Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Un puente que resiste

Los hacedores de algunos de los ciclos más emblemáticos comparten las claves para renovar formatos y profundizar contenidos

Lunes 17 de septiembre de 2012
SEGUIR
LA NACION
0

Lejos del vértigo del minuto a minuto, los contenidos improvisados, los escándalos y los formatos importados, los programas de la llamada "televisión cultural" se han convertido en íconos de una verdadera resistencia.

Ciclos como Colectivo imaginario, El fantasma, El refugio de la cultura y Los siete locos lograron perdurar en el tiempo y abrieron camino para nuevas propuestas. Con los años, se sumaron rostros y voces provenientes de distintos rubros, como Adrián Paenza, con Alterados por Pi y Juan Sasturain, con propuestas diversas, como Ver para leer, Continuará... y Disparos en la biblioteca. Más recientemente, se sumó el escritor Ricardo Piglia, con Escenas de la novela argentina, en la Televisión Pública.

LA NACION consultó a algunos de los hacedores de la TV cultural y educativa. Ellos, que lograron permanecer en el tiempo y adaptaron sus propuestas para potenciar las herramientas televisivas, arrojan algunas reflexiones sobre cómo pensar formatos que funcionen como verdaderos puentes.

Gigliola Zecchin, conocida como Canela, la cálida conductora de Colectivo imaginario, cumple diez años al frente del ciclo que se emite por Todo Noticias (TN) y casi 50 de trabajo en televisión. Según cuenta, para la creación del formato, conjugó su experiencia radial, en un ciclo cultural llamado Generaciones, que se emitió en Radio Nacional y la del programa El periodismo que viene, también de la señal TN.

"Nuestra intención fue hacer siempre un programa inclusivo que presentara un contrapunto continuo entre los autores consagrados, canónicos y los artistas emergentes, que representaran una ruptura –explica la conductora–. El mensaje más frecuente es que el programa genera una continuidad, un hábito de contacto con la cultura. A mí me alienta mucho cuando me dicen: «Termina el programa y me da ganas de salir y hacer algo». En un mundo sin ganas, eso me parece muy bueno."

Hoy, con mucho aire y experiencia, Canela sostiene que la clave para perdurar con un programa de estas características está en aprender del error. "Sólo equivocándote te das cuenta de lo que no tenés que hacer", dice, y asegura que los contenidos ligados al mundo del arte y la cultura tienen sus particularidades: "Si vos vas a transmitir un partido de fútbol o el derrumbe de un edificio, todo el mundo sabe de lo que estás hablando. En el arte, los puntos de apoyo no existen o son lejanos. Tenemos que informar contextualizando de otra manera. Sin caer en el didactismo."

Otra de las conductoras paradigmáticas de la televisión cultural, ligada también al mundo de las letras, es Silvia Hopenhayn, quien ha formado parte de la programación de Canal (á) con formatos muy diversos, desde los inicios de esa señal, hace ya 15 años. El fantasma fue el ciclo que sirvió como puntapié para el comienzo de una serie de propuestas que abordaron, de manera creativa e innovadora, el universo literario.

"En mi caso, la transición a la televisión fue más bien juguetona porque le tenía miedo a la alienación y, como mi juego favorito era el juego de las palabras y en ese momento había como una especie de tribu cultural que se iniciaba en la imagen, pero de manera absolutamente underground, empecé haciendo El fantasma, pero en tugurios de Buenos Aires. La idea fue siempre la misma: la del encuentro entre el lector y el escritor. Después, tomó forma de estudio de televisión."

Luego de El fantasma, surgieron otros formatos, también conducidos por Hopenhayn: La crítica, un ciclo de críticos itinerantes; La lengua suelta, con debates sobre temas que proporcionaba la literatura (los animales, la violencia en el policial, la política en las novelas de los setenta, etcétera); La página en blanco, una especie de pupitre de encuentros con poetas, columnistas y críticos en el que había un proceso de escritura conjunta; Biografías fantásticas, en el que se reconstruían las biografías de los personajes más emblemáticos de la ficción literaria; 10 libros inolvidables; Policiales de colección, y el formato que actualmente conduce, Mujeres x hombres, que explora las experiencias literarias en las que "un hombre inventa una mujer por escrito".

En contraste con quienes tienden a pensar que la palabra poética y la literatura resultan lejanas al dispositivo televisivo, Hopenhayn sostiene que la palabra poética es "primordialmente una imagen" y que resulta "la más potente para hacer televisión".

"No tenés por qué ser didáctico. La transmisión no necesariamente es pedagógica, Puede ser pasional, de suspenso, indagatoria...", opina la conductora.

En cuanto a las claves para pensar y realizar este tipo de formatos, Hopenhayn asegura que es necesario trabajar con un equipo de realización afín, y sugiere: "Para mí, hay que dejar que aparezca la imagen del objeto de arte que uno está trabajando. La imagen vendría a ser el mapa del territorio. No es: «Bueno, filmo a una persona hablando sobre este libro». Es encontrar qué se puede ver con lo que se pinta, qué se puede ver con lo que se escribe, o qué se puede ver con lo que se escucha. Es encontrarle un campo visual a una obra de arte que puede no estar planteada en imágenes, pero que sí puede dispararlas".

Desde la TV pública

Otro de ejemplo de permanencia en los contenidos culturales televisivos es el de Osvaldo Quiroga, creador y conductor de El refugio de la cultura, hoy llamado Otra trama, un ciclo que lleva 16 años en el aire, 12 de ellos en la televisión pública, y que logró permanecer en gestiones muy diversas.

