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La pérdida de un hijo, el duelo que no se termina de superar

La contención familiar, la escucha y el espacio para llorarlo son fundamentales, según los especialistas, para sobrellevar la terrible pérdida; las reacciones de los padres pueden variar

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LA NACION
Domingo 16 de septiembre de 2012

No hay pérdida más antinatural que la de un hijo. El dolor que produce es distinto a cualquier otro, según afirman quienes acompañan a esos padres. El arrebato súbito que les produce una enfermedad inesperada , un hecho de inseguridad o un accidente los empuja a un duelo para el que nadie está preparado. Las reacciones son tan infinitas como individuales. No existe un patrón ni una receta universal para salir adelante. Pero el acompañamiento de la familia, la escucha y el espacio necesario para llorar la pérdida física son fundamentales para los padres. La asistencia profesional, cuando se necesita, ayuda con los sentimientos de culpa, odio, angustia o temor al olvido...

Una pareja que acababa de perder a su bebe decidió tatuarse una imagen del pequeño que les permitiera de por vida tener presente a ese hijo aun en caso de un nuevo embarazo. "Lo hicieron como una manera de que les quedara marcado en el cuerpo; tenían miedo de olvidarlo -comentó la licenciada Marisa Russomando, especialista en maternidad y crianza-. Los padres saldan algo de ese duelo con culpa, pero es importante que sepan que se puede articular ese dolor con la vida, que no queda detenida. La mayoría puede volver a retomarla con el dolor a cuesta."

Para el equipo de psicólogos de la Fundación Axel Blumberg, el dolor por la muerte de un hijo no se supera. Se puede sobrellevar y aprender a convivir con él. "No se puede pretender, como en el duelo normal, que se supere en dos o tres años. No hay límite de tiempo: lo que se les dice a los padres es que no se trata de dejar de amar al hijo, sino de aceptar su ausencia física y reorientar todo ese amor hacia otras personas o actividades", indicaron desde el gabinete de asistencia psicológica de la fundación.

El funeral, el domingo pasado, de Blanca Vicuña Ardohain, en Santiago de Chile
El funeral, el domingo pasado, de Blanca Vicuña Ardohain, en Santiago de Chile. Foto: Gentileza Diario La Cuarta

Así, algunos padres fundan organizaciones para promover cambios y ayudar a los demás, otros deciden tener otro hijo y otros, cuando se trata de un caso de inseguridad, depositan toda su energía para que se condene a los que mataron a sus hijos.

"Hay muchas personas que quieren saltearse el duelo, pero esto puede desencadenar el duelo patológico, un proceso que se manifiesta con síntomas físicos y emocionales, como fatiga, astenia, depresión, manía, aislamiento, entre muchos otros. Hay que acompañarlos para encauzar esa energía, redistribuirla en la vida, incluido el proyecto de un nuevo hijo", dijo Russomando, que aclaró que eso no se trata de traer otro hijo para reemplazar la pérdida "porque cada uno tiene derecho a ocupar un lugar saludable" en la familia. "Es necesario que primero procesen el duelo de ese hijo que no estará y dejar terreno para que si llega otro hijo ocupe su lugar, sin sustituir a nadie".

El equipo de asistencia psicológica de la Fundación Axel Blumberg aconseja la terapia de grupo para los padres que perdieron un hijo.

"Se sienten incomprendidos porque creen que nadie los puede entender -precisó una de las psicólogas, que prefirió hablar en nombre del equipo de trabajo-. Comparten el sufrimiento con quienes pasaron por la misma experiencia y eso los ayuda a atravesar un dolor que no desaparecerá nunca más. Por eso hay que acompañarlos y escucharlos."

Russomando, que afirmó que "nadie puede saber cómo reaccionará ante una pérdida hasta que no se encuentra frente a ella", enumeró las etapas del duelo, que varían según cómo cada adulto vaya sobrellevando su dolor. Son: el registro de la pérdida, la adaptación, la elaboración, la convivencia saludable y el vínculo con el hijo perdido a través de sus recuerdos o sus dichos. "Es muy importante atravesar estas etapas para poder continuar con una vida emocional saludable", aseguró la especialista.

Pero, ¿cuándo es el momento de consultar con un profesional?

Desde la Fundación Blumberg respondieron que es "cuando un familiar percibe un estado de depresión generalizado", pero recomendaron la contención familiar desde el primer instante. Y Russomando detalló: "Cuando aparecen manifestaciones que llaman la atención y los familiares o amigos las resumen con frases como «es como si la pérdida no le afectara», «elaboró el duelo demasiado rápido» o «ni lo/a nombra»; cuando se percibe que no pueden continuar con la vida habitual; cada vez que los padres sienten que no pueden seguir adelante solos o que necesitan orientación para acompañar a los otros hijos, o frente a nuevos síntomas físicos y/o emocionales afectivos".


Del editor: por qué es importante. Ni el idioma tiene forma de describir ese dolor. Pero la experiencia de quienes lo padecen puede ayudar a otros a entender y procesar.
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