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Punto de vista

El récord de los Kirchner que dejó atrás a Perón

Enfoques

Por   | Para LA NACION

Perón gobernó entre 1946 y 1955 tantos días como los Kirchner hasta el miércoles pasado. Siempre entusiasmada con anotar récords, a Cristina Kirchner tal vez le pasó inadvertido el haber superado el jueves la extensión del mítico decenio peronista (en realidad 9 años, 3 meses y 12 días). Epoca intensa y transformadora que su gobierno homenajea de manera pertinaz, entre otras cosas, con la readaptación en clave K de la gran antinomia peronismo-antiperonismo.

Comencemos por advertir que es la propia Presidenta quien considera a sus dos mandatos y al de su marido como un todo; un mismo gobierno -pirueta de sucesión matrimonial aparte- iniciado en 2003. Pues bien, ese gobierno ya es el segundo más duradero de la historia (Roca gobernó 12 años, pero no fueron consecutivos) y va camino de ser el primero. Tendrá el título en 2013, cuando supere los diez años y medio de Menem.

Es improbable que la Presidenta quiera incluir el tema del segundo puesto de durabilidad en su menú de comentarios de actualidad por cadena nacional. Permanecer en el poder no es una meta que merezca jactancia a secas -aunque fuera una meta-, pero luce todavía menos republicana ahora, cuando a la búsqueda de un cuarto mandato consecutivo se la quiere barnizar de virtud. Para eso están las frases de envoltorio épico y sonoridad revolucionaria: "Todavía es mucho lo que falta hacer", se dice, como si hubiera un día imaginario en el que se termina de gobernar. ¿Y después? Nunca hay después. La alternancia, costumbre en las democracias avanzadas, es palabra maldita en la patria del dulce de leche.

Los tres casos históricos de alta durabilidad -Perón, Menem, los Kirchner- se asentaron en la misma idea, la de que llovieron personas providenciales ante las cuales debían arrodillarse las normas, meros artilugios para mortales comunes. Perón impuso en 1949 una reforma constitucional partidista contra la opinión manifiesta de casi medio país. Menem, tras prescribir como saludable un tope de ocho años para permanecer en el poder, canjeó por un semiparlamentarismo de cartón aquel segundo mandato irregular que lo llevaría a apoltronarse en el sillón presidencial durante diez años y medio. Y los Kirchner consiguieron tres mandatos mediante sucesión conyugal en vida, invento argentino supranormativo que perfeccionó la sucesión conyugal por viudez que nos legara el último Perón.

La excepción manda. Algo quiere decir la proverbial dificultad argentina de que los gobiernos duren lo que dicen las normas vigentes al momento de su contratación. La última serie regular de mandatos presidenciales ordenados, sin golpes ni alargues ni adaptaciones, fue entre 1862 y 1886, cuando se sucedieron Mitre, Sarmiento, Avellaneda y Roca.

Tras casi dos siglos de presidencialismo de parches, la era K cursa los doce años seguidos (como en los 90, bajo una Constitución que restringe la permanencia de los gobiernos a ocho) y, sobre la base de que la sociedad no está representada en partidos políticos diversos sino que se divide fácticamente en patria y antipatria, se postula mesiánica. Para cumplir su misión clama por 16 o más. Superamos marcas de tiempo, albricias. ¡Sobredosis de estabilidad para combatir la inestabilidad! Apenas nos falta descubrir que la historia es continuada..

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