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Inocencia interrumpida

Jueves 20 de septiembre de 2012
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LA NACION
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Infancia clandestina (Argentina-España-Francia/2012) / Dirección: Benjamín Ávila / Guión: Benjamín Ávila y Marcelo Müller / Elenco: Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, César Troncoso, Teo Gutiérrez Moreno, Cristina Banegas, Violeta Palukas y Paula Ransenberg / Duración: 110 minutos / Calificación: apta para mayores de 13 años con reservas. Nuestra opinión: muy buena

Hacia el tramo final de Infancia clandestina, el personaje central intenta explicarle a la chica que le gusta quién es él. Le dice que es distinto, pero también el mismo que ella conoce y–todo parece indicar– quiere. La chica, una nena de unos doce años apenas un poco más grande que su novio, no lo entiende. Ella no sabe que ése que todos conocen como Ernesto, el compañero de grado de su molesto hermano menor, en realidad se llama Juan (Teo Gutiérrez Moreno) y vive en la clandestinidad junto con sus padres (Natalia Oreiro y César Troncoso), su hermana bebe y su tío (Ernesto Alterio).

El film del director Benjamín Ávila –que también escribió el guión junto a Marcelo Müller inspirado por acontecimientos de su propia vida– transcurre durante 1979 y relata desde la perspectiva de Juan/Ernesto el transcurrir cotidiano de una familia comprometida con la militancia montera y la lucha armada. Sin poner el acento en la perspectiva política de los adultos durante la dictadura militar, aunque sin eludir tampoco hablar de sus convicciones y métodos, el film elige contar la historia desde el punto de vista de ese chico que está dejando de serlo. Se trata de un relato de iniciación tan conmovedor como complejo y peligroso es el contexto social y político en el que ocurre.

Juan (un gran trabajo del joven Gutiérrez Moreno) sabe lo que pasa a su alrededor y comprende que debe practicar su falsa historia para convencer a maestros y compañeros de escuela de que ese acento que trae desde el exilio cubano es en realidad cordobés. Juan también entiende que debe "ayudar a controlar todo, todo el tiempo", como le recuerda su padre. Esa es su realidad y, aunque vive con naturalidad que las cajas de maní con chocolate que rellenan sus padres a veces contienen balas y no golosinas, también forman parte de su vida los juegos con los amigos y el despertar al primer amor.

Doble vida

Entre el compromiso político de los adultos y la violencia de la que es testigo –tramos resueltos a través de un interesante trabajo de animación– Juan crece, se ilusiona, gana mucho y empieza a aprender lo que es perder. Una premisa que la película se ocupa de desarrollar apoyada en un guión que en su mayor parte elude los golpes bajos –aunque haya tramos de extrema crudeza en la historia– y está repleto de sensibilidad.

La doble vida, el nombre y el alias, el cumpleaños que no es tal, pero se festeja igual son retratados, encuadrados, por Ávila siguiendo una doble lógica visual. En esos momentos en los que el chico empieza a descubrir el amor y su independencia los planos se van cerrando sobre él, el mundo con toda su violencia queda afuera y sólo hay lugar para mirar a la chica deseada (Violeta Palukas), para conmoverse con la mamá en plena lucha de convicciones, miedos y angustias con la abuela (una enorme Cristina Banegas) o para escuchar los consejos del tío Beto, interpretado con tanta alegría como densidad por Ernesto Alterio. Y cuando la realidad amenaza la existencia misma de Juan y los suyos, la cámara se aleja para mostrar que el mundo puede ser un lugar enorme, terrible, inabarcable para un chico camino a ser un hombre tal vez antes de tiempo.

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