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¿Y dónde está la crítica?: algunas notas sobre un oficio en extinción

Opinión

1. ¿Qué es la crítica?

En un sentido general, por crítica se entiende al acto de tomar un objeto, una obra, una propuesta cultural y artística y "ponerla en crisis". Elaborar, partiendo de esa base, un discurso que genere sentido, que vaya contra el consenso, la opinión pública, la doxa. ¿Y qué es, en este orden de cosas, un crítico? Alguien capaz de generar un efecto de autoridad y, desde ese lugar, emitir un juicio estético, una opinión que revista de sentido a una manifestación determinada (sea un libro o una obra de arte). Un crítico será crítico sólo si logra construirse a sí mismo como tal. Cursar la carrera de Letras no construye de por sí a un crítico, así como estudiar Historia no genera de forma automática historiadores, o la carrera de Filosofía, filósofos. Uno es crítico porque decide serlo, y también porque del otro lado hay alguien (los lectores, los artistas, los colegas) que lo consideran como tal. Ignacio Echevarría, quien fuera durante muchos años el crítico literario estrella del diario El País de España, escribió alguna vez que para ser reseñista "no hace falta más que la voluntad de serlo, construir un lugar de autoridad, y la elocuencia para sostener ese discurso".

2. Modos de la crítica

Pierre Bourdieu: "El espectador naif no puede acceder [por sí mismo] a una percepción específica de obras de arte que sólo tienen sentido o, mejor, valor, en referencia a la historia específica de una tradición artística. La disposición estética que reclaman las producciones de un campo de producción que ha alcanzado un alto grado de autonomía es indisociable de una competencia cultural específica". Los críticos, así, como intérpretes o guías del lector o del espectador. Otra manera de ver las cosas: escribe Oscar Wilde en El crítico como artista: "Es mucho más difícil hablar de una cosa que hacerla. Cualquiera puede hacer historia. Sólo un gran hombre puede escribirla... Cuando una persona actúa es una marioneta. Cuando describe es un poeta".

3. Crítica y medios masivos

Al menos en los suplementos y revistas culturales de circulación masiva, que acompañan a los principales diarios, la presencia de la crítica (literaria, sobre todo, pero también de las otras artes) es excepcional. Lo que vemos, lo que se escribe, lo que se lee, incluso lo que muchas veces se anuncia como crítica, no es en general más que versiones de algo que podríamos llamar periodismo cultural y que va de correctos artículos que divulgan las diferentes manifestaciones de la cultura erudita o popular (nuevos libros, inauguraciones de muestras de arte, discos) a meros señalamientos de las producciones recientes de la industria cultural. La crítica sobrevive, sí, en su tarea específica, en publicaciones periódicas especializadas impresas o, en los últimos tiempos, en las que se distribuyen o leen en la web y a través de soportes digitales (en la Argentina, algunas de ellas son o fueron Otra Parte, Bazar Americano, El Interpretador, No Retornable, Planta y algunas otras).

4. Los medios culturales masivos

En general, las redacciones de los suplementos culturales y las revistas de cultura están conformadas por periodistas. La formación de estos periodistas es ecléctica y heterogénea, y la calidad de estos productos dependerá de la inteligencia con que los editores responsables seleccionen los artículos a publicar, los nombres de los colaboradores que vayan a escribirlos, y variables por el estilo. ¿Por qué los editores no suelen convocar, para estas tareas, el trabajo de los críticos? Las razones pueden ser muchas y muy distintas: en los medios masivos predomina un prejuicio, generalizado en el periodismo de actualidad, contra el pensamiento académico e intelectual. Del otro lado, se extiende un prejuicio análogo pero en el sentido inverso: son los críticos los que a veces ven a los medios como un vehículo de vulgarización de las ideas. De esta manera se ha creado una brecha de incomunicación entre unos y otros.

5. ¿Qué ofrecen hoy los medios culturales masivos?

Artículos generalistas, efemérides, entrevistas, reportajes, reseñas bibliográficas, notas de tono informativo y descriptivo. Funcionan, así, como simples transmisores de la información generada por la industria cultural (editoriales, museos, fundaciones, organismos públicos y privados). Como una voz desprovista de voz. Como una agenda de información que sólo se transformará, para un lector avezado, en algo interesante de leer, cuando venga legitimada por la firma de un autor de su gusto o preferencia. Esto no es algo nuevo, pero se manifiesta con mayor fuerza en las últimas décadas, cuando el periodista cultural se transformó en la figura epigonal o residual de la del crítico literario, y el del crítico fue convirtiéndose en un oficio en extinción. Ignacio Echevarría explica alguna de las razones por las que esto sucede: "Son cambios motivados por el sometimiento progresivo de la prensa a las consignas de la industria cultural. Pero la pérdida de relevancia de la crítica literaria tiene que ver, además, con un progresivo desplazamiento de la literatura hacia una posición marginal dentro del sistema de la cultura contemporánea. Y esa posición marginal no obedece tanto a la hegemonía de los medios audiovisuales como a la desactivación de la literatura (y, en general, de toda expresión artística) a consecuencia de su confinamiento en un terreno segregado de las tensiones sociales, un ámbito presuntamente autónomo en el que sólo le cabe cumplir una función recreativa o decorativa".

