Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Crecientes y peligrosas expresiones de odio (I)

La sociedad argentina asiste a sucesivas manifestaciones de resentimiento que lastiman, degradan e irritan

Sábado 22 de septiembre de 2012
0

El origen latino de la palabra odium, entendida como "conducta detestable", testimonia la diversidad de posibles males que este sentimiento puede generar o alimentar cuando invade a una persona o a una sociedad. Motor de toda suerte de crímenes; razón de ser de muchos abusos, acosos, desprecios, y, además, combustible de los prejuicios y alimento de la discriminación y la intolerancia, el odio tiende a volverse peligrosamente incontrolable.

Esta aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea intensamente, tiene muchas veces un componente altamente irracional y, por lo tanto, impulsivo, que se dispara fácilmente sobre los espíritus predispuestos. Las situaciones cotidianas, tan unidas últimamente a la insatisfacción ciudadana por razones que van desde las enormes complicaciones para desplazarse, pasando por el grado de exposición frente a la creciente inseguridad, por sólo nombrar algunas, son campo propicio para que la animadversión prospere y se desarrolle. Entre simples vecinos que no pueden limar sus diferencias; o entre desconocidos en un atolladero vehicular; entre un chofer y un pasajero de colectivo, como ocurrió recientemente con graves consecuencias, las reacciones que se disparan son de una virulencia ominosa y creciente. Ante el menor atisbo de conflicto, la mecha se enciende y el enfrentamiento se dispara peligrosamente.

Desde esta misma perspectiva, es desgraciadamente larga la lista de quienes, con su acción o sus palabras, han hecho públicos en los tiempos recientes sus odios y rencores personales. Tal es el caso del banquero menemista Raúl Moneta, tenaz perseguidor de sus socios de ayer, con un claro ánimo revanchista. O el del periodista uruguayo Víctor Hugo Morales, quien en una reprobable reacción frente al comentario de un libro publicado en el país vecino con revelaciones sobre su pasado, enarboló inicialmente su defensa haciendo referencia a una "merecida" enfermedad sufrida por el periodista Jorge Lanata. También son ya una repudiable costumbre los duros improperios proferidos por Hebe de Bonafini en distintas oportunidades, en clara incitación a la violencia que parece trasuntar altas dosis de un odio profundo, o la trompada de Luis D’Elía a un ruralista entrerriano, que configuran otros concluyentes ejemplos. El cantante Fito Páez disparó nuevamente su diatriba, primero contra los ciudadanos de Buenos Aires y más recientemente contra la dirigencia de Pro, con palabras que estuvieron cargadas por los resentimientos. El ex ministro de Trabajo de la Alianza Alberto Flamarique, acusado del pago de coimas en el Senado, admitió últimamente en su declaración indagatoria que siente "un odio inconmensurable", que duda poder controlar. Y en estos días, el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, se refirió a la pacífica y multitudinaria marcha del pasado 13 de septiembre como un presunto estallido de "odio, insulto y agresión", poniendo en evidencia su distorsión perceptiva, que tan sólo parece describir lo que acontece en las propias filas del kirchnerismo.

Dirigentes, empresarios, periodistas o sindicalistas, identificados indistintamente con una u otra facción, al dar rienda suelta a sus antipatías sólo contribuyen a caldear los ánimos, venteando el resentimiento y generando un humor social cada vez más nocivo. Producto de frustraciones, fracasos y resentimientos, las odiosas confrontaciones lastiman, degradan e irritan a ambas partes. Aunque, también hay que decirlo, a veces eleven el rating de populares programas como el de Marcelo Tinelli, que sacan partido de los antagonismos y de las peleas entre sus participantes, contribuyendo a brindar otro pésimo ejemplo a toda la sociedad. Las redes sociales, estrellas del momento, se han sumado también, como una suerte de herramienta de choque utilizada para repartir insultos, bajezas y diatribas contra quienes piensan u opinan distinto.

"Los devoran los de afuera", rimaba José Hernández cuando advertía sobre las nefastas consecuencias de las peleas fraternas. Como sociedad, deberíamos reconsiderar hoy la vigencia de estas sabias palabras y rescatar el inestimable valor de la unión y de la reconciliación de todos los argentinos.

Es tiempo de dejar de sembrar y alimentar odios y resentimientos desde el poder. De saber rescatar el valor de la compasión. De no seguir a los apóstoles del odio y la violencia, que procuran incansablemente dividir y enfrentarnos a los argentinos. Sin por ello dejar de defender los valores centrales en los que creemos.

Es hora, asimismo, de buscar la unión de nuestra nación, a partir de un ideal común que promueva el diálogo, el respeto y la tolerancia. Actitud que debe enriquecerse en la diversidad y que no puede asociarse a ningún discurso único, ni permitir que se silencien las disidencias. De trabajar en conjunto por el bien común, respetando a todos y a cada uno en la fertilidad y la riqueza que hay en aquello que nos hace diferentes e irrepetibles. Debemos, en síntesis, aprender a conjugar el verbo "contemporizar". Continuar subidos al tren de la confrontación sólo conducirá a nuestra castigada sociedad al fracaso.

En su reciente viaje al Líbano, el papa Benedicto XVI dijo: "Quien quiere construir la paz debe cesar de ver en el otro un mal a eliminar", agregando que "no es fácil ver en el otro una persona a respetar y a amar y, no obstante, debe ser así si se desea construir la paz y vivir en la fraternidad". Palabras sabias, ciertamente, que también se aplican al particular momento histórico que vivimos.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas