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Pesadillas de la modernidad

Iban a ser una solución para erradicar las villas, pero terminaron con enormes problemas edilicios y sociales. Luego de que el Gobierno anunciase un plan de viviendas, recorrimos los complejos habitacionales porteños para entender qué es lo que no hay que hacer.

Lunes 10 de septiembre de 2012 • 13:08
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Por Javier González CozzolinoFotos de Javier Heinzmann

Foto: Brando
"Es como estar en la Unión Soviética en los 70",

dice

Iván Kerr, gerente general del Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires ( IVC ).

Fuera del Fiesta se recortan las torres de Lugano I y II.

El punto de encuentro con nuestra primera "seguridad" es el Club Savio 80, en Lugano. En un 504 blanco nos esperan dos hombres cincuentones –uno nacido en este barrio, el otro en Soldati– que conocen, que saben por dónde moverse. Los del 504 nos guiarán por esta miniciudad, como también por Soldati y Piedrabuena. Pero en Soldati, además, estarán otro par de muchachos que nos franquearán el paso por las torres de los transas y saludarán a diestra y siniestra, orgullosos por creerse más respetados que los gendarmes. "¿Sabés qué pasa? Pasa que nosotros no andamos con los usurpadores y los transas, pero la gorra, la política de Cristina y la Justicia sí. A nosotros nos temen, y si se meten con uno de nuestros hijos voy, les arranco el corazón y me lo como."

Mes y pico antes, entre Enrique García Espil y Eduardo Bekinschtein, de la Sociedad Central de Arquitectos ( SCA ), y Guillermo Tella, colega de los otros dos, especializado en urbanismo, me confirmaron lo obvio: que los 750 grandes complejos habitacionales del país, construidos entre los 70 y principios de los 80, fueron un fracaso. Entre otras variables, porque se realizaron según el modelo también fracasado de la Europa Central de posguerra, bajo el supuesto de que hacer conjuntos a gran escala bajaría los costos e insertaría a los excluidos sociales en la modernidad, esto es, en grandes torres con ascensores, servicios comunes y cemento por todas partes. Objetivos que degeneraron en: baja calidad de materiales, casi nulo control del Estado a las constructoras intervinientes, incapacidad económica de los adjudicatarios de las viviendas para solventar los gastos que suponía el mantenimiento de esas grandes estructuras, ruptura de las tramas urbanas, es decir, barrios sin accesos ni salidas fáciles, transformación de estos arrabales en guetos con buenas condiciones para las actividades delictivas y el caciquismo controlador de la zona.

Emilio Basavilbaso, titular del IVC, días después me agregará otro detalle no menor: que el 50% de los departamentos de estos conjuntos habitacionales (alrededor de 20 mil unidades), sólo en Capital, no tiene escritura. "La idea, este año, es entregar 3.000 títulos, sin gastos para los beneficiarios que ocupan las viviendas. Ya en 2011 entregamos 600. Pero la situación es compleja. Muchas veces no está el dueño a quien se le entregó la propiedad en los 70, y te encontrás con alguien que compró el departamento, con un papelito, a otro que hizo lo mismo."

El problema de los títulos se empalma con la visión de gobiernos democráticos y dictatoriales argentinos de los 60, 70 y parte de los 80; antes que urbanizar las villas, había que erradicarlas. Ese fin originó la Ley 16.601, de 1964, que creó el PEVE (Plan de Erradicación de Villas de Emergencia), el cual tomó impulso con los gobiernos de Onganía, Levingston y Lanusse, y que tuvo su continuismo con Cámpora, Lastiri, Perón, Isabelita, Videla y compañía. En virtud del PEVE, en la Ciudad de Buenos Aires se hicieron Villa Riachuelo y el conjunto habitacional de Villa Soldati, por ejemplo. Luego este Plan fue reemplazado por el Alborada, en 1974, y por el FONAVI (Fondo Nacional de la Vivienda), en 1977, pero el concepto siguió siendo el mismo: arrasar con las villas, edificar complejos monumentales en orillas olvidadas de la ciudad, dejar que los contratistas del Estado hicieran lo que quisiesen, meter gente a vivir por derecha y por izquierda. Y la Ciudad de Buenos Aires recibió uno de los clavos más pesados cuando en 1971 la Comisión Municipal de la Vivienda (hoy IVC) debió aceptar la transferencia de 18 barrios construidos o iniciados de forma directa por el Estado Nacional desde los 50. La CMV, claro, jamás tuvo los suficientes técnicos para controlar papeles y obras. O bien hizo la vista gorda. Desde hace tiempo mutado en IVC, hoy sigue bailando con esas chicas feas. "Este año, tenemos destinados 70 millones para arreglos de infraestructura en los grandes complejos", dirá Basavilbaso refiriéndose a uno de los objetivos planteados por el Instituto: garantizar la seguridad estructural y los servicios. El otro, claro, es la regularización dominial.

Lugano I y II (o barrio General Savio), Comandante Luis Piedrabuena, Justo Suárez (en homenaje al Torito de Mataderos), Mariano Castex (o complejo San Pedrito), conjunto urbano Constitución, conjunto habitacional Villa Soldati... Ésos son los nombres de los viejos dinosaurios construidos en la ciudad en los 70, ciudades dentro de la ciudad que, sí, tienen algo de soviético o de la Alemania Oriental de las películas, más ese no sé qué sudamericano de pobreza, basura, transas, porongas, trabajadores y víctimas de las mafias narcotizantes que allí operan.

