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Opinión / Al margen de la semana

Turismo más caro para todos

Economía

Como en los viejos malos tiempos, cada argentino que viaje al exterior deberá tener a mano una calculadora para hacer varias divisiones a la hora de determinar cuánto representa en pesos cualquier gasto en moneda extranjera. Aunque el Gobierno lo niegue, hace más de diez meses que en la Argentina rige, de hecho, un sistema de tipos de cambio múltiples, al que ahora se agregan varias cotizaciones virtuales para el "dólar turista".

Todas, obviamente, tienden a complicar los viajes y a encarecer los poblados "tours de compras" al exterior, verdadero objetivo de la proliferación de controles y restricciones oficiales. Pero la ofensiva para frenar al turismo emisivo también encierra otros efectos no buscados. Entre ellos, un desaliento del turismo receptivo (o sea, de los extranjeros que viajan a la Argentina) y también la perspectiva de mayores precios para los argentinos que decidan veranear en los centros turísticos de su propio país.

Por lo pronto, quienes pueden viajar al exterior todavía tienen el incentivo de pagar los pasajes aéreos en pesos al tipo de cambio oficial, e incluso en cuotas con tarjeta de crédito. Así surge un "dólar aéreo" de 4,66 pesos, pero sólo para llegar a destino. Porque, como desde este mes los gastos en moneda extranjera que se abonen con tarjeta -y se liquiden a partir del 1º de octubre- sufren un recargo de 15% a cuenta de futuros anticipos impositivos, habría que calcularlos a un "dólar tarjeta" de 5,36 pesos; al menos hasta que pueda ser deducido de los pagos a la AFIP.

Aún así, este tipo de cambio implícito resulta más bajo que comprar clandestinamente dólares en el mercado blue (a $ 6,36). En todo caso, habrá quienes tengan que decidir si es más riesgoso operar con "cuevas" o exponerse a los controles con que amenaza la AFIP. Pero quien pague consumos en efectivo en el exterior, ya sea porque tiene dólares atesorados o le resulte exiguo el cupo virtual de hasta 70 dólares por día de viaje al cambio oficial (si tiene la suerte de que no se "caiga el sistema" en el momento de comprarlos), debe asumir la brecha de 36% con el dólar oficial, dado que es el sobreprecio para reponerlos desde que el BCRA cerró la venta de divisas para atesoramiento. También tiene la opción de hacer compras (ropas u objetos de uso personal) hasta un tope de 300 dólares para países no limítrofes, superado el cual debe abonar un arancel de 50% por el excedente. Así, por ejemplo, para una compra por 1000 dólares, habrá un "dólar shopping con tarjeta" de $ 7,23 si se paga con plástico . Esta paridad virtual surge de calcular el tipo de cambio implícito para el total (300 dólares a $5,36 y 700 a $8,04) con el recargo impositivo que no todos están en condiciones de recuperar. En este caso las variantes son infinitas, ya que la paridad sube cuanto mayor sea el excedente y viceversa. De ahí que sea inevitable la comparación con los altos precios existentes en la Argentina para electrónicos o indumentaria.

Para los turistas extranjeros, a su vez, la Argentina puede resultar cara o barata según el tipo de cambio que utilicen. Como por lo general utilizan tarjeta de crédito, sus consumos se liquidan al tipo de cambio oficial; pero se abaratarían mucho si se arriesgaran a cambiar dólares en el mercado paralelo. Así, por ejemplo, un bife de chorizo de $80, equivaldrá a 17 dólares en el primer caso y a 12 en el segundo. O un traje de $2000, a 430 y 314 dólares, respectivamente. No parece, sin embargo, que muchos se arriesguen a negociar con "arbolitos" para sacar ventaja o bien cubrirse de la inflación argentina. El ministro de Turismo y Cultura porteño, Hernán Lombardi, acaba de precisar (en un artículo publicado en el diario Clarín), que la tasa de crecimiento del turismo receptivo se redujo de 27% interanual en 2010 a 1,7% en 2011, para caer -0,1% en el primer semestre de 2012 y -7,23% en julio. Pero Lombardi contrasta esta caída con el aumento de los viajes de argentinos al exterior, que subió 15% interanual en 2010; 13,5% en 2011; 18,5% en el primer semestre de 2012 y trepó a 25,8% en julio último. Curiosamente, los datos oficiales que le preocupan al ministro porteño (por los menores ingresos de divisas del turismo receptivo y mayores gastos de argentinos en el exterior) son los mismos que la presidenta Cristina Kirchner dice que le "encantan".

Dilemas en la playa

Los argentinos que tengan intenciones de veranear en la Argentina tampoco podrán prescindir de la calculadora, además de una billetera abultada. En la costa atlántica, por ejemplo, muchos comerciantes y propietarios de inmuebles para alquilar descuentan que el cepo cambiario provocará un flujo turístico superior incluso al boom del verano pasado. Pero no pueden dejar de lado la inflación interna al estimar sus precios y ciertamente nadie se basa en los inverosímiles indicadores del Indec.

Quienes investigaron preventivamente cómo se perfila este mercado, se toparon con valores superiores entre 30 y 40% a los de la temporada 2011 /2012; si bien las escasas reservas para alquilar realizadas hasta ahora pudieron concretarse con incrementos de 23/25% (similares a las estimaciones privadas de inflación anual), previo pago adelantado de la mitad. Como ocurre con el turismo externo, esos valores calculados en dólares pueden ser muy caros o más baratos según el tipo de cambio que se aplique; o si se trata de operaciones formales o informales a los efectos impositivos. En no pocos casos, ni siquiera valdría la pena sacar la cuenta con el "dólar tarjeta".

Sin embargo, muchos hoteleros y comerciantes no deberán descuidarse a la hora de fijar precios, más allá de la protección que les otorga la brecha cambiaria. En las playas uruguayas, por caso, la captación de turistas argentinos se está convirtiendo en una cuestión de Estado e incluso comerciantes de Punta del Este preparan promociones para distribuir aquí cupones de descuento en hoteles y restaurantes para limar diferencias cambiarias.

En definitiva, ésa es la base del problema. En la retracción del turismo receptivo influye además que varios países latinoamericanos (con Brasil y México a la cabeza) devaluaron sus monedas frente al dólar, lo cual significa un encarecimiento para viajar a otros destinos . La Argentina, en cambio, optó por devaluar mucho menos que la inflación, pero clausurar la venta de dólares. De ahí que también resulte inverosímil el argumento presidencial de que el tipo de cambio oficial no está atrasado, sin relacionarlo con la inflación (obvio, no la del Indec). Si fuera cierto, habría más gente dispuesta a vender que a comprar dólares a $ 4.66 y muy pocos que aceptaran pagarlos a $ 6,36 o más. Con lo cual no se justificarían el cepo cambiario, ni los arbitrarios cupos para viajeros, ni que la AFIP se dedique perseguir "arbolitos". Ni que se haya creado un clima de incertidumbre similar al de las épocas en que el BCRA se quedaba sin reservas, cuando existe un stock de 45.200 millones de dólares, que el Gobierno decidió "blindar" aunque sin evitar el drenaje. En todo caso, esto corrobora que cuando se cierra la puerta de salida de capitales, no puede esperarse que se abra la de entrada..

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