Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Creció el parque de jets privados en el país y dio lugar a un nuevo negocio

Los operadores aeronáuticos ya no alquilan tantos aviones, por lo que se dedican a administrar las naves de terceros

SEGUIR
LA NACION
Domingo 30 de septiembre de 2012
0

La crisis financiera que se desató en los Estados Unidos en 2008 ayudó a multiplicar el parque de jets privados en la Argentina, que en cinco años pasó de 46 a 150 unidades y dio lugar a un cambio en el negocio de alquiler de aviones para viajes ejecutivos. El hecho de que el gobierno de Barack Obama decidiera no refinanciar las deudas ni rescatar a empresas que tuvieran aviones hizo que muchos empresarios salieran corriendo a desprenderse de sus jets, lo que elevó por las nubes la oferta y derrumbó su precio a la mitad.

Miguel Livi, CEO de Royal Class, empresa de servicios aeronáuticos, explica que el jet siempre fue un bien aspiracional aquí y que el aumento de la oferta, junto con la caída del costo, dio la oportunidad de cumplir su deseo a un pequeño grupo que conocía bien lo que significaban los vuelos privados. "Así pasaron de alquilar un avión a tener el propio", comenta.

El gusto no es para cualquiera. Se calcula que 80% de las unidades usadas que ingresaron en el país, en su mayor parte Lear 35, Lear 60 y Beachcraft, están cotizadas en un monto de entre 1 y 6 millones de dólares. Pero el desembolso no se termina ahí: entre hangar, pilotos y mantenimiento, que representan 80% de los gastos, pueden llegar a gastarse entre 15.000 y 35.000 dólares.

El Falcon 900, de Royal Class
El Falcon 900, de Royal Class.

El aumento del parque, junto con la necesidad de los dueños de jets de abaratar costos de mantenimiento, hizo cambiar de estrategia a empresas como Royal Class, que antes sólo se dedicaban al alquiler de aviones. Además, al dejar el jet en manos de un operador aerocomercial, se libra de pagar IVA al ingresar el bien en el país, impuesto que sí debería abonar si sólo fuera para uso propio.

Carlos Cobas, gerente comercial de Macair Jet, empresa con 6 turbohélices propios y 3 administrados, dice que abrieron una unidad de negocios específica para administrar aviones de terceros. "El dueño de un jet lo entrega a una compañía de transporte aerocomercial para que se ocupe de sus viajes y de la contratación a terceros", detalla.

Alejandro Costantino, director comercial de Buenos Aires Jets, describe de un modo práctico lo que lleva a los dueños a contratar su servicio: "Necesitan que les administremos su avión, porque un jet de estos valores es como una empresa. No se la puede tener parada, como si fuera un auto". Su operadora es una de las cuatro que tiene hangar en Aeroparque, lo que, según dice, es una gran ventaja.

Las empresas administradoras pueden conseguir mejores precios del combustible, cuentan con hangar propio, tienen seguros y manejan un staff de pilotos, a los que a la vez les dan adiestramiento. ¿Cómo es el arreglo con el dueño? "Le pagamos una comisión por cada chárter que arreglamos", responde Livi.

Pero el "charteo" es sólo una parte del negocio, porque también queda un margen entre lo que se cobra por proveer pilotos y lo que se les paga a éstos; una renta por el mantenimiento, que antes les significaba un costo y ahora es un beneficio, y un plus por alquilar el hangar, activo que la mayoría ya tenía para guardar su propia flota. "Esta estrategia además da más flexibilidad al sistema, porque al no ser propios los aviones podés entrar y salir más fácil del negocio", acota Cobas.

¿Quiénes son los clientes? Brokