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El sincericidio presidencial y los corderos cristinistas

Domingo 09 de septiembre de 2012
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Pocos días después de reflejar cierta nostalgia por los faraones del antiguo Egipto, la presidenta de la Nación volvió a sorprendernos con una frase de antología: "Sólo hay que tenerle temor a Dios, y a mí, en todo caso, también un poquito" . Apenas le faltó decir que Guillermo Moreno y Axel Kicillof son sus corderos que quitan el pecado del mundo y a quienes habrá que rogarles piedad. No hacía falta que Cristina Fernández de Kirchner cometiera el jueves pasado semejante sincericidio. En los últimos tiempos, ha dado suficientes muestras de su patética política del miedo .

El pensador florentino Nicolás Maquiavelo sostenía en el siglo XV que, en ocasiones, la crueldad del gobernante puede salvar al reino, en tanto la clemencia puede despertar sediciones y hasta el desprecio hacia el poder. Por eso llegó a la conclusión en su obra El Príncipe de que más vale ser temido que amado. Pero hoy las autorreferencias presidenciales y las amenazas veladas a empresarios y a periodistas parecen dar cuenta de una persona que se habla a sí misma para reafirmar su poder, lo cual en el fondo deja traslucir su inseguridad. Como si cierta pérdida de autoridad pudiera ser compensada con demostraciones de poder. Y como si tan sólo se pudiera seguir construyendo mediante amenazas.

El temor de Dios puede ser interpretado como un sentimiento de profunda reverencia hacia el Creador. También, como un reconocimiento de que es juez supremo y todopoderoso. Refleja la conciencia de que Dios es dueño de nuestras almas, de que posee el poder de concedernos la salvación eterna o de condenarnos y de que Él está observando todo lo que hacemos y decimos. Autoelevada a la categoría de semidiosa, Cristina Kirchner está sugiriendo, con una soberbia sin límites, que no espera de los demás otra cosa más que reverencias y que confunde la ley con su propia voluntad.

Un par de meses atrás, la Presidenta demostró cómo los controles de evasión impositiva pueden funcionar a toda velocidad cuando hay que castigar a un empresario que hace públicas sus disidencias con la política del Gobierno. Ocurrió con un broker inmobiliario que cometió el pecado de confesar que el cepo cambiario había hundido el mercado de compraventa de inmuebles. Algo que vienen confirmando las estadísticas de escrituraciones del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires.

Tres días atrás, se despachó contra el líder del grupo Techint, Paolo Rocca, luego de que el empresario alertara sobre la falta de competitividad de la Argentina en el mundo. Pero lo más grave provino del viceministro de Economía, Axel Kicillof, quien insinuó que el Gobierno podría "bajar el precio de la chapa y fundir a Techint", aunque aclaró que no lo iba a hacer.

A veces no hacen falta medidas específicas. En el volátil y convulsionado mundo de las finanzas argentinas, basta con una frase para sembrar el pánico. Las acciones de Siderar, del grupo Techint, se desplomaron un 5,2% en la Bolsa de Comercio local al día siguiente de que la Presidenta cuestionara a Rocca. Del mismo modo, las de Telecom sufrieron una caída del 13% en los tres últimos días de operaciones, inmediatamente después de que Julio De Vido anunciara que el Estado se quedaría con el 22% del mercado de telefonía móvil y que analizaría los costos de las empresas del sector para determinar su rentabilidad.

Las viejas declaraciones del antecesor de Kicillof, Roberto Feletti, pronunciadas antes de las elecciones de octubre, en el sentido de que si el kirchnerismo triunfaba el populismo no tendría límites, porque poseería "las herramientas para apropiarse de la renta", cobran absoluta vigencia. Por aquel entonces, no pocos empresarios consideraban que eran apenas una visión aislada y trasnochada de un dirigente que no interpretaba el pragmatismo presidencial.

La pelea de la Casa Rosada con el gobernador santacruceño, Daniel Peralta, un antiguo súbdito del kirchnerismo ahora descarriado, será un test para medir cómo pueden evolucionar otros eventuales conflictos entre la Nación y las provincias. El gobierno nacional buscaría convertir a Peralta, cuya gestión dista de ser virtuosa, en el chivo expiatorio de todos los males que arrastra Santa Cruz desde mucho antes de que él llegara al poder ejecutivo provincial. Hasta se culparía a Peralta de la misteriosa evaporación de los famosos fondos girados al exterior en tiempos en que Néstor Kirchner gobernaba el distrito. Sin ese chivo expiatorio, Máximo Kirchner podría hallar dificultades para imponerse en las elecciones legislativas del año próximo si fuese candidato a diputado nacional.

Pero hoy el disciplinamiento del gobernador Peralta, transformado en un virrey infiel de quien reina desde Olivos, apunta a enviar una señal a Daniel Scioli, a José Manuel de la Sota y a cualquier otro mandatario provincial que esté pensando en rebelarse contra el poder central.

La rebelión de las provincias es uno de los peores fantasmas que sobrevuelan Balcarce 50. Si se miran datos del presupuesto nacional de este año, que estiman la recaudación nacional en unos 668 mil millones de pesos y el total de la coparticipación federal a las provincias en casi 164 mil millones, el porcentaje de coparticipación sería inferior al 25%, cuando el piso establecido por ley es del 34%.

La asfixia financiera de las provincias deriva en parte del creciente debilitamiento de las cuentas fiscales del Estado nacional. Pero también del deseo del oficialismo de someter políticamente a los gobernadores. Habrá promesas de alivio financiero para ellos si se alinean con la Presidenta y admiten que ella digite las listas de candidatos a cargos electivos nacionales en 2013. Un factor que resultará clave para las expectativas de reforma constitucional y reelección indefinida.

La política del miedo no puede excluir a los medios periodísticos. La agencia OPI Santa Cruz es una isla de periodismo independiente del poder político en la provincia austral. Tal vez por eso, desde el gobierno nacional se descalifica a su director por haber trabajado en el pasado en la SIDE. Como si hoy el actual gobierno no se valiera de este y de otros organismos oficiales para espiar o perseguir a dirigentes opositores, empresarios y hombres de prensa.

Mientras la Presidenta anuncia "el fin de la cadena del miedo y del desánimo" para el 7 de diciembre, en referencia a su deseo de que ese día se inicie el operativo desguace del Grupo Clarín, ella misma incumple con la propia ley de servicios de comunicación audiovisual, a la que considera paradójicamente una de las mayores obras de su gobierno. El artículo 75 de esa norma establece que el Poder Ejecutivo Nacional sólo podrá disponer la integración de la cadena nacional de radiodifusión "en situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional", algo que choca con el abuso que viene haciendo de ese recurso.

En la noche del lunes pasado, por primera vez sonaron miles de cacerolas en el medio de un discurso presidencial, luego de que éste interrumpiera la programación habitual de la televisión en el horario prime time . Y por primera vez también, la audiencia sumada de los canales de cable superó a la de los canales de televisión abierta. Un hecho que sólo se explica porque ésta sufrió una caída de 20 puntos de rating cuando se inició el mensaje de Cristina Kirchner, dado que muchos prefirieron ver películas o programas deportivos en canales no alcanzados por la cadena antes que escucharla. Para desilusión de la Presidenta, no todos están dispuestos a reverenciarla.

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