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Columnista invitado

¿El regreso del stop and go?

Economía

Luego de casi una década de un crecimiento extraordinario que nos colocó en el cuarto país emergente de mayor expansión después de China, India y Uruguay, Argentina tendrá, para la estadística, un crecimiento ligeramente superior a 0% en 2012.

En lo profundo, este estancamiento es consecuencia de una recesión -metodología NBER (h ttp://m.nber.org/cycles.html )- que comenzó a fines del año pasado y a pesar de que hoy estaría terminando, dejará (sin mentiras) al segundo semestre por debajo del mismo período del año anterior (el primero quedó 2,5% por arriba).

La recesión fue causada por la fuga de capitales de 2011 y que alcanzó un pico de 8% del PBI en octubre pasado cuando se lanzó el "corralito cambiario"; el freezer para las importaciones de las DJAI (Declaración Jurada Anticipada de Importación) desde febrero; el derrumbe de las expectativas de inversión en capital reproductivo después de la confiscación a Repsol YPF; la sequía de 2011 y 2012 y la desaceleración económica de Brasil.

A su vez, la aceleración de la fuga de capitales se produjo porque el mercado descontaba que Cristina iba a devaluar fuerte (cosa que no ocurrió) una vez que fuera reelegida para corregir el creciente atraso cambiario que genera una inflación navegando en 25% anual ("reconocido" por el Gobierno con el reciente ajuste del salario mínimo y la Asignación Universal por Hijo) y una devaluación que venía muy atrás, entre 4 y 5% anual y que ahora acelera a 12% anual).

La reacción estándar hubiera sido devaluar (el kirchnerismo ha vivido cantando loas al dólar competitivo), subir la tasa de interés para corresponderla con la inflación real y lanzar un plan antiinflacionario bajando el déficit fiscal vía la desaceleración del crecimiento del gasto público para frenar el aumento de la cantidad de dinero.

Salvo por la suba de la tasa de interés, el Gobierno redobló la apuesta sobre su modelo autárquico. "Desdobló" el mercado de cambios (mandó la fuga de capitales al mercado paralelo para dejar de perder reservas), criminalizó la compra de dólares para atesorar; ya casi no vende para viajar al exterior y cerró más la economía al comercio con las DJAI.

Hoy, en el comienzo de la primavera 2012, parecería que el sector privado digirió tanto la arenga pesificadora (dólares para los K y pesos para nosotros) como el "vivir con lo nuestro" que proponen las DJAI. Daría la sensación que, más allá de la estadística, la recesión estaría aflojando gracias a la tenue recuperación brasileña y el extraordinario valor de nuestras commodities .

Esto nos lleva a 2013

La última década demuestra que es difícil no crecer con los mejores términos del intercambio de la historia, salvo cuando las fugas de capitales superan US$ 20.000 millones anuales (más de 5% del PBI). En 2013, es posible que recuperemos los 15 millones de toneladas de soja perdidas en la campaña 2011-2012 por la sequía y tengamos más viento de cola por la aceleración de la economía de Brasil, que crecería 3,5% luego del magro 1,8% con el que cerraría 2012.

Son los argumentos procrecimiento 2013 que más se escuchan hoy en día en Argentina. Es más, hasta los agresivos defensores intelectuales del modelo también dicen lo mismo. Parece que para crecer aportarán poco las soberanías e independencias -jubilaciones, YPF, BCRA, Ciccone- que la barbarie populista ha sabido conseguir. Relato.

Lo más probable es que nuestra economía retome la senda del crecimiento el año próximo ¿Cuánto creceremos? Ése es un número que por virtud de la destrucción del Indec nadie sabrá a ciencia cierta porque la verdad ha sido perversamente democratizada: como ya no existe una medición oficial confiable, todos tendremos argumentos para defender el número que pongamos.

Y aquí hay un tema de fondo. Así como el mundo desarrollado comenzó una etapa de bajo crecimiento (matizada por leves recesiones), puede ocurrir lo mismo en la Argentina si no baja la tasa de inflación, si no se hace algo mejor que sustituir importaciones (en un mundo que está para venderle de todo) y si no se para de agrandar el tamaño del Estado a pesar de que falta gasa en los hospitales.

El populismo industrial aplicado con conmovedora devoción por el kirchnerismo, a la larga o a la corta termina, como en los 70 y los 80, en ciclos de parates ( stop ) de su economía y ligeras recuperaciones ( go ). Y si agregamos alta inflación, tenemos un combo que hoy sufren pocos países del planeta y nos manda para atrás entre 30 y 40 años. Atraso.

No debería sorprender. Hacer las mismas cosas (déficit fiscal financiado con emisión, control de cambio, proteccionismo, estatismo, discrecionalidad, ruptura de las instituciones del capitalismo competitivo, desprecio por el mercado) de una década perdida como la del 80, deja la suerte de nuestro crecimiento sujeta exclusivamente a un contexto externo favorable.

Eso es lo que realmente se nos cayó encima: una bonanza internacional pocas veces vista en nuestra historia para dar lugar al populismo más recalcitrante desde el retorno de la democracia hace casi 30 años.

© LA NACION .

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