6. Industria cultural e industria editorial

Hasta hace algún tiempo, la sociedad entre los medios periodísticos culturales y sus auspiciantes (en muchos casos librerías, editoriales, fundaciones, museos, galerías) generaba una suerte de pacto tácito acerca de la inconveniencia de emitir un juicio crítico negativo sobre las manifestaciones ofrecidas en el mercado por los propios avisadores. Esto sucedió de manera sostenida hasta que hoy las publicidades desaparecieron de los suplementos y revistas culturales casi por completo. Pero algunos vicios permanecen. Si la crítica en sí está por lo general ausente de las páginas de los suplementos culturales, las críticas negativas son casi inhallables. Otra regla implícita de las redacciones dice que como el espacio disponible para el contenido no es elástico, y cada vez se publican más libros, es ocioso ocuparse de los que puedan dar lugar a juicios adversos. Eso sucede porque el lugar de la crítica fue reemplazado por el de la reseña, o peor: el de la recomendación disfrazada de reseña. Todo esto genera una sucesión de páginas desbordantes de optimismo, la celebración de un universo cultural de cotillón, cuyo mensaje parece ser el de que todo lo que se escribe es magnífico, lo que está lejos de ser verdad. Si todavía quedan lectores inteligentes, valorarán tanto que un crítico les señale lo que valga la pena leer como lo que no.

7. Dificultades del crítico

Más allá del aspecto de la formación (¿Dónde se estudia para convertirse en crítico? ¿Qué hay que leer para aspirar a ser un crítico profesional?), el del crítico literario en un medio de circulación masiva no es un trabajo bien pago. Lo que no ayuda a desarrollar una relación fluida entre los críticos (más propensos la investigación, a dar clases o aplicar a becas) y los medios masivos. Ni a la elaboración de argumentaciones negativas acerca de los objetos analizados. Si emitir un juicio estético (cualquiera sea) no implica al menos la remuneración económica esperable, ¿cuál sería el negocio de ganarse enemigos de forma gratuita? Hay otras dificultades. La estrechez de las dimensiones de un campo cultural como el argentino no es una de las menores. Muchos críticos literarios son, a su vez, autores de libros de ficción, y amigos de escritores y editores. ¿Cómo escribir contra un amigo, o contra el libro de una editorial que mañana podría publicarme?

8. La supervivencia del crítico

Queda claro, entonces, que la relación entre los críticos y los medios culturales masivos es, por lo menos, poco frecuente. Incluso fuera de estos márgenes, la figura del crítico puro, que no se dedica a producir al mismo tiempo su propia obra de ficción (a la manera de un Walter Benjamin o un Roland Barthes) es cada vez más extraña y marginal. En la Argentina podemos citar, dentro de la crítica literaria, a Beatriz Sarlo y Josefina Ludmer. De los nombres consagrados, Sarlo parecen ser la única que todavía publica de manera sostenida su trabajo en los medios masivos.

9. Algunos críticos en actividad

Para definir un estado de situación, también hay que señalar cuáles son las excepciones que ponen a prueba la norma. Dentro del terreno de la literatura, hay algunos críticos (muchos son al mismo tiempo narradores, editores y poetas) que publican sus trabajos en suplementos y revistas culturales de tirada amplia: Matías Serra Bradford, Luis Chitarroni, Pablo Gianera, Daniel Link, Damián Selci, Flavio Lo Presti, Soledad Quereilhac, Quintín, Elvio Gandolfo, Juan Terranova, Damián Tabarovsky, Alejandro Rubio, Carlos Schilling (no deben ser todos, pero parecen demasiado pocos para un país con tantos lectores y escritores, y con una tradición literaria como la Argentina). No hay que olvidar que un crítico no es tal sin un pensamiento propio, un estilo determinado, sin alguien que lo considere como tal, pero también (y sobre todo) sin un lugar de enunciación desde el cual pronunciarse. Un crítico que no muestra su trabajo (es decir, un crítico sin lectores) no puede ser considerado, de manera completa, un crítico.

10. ¿Hace falta la crítica?

Los medios culturales masivos pueden sobrevivir sin la crítica. Los editores y las editoriales pueden sobrevivir sin la crítica. Hasta los lectores parecen poder seguir comprando libros sin la orientación obligada de la crítica. ¿A alguien le importa la crítica? No lo sabemos, y por eso mismo (porque lo que la industria cultural suele callar es generalmente lo más atractivo, lo más revulsivo, lo más necesario) se trata de algo que vale la pena rescatar y volver a poner en valor. El cómo: eso ya es otro tema.

(Posdata necesaria: muchas de estas ideas surgieron de la amable invitación de Mercedes Pérez Bergafflia para participar, hace un mes y medio, de un Simposio sobre Crítica en la Fundación Telefónica. Apenas algunos días después, en diversos medios de los Estados Unidos y Europa, un artículo sobre la benevolencia de la crítica en los nuevos medios y redes sociales desató una polémica general que dura hasta hoy. Una discusión necesaria que puede seguirse por acá , o acá , acá , acá y también acá )..

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