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De no creer

Una contramarcha de La Cámpora, urgente

Opinión

El maldito cacerolazo del jueves vino a alterar toda nuestra agenda. Tuvimos que pasar de una actitud proactiva -la re-re, el adoctrinamiento en las escuelas y en las cárceles y otras iniciativas- a una reactiva: cómo defendernos de esa escoria de ricachones.

Anteayer nos reunimos con chicos de La Cámpora para analizar la nueva realidad. El primer tema de debate fue cómo debíamos definir a la movilización del jueves. De cara al relato, la forma en que denominás algo es crucial. Uno propuso llamarla "la sublevación de los ricos"; otro "la cruzada aguante Miami"; otro, "las huestes de Magnetto"; otro, "la caravana del dólar". Quedamos en elevarle estas sugerencias a Cristina, para que ella decidiera.

Segundo. ¿Hay que hacer una contramarcha? ¡Qué dilema! "Sí -dijo uno-, hay que hacer una, multitudinaria. Usemos las reservas del Banco Central, porque superar la del jueves nos va a costar un huevo." Otra propuesta: "Compremos a los tipos que organizaron la de ellos, que salió bárbara; al menos que nos tiren un poco de clase media". Uno, haciéndose el gracioso, dijo que hay que convocar con la promesa de que no va a hablar la señora. Casi lo matan. Otro quería sumarlo a Ravi Shankar, para reventar la plaza y llenarnos de guita.

Pero hay cuestiones organizativas de difícil resolución. Si en la marcha del jueves no hubo un solo ómnibus, lo que demuestra que la gente fue porque tenía ganas, qué hacemos con los que vamos a usar nosotros. ¿Dónde corno escondemos 500 bondis? Otra cosa: si queremos juntar 400.000 tipos, dónde conseguimos tantos choris?

La verdad es que el cacerolazo nos desestructuró. Estos bienudos van a los actos por su cuenta, llevan a sus familias, no rompen nada, no pisan el pasto, cantan el Himno, levantan unos cartelitos pedorros que dicen "Defendamos la Constitución" o "Más seguridad", y después se vuelven a sus casas.

Alguien comentó que si queremos ganarles la calle, lo mejor es pensar en una idea convocante, tipo Malvinas. Surgieron propuestas piolas. Como van quedando pocas cosas simbólicas por nacionalizar, anunciar la nacionalización de Messi, es decir, repatriarlo; o nacionalizar el dólar; o lanzar el programa "Ciccone para todos"; o el programa "votos para todos", para que puedan votar los recién nacidos y las personas fallecidas de probada fe democrática; o impulsar la construcción de un tren bala, pero preparado para que empiece a frenar siete estaciones antes de llegar a la terminal.

Nos propusimos también responder las principales críticas que se hicieron en el cacerolazo. Como la inseguridad. De ahí surgió lo que dijo la Garré: hay que vigilar a los policías. Está buenísimo. Siempre pensamos que la policía debía cuidarnos a nosotros, pero no, era exactamente al revés. Nosotros debemos cuidarnos de los policías. Con la misma línea argumental encaramos lo de la inflación. ¡La gente tiene que controlar a los comerciantes! Todos somos responsables de los precios. Y especialmente se debe controlar a los que controlan, porque no controlan nada y entonces todo es un descontrol. Con respecto a que no se puede comprar dólares, que tanto le preocupa al gorilaje, vamos a decir que la crisis de Estados Unidos es tan grande que se están quedando sin dólares y acá llegan cada vez menos.

Sobre la re-re, decidimos levantar el pie del acelerador. Hay que aflojar con eso. Dejarlo reposar. Nuestra sugerencia es que hasta el martes nadie vuelva a hablar del tema.

Nos preguntamos también cuál debía ser la reacción ante el anuncio de la movilización de Moyano y la CTA de Micheli a la Plaza de Mayo. Uno sugirió dejar que se haga la movilización, pero infiltrarla con chicos de La Cámpora que promuevan disturbios. No fue aceptada, no por los disturbios, sino porque no iba a ser fácil encontrar chicos de La Cámpora que quieran mezclarse con obreros. Otro habló de hacer "la gran Chávez": Cristina corta la transmisión del acto por TN con una cadena para inaugurar un criadero de cerdos en Tapalqué.

En general primó la idea de que debíamos calificarla de manifestación fachista, llena de odio y destituyente. Pero son los mismos argumentos que le aplicamos al cacerolazo. Si algo debemos evitar es que se mezclen los del jueves con los de Moyano y Micheli. Hay que mantenerlos separados. Sería un espanto que se armara un frente enemigo de ricos y pobres, Barrio Norte y La Matanza, la derecha de Macri y gremios de izquierda de Micheli, el campo y los camioneros. Imaginarnos ese escenario nos dejó muy preocupados. Fue como asomarnos al abismo.

Por suerte, alguien encontró la solución. "Lo mejor -dijo- es no salir a confrontar. Además, quizá ya es hora de combatir esas cosas que irritan a la gente: la inseguridad, la inflación; es hora de flexibilizar el cepo al dólar, abrir un poco las importaciones y, especialmente, no exagerar con la cadena."

Todo muy bien, pero. ¿quién le llevaba esas propuestas a la señora? No es fácil decirle a ella que tiene que ser menos ella. Les dije: muchachos, seamos sinceros. Nadie se va a animar a pedirle que cambie. ¿Estamos dispuestos a enfrentarla? Todos respondieron al unísono: "¡No!" Entonces, cortemos por lo sano. Preservemos nuestra relación con la señora. Lo importante es que se sienta cómoda. Que siga reinando. Los problemas del reino pueden esperar..

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