Foto: Brando

Conjunto habitacional Soldati

"Acá los ascensores son compartidos por distintos edificios. Y no paran en todos los pisos, sino donde están los puentes que conectan los bloques. De ahí, la gente tiene que subir o bajar por las escaleras. Y ponele, viene el IVC, te arregla este ascensor, y a la semana te lo rompieron los vagos que después te esperan en la escalera para cobrarte peaje. Entonces, o te enfrentás o les das lo que tenés." Así se vive, según un vecino, en el conjunto habitacional Soldati. "Acá sos vos o es el otro", añade.El complejo comenzó a habitarse en 1978 y el Estudio Staff fue el que lo planificó, el mismo que proyectó el barrio Ejército de Los Andes, más conocido como Fuerte Apache. En total, hay unas 1.400 viviendas distribuidas en tiras y 1.800 en torres. El barrio tiene escuela, dos centros comerciales y siete centros sociales. En Soldati, el IVC ha apuntado su objetivo de regularización dominial de manera enfática. Un tráiler se ubica en "horario antipaco", esto es, entre las 9 y las 14, que es cuando transas y consumidores duermen. "Antes estábamos más tiempo y dejábamos el tráiler toda la noche. Pero nos llenaron de piedrazos y se complicó", cuenta un funcionario del IVC. "Es que por las noches –vuelve a la carga el vecino– esto se llena de zombis, de fantasmas." Esos seres aparentemente paranormales son, en realidad, los consumidores de paco.

Foto: Brando

Barrio General Savio o Lugano I y II

"Acá en Lugano la droga cambió todo. Por eso, es importante que los pibes hagan deporte", dice Javier De Marco, oriundo de Villa Cartón, profesor de Educación Física, a cargo del Club Savio 80. Asegura que "hacerse" de la institución no fue fácil. "Esto era un quilombo. Al club lo usaban para consumir y vender falopa. Tuvimos que entrar a las trompadas y echarlos a patadas en el culo. Vos pensá: acá hay pibes que no salieron de Lugano, que no conocen el cine, el teatro, el Obelisco, que sólo tienen la droga. Que esos mismos pibes puedan venir acá y hacer deportes o danza es una manera de sacarlos del vicio." Actualmente, el IVC ha renovado por dos años la cesión del predio que ocupa el Club Savio 80, que cuenta con 2.000 socios que pagan una cuota de cinco pesos, y colabora con la cooperativa barrial, ocupando mano de obra en tareas de limpieza, mantenimiento y pintura. "Éstas son formas de dar contención e inclusión social", señala Iván Kerr, del Instituto. Desarrollado por etapas (1971, 1973 y 1985), Lugano I y II tiene cerca de 130 torres, 118 de 14 pisos, con cuatro departamentos por piso. Pero, además, hay comercios, un Coto, centros sociales, deportivo y de salud, escuelas, entidades financieras, destacamento policial e iglesia. En 1973, la CMV promocionaba el barrio confiada en el progreso: "Piense con optimismo en el año 2000, en ese otro Buenos Aires que vendrá; participe en él desde ahora con su departamento en Lugano I y II". Los destinatarios del mensaje eran grupos familiares relocalizados por la construcción de obra pública y erradicados de las villas.

Foto: Brando

Barrio Comandante Luis Piedrabuena

"Hay suicidios de vez en cuando, pero hay", hace un tiempo me contó el cura de Piedrabuena, Carlos. Se puso a contar mentalmente aquellos de los que se había enterado durante 2010. Sumaba seis o siete. "Uno estaba alcoholizado o drogado y se había sentado en una escalera, con una soga atada a su cuello y a un barrote. Otro tenía problemas con la mujer, también se ahorcó." Una vecina del barrio agrega que este año una chica se tiró de una de las torres, frente a la iglesia; su cuerpo se clavó en las puntas de las rejas que preceden a uno de los bloques. Hay tristeza en Piedrabuena. Alcohol, drogas y tristeza, elementos de los que la mayoría, no obstante, zafa, con trabajo, changas, estudio, misa, reguetón. El barrio comenzó a construirse en 1976, como parte del Plan Alborada. Fue transferido en 1977 a la CMV por parte del Banco Hipotecario, cuando las obras estaban recién comenzadas. El estudio de arquitectura encargado de los planos fue el mismo que diseñó, entre otras obras, ATC y el edificio Prourban o "Rulero". Cuenta con más de 2.100 viviendas, 58 bloques de diez pisos, 40 de uno o dos pisos, dos centros comerciales, 48 locales, un supermercado, dos escuelas primarias, una secundaria, una iglesia y una unidad asistencial. Hasta aquí, originalmente, también fueron a parar erradicados de villas de emergencia. El complejo presenta rajaduras, que son impermeabilizadas por el IVC, y problemas estructurales, que están en proyecto de ser solucionados. Entre ellos destaca el peligro de que los tanques de agua se vengan abajo. En tanto que se encuentra en la etapa tres –de las cuatro previstas– el reemplazo de cañerías de gas en todo el complejo.


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