobierno no tiene precedente. Es de esperar que los dirigentes políticos de todo signo tomen conciencia de la necesidad de cambiar este estado de cosas y que los magistrados, de una vez por todas, obliguen al Gobierno a respetar las leyes y las sentencias judiciales..

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