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Teatro

La clásica nota previa de una obra está en la picota

Espectáculos

Por   | LA NACION

Se practica en los diarios más importantes del mundo entero, ya es habitual y parte, poco menos que imprescindible, de la presentación de un nuevo espectáculo: la nota previa en la que autores, directores, actores y demás participantes hablan maravillas de la obra y de la puesta, cuentan sus impresiones, declaran (casi siempre) que "están creciendo" y que sus carreras se dividen en un antes y un después de ese estreno. Por un lado, se cumple con la obligación de informar al lector sobre lo que va a ocurrir; por el otro, no puede evitarse que la nota se convierta en una forma de publicidad. Mark Lawson, reconocido crítico e investigador británico de teatro, informa en el Guardian de Manchester, del pasado 12 de septiembre, que en el Reino Unido está sucediendo algo que aspira a modificar ese procedimiento: dos autoras importantes, creo que todavía desconocidas para nosotros, Caryl Churchill y Debbie Tucker Green, se han negado terminantemente a ser entrevistadas antes de sus respectivos estrenos (la obra de Churchill se titula Love & Information, y la de Tucker Random, Truth and Reconciliation) en el Royal Court de Londres.

Churchill no quiere hablar de su trabajo, quiere que el trabajo hable por ella. "Aunque sé, por haberla entrevistado, que Caryl es tímida -escribe Lawson-, rasgo que comparte con sus colegas Alan Bennett y Terry Johnson, quienes también tratan de evitar reportajes previos". El autor de la nota dice simpatizar con lo que declaró Michael Frayn, el autor de Copenhague (uno de los mayores éxitos en la historia del Teatro San Martín, en la inolvidable puesta de Carlos Gandolfo, con Juan Carlos Gené, Alicia Berdaxagar y Alberto Segado): "No me he pasado dos años escribiendo una pieza, para resumirla de urgencia en un almuerzo. Si uno ha investigado y escrito un complejo drama sobre un misterioso encuentro entre los físicos nucleares Bohr y Heisenberg, y elegido una estructura que refleja las ambigüedades históricas, es deprimente ser interrogado acerca de qué pasó realmente, o qué quiso uno decir. Las mejores conversaciones previas sobre una nueva obra, tienden a diluir las sorpresas, revelar las claves, o ser intrusivamente autobiográficas".

Lawson elogia como "muy sensata la decisión del New York Times de no hacer entrevistas sino después del estreno. Pero en el Reino Unido, el afán periodístico de ser los primeros y la presión para usar las entrevistas como una táctica publicitaria (es más barato que poner avisos), significa que esas notas de anticipo seguirán proliferando". Y confiesa: "Me he sentado junto a Churchill y Tucker Green en representaciones de sus obras y -en lo que probablemente sea un pecado periodístico, pero una virtud humana- me abstuve de preguntarles o comentarles nada". Más adelante reflexiona: "La única flaqueza de no hacer declaraciones previas es que, cuando una obra es públicamente rechazada, el autor puede ser juzgado y condenado en ausencia. En 2009, cuando Siete niños judíos, una obra para Gaza, de Churchill, fue acusada de antisemita, la autora se defendió en declaraciones a la prensa, pero su ausencia en la radio y la televisión dio ventaja a sus detractores. Asimismo, si bien esas entrevistas pueden tener muchas fallas, hay un beneficio para la posteridad y los estudios académicos, en cuanto y en tanto se puede ver y oír a un dramaturgo hablando de sus intenciones y su método"..

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