"En principio, todos los programas de cultura tienen una audiencia que en la televisión es poco y en la cultura es mucho. En algún punto, siempre sos un poco un intruso en la televisión. Estás haciendo algo que no es lo que se hace habitualmente", reflexiona el conductor, y cuenta que si bien la permanencia de El refugio de la cultura estuvo en riesgo, allá por 2005, logró seguir al aire con el apoyo de escritores, artistas y de su fiel público.

En cuanto a los desafíos de hacer un programa de esas características, Quiroga dice: "Cuando hacés un programa de cultura y sos parte de ese fenómeno, o le ponés el cuerpo o no lo podés hacer. Hacerlo implica tratar de orientar, de señalar dónde hay cosas que desde lo estético son valiosas. No es todo lo mismo. Tenemos que tener espectadores nuevos, artistas nuevos, y tratar de que la gente joven esté siempre presente... A la televisión cultural le hace falta mayor visibilidad. Que haya más programas que se dediquen a todo lo que refiere a la cultura y que traten de demostrar que no es aburrida. Ojalá los programas de cultura pudiéramos tener algo de la vitalidad, de la potencia que tiene un concierto de rock".

Un exponente más reciente, ligado a los contenidos educativos, es el de Adrián Paenza, conductor de Alterados por pi, el ciclo que se propone hacer de las matemáticas un universo más accesible y lúdico. Este programa, que emite el canal Encuentro, permaneció por cinco temporadas y se prepara para grabar la sexta.

En cuanto a la búsqueda del formato, su productora ejecutiva, María Marta Scarano, cuenta que las primeras dos temporadas fueron las de un programa de estudio, creado sobre la base de los libros de Adrián Paenza. Pero luego, a partir de lo que sucedía en las charlas públicas de Paenza en eventos como la Feria del Libro, se decidió incorporar la presencia del público. Así fue como, luego de una temporada de prueba en un teatro, desembocaron en el formato final, que incorporó una suerte de invasión matemática en la que el conductor y su equipo montan su set de televisión en una escuela.

"Lo que pasó con este formato de las escuelas es que generó mucha mística y tuvo mucha más repercusión para el programa –cuenta Scarano–. Para mí, la clave para hacer este tipo de programas es no olvidarse de que es televisión, o sea, poder contarlo de la manera más visualmente atractiva. En la medida en que vos uses los recursos que la televisión facilita, la gente va a querer verlo. La irrupción del canal Encuentro es eso: intentar que los contenidos tengan un interés. Por otro lado, no tener la presión del rating también te permite crear con más libertad."

Con formatos reformulados que potencian las herramientas creativas de la televisión, los programas culturales y educativos logran mantenerse en el tiempo, resistir a la inmediatez y permanecer fieles a un público que ya no tiene que resignar entretenimiento por contenido.

Los siete locos, en sus 25 años

"La cultura es un derecho que tenemos todos. Es el derecho al pensamiento, a la reflexión", opina Cristina Mucci, quien cumple ya 25 años al frente de Los siete locos, un programa pionero en el rubro cultural.

El formato, cuya idea surgió en medio del renacer democrático, fue conducido primero por la dupla que conformaron Mucci y Tomás Eloy Martínez y, luego, por Mucci y Carlos Ulanovsky. Finalmente, terminó siendo conducido por su creadora.

Pasó por Canal 13, Canal 7, luego estuvo en el cable –en Canal (á)– para regresar finalmente a la TV Pública, donde sigue hasta hoy. "Fuimos cambiando muchas cosas. Lo que nunca yo cambié ni voy a cambiar es la charla en el piso. Sentarme yo y conversar con invitados. Porque ésa es la esencia del programa. Obviamente que hay tiempos y demás, porque es televisión. Pero que se pueda cerrar una idea, eso solamente se logra con la charla", explica.

Responsabilidad

La conductora, por cuyo programa pasaron escritores de la talla de Ray Bradbury, Mario Vargas Llosa, José Saramago y Carlos Fuentes, sostiene que el panorama de la televisión actual es "lamentable" y destaca el rol social que debería asumir como medio. "Me gustaría que hubiera mucho más lugar para la cultura. La televisión se mete en las casas, entonces hay una responsabilidad. Es un medio social de una llegada extraordinaria que tiene un rol que cumplir y hoy, salvo los canales públicos, los canales comerciales no lo cumplen para nada. Me parece que falta un poco de riesgo, porque la gente lo agradece, lo espera. La televisión podría ser una herramienta educativa increíble."

Los conductores emblemáticos

Silvia Hopenhayn Estuvo al frente de El fantasma y otros ciclos como Biografías fantásticas y, actualmente, Mujeres x hombres. Forma parte de la programación de Canal (á) desde sus inicios.

Cristina Mucci Es la conductora y creadora de Los siete locos (La Televisión Pública), un ciclo dedicado a la literatura y a otras expresiones, que cumplió ya 25 años. Por él pasaron Ray Bradbury, Mario Vargas Llosa y José Saramago, entre otros.

Adrián Paenza Es el conductor que logró hacer la matemática más accesible y divertida, y prepara ya la sexta temporada del programa Alterados por pi, que emite Encuentro.

Osvaldo Quiroga El periodista es el creador y conductor de El refugio de la cultura (hoy, Otra trama), un programa dedicado a diversos lenguajes artísticos con 16 años en el aire, emitido por la Televisión Pública.

Juan Sasturain Condujo Ver para leer (en Telefé) y Disparos en la biblioteca (Televisión Pública), en los que incorporó novedosos recursos. Hoy conduce Continuará... en Encuentro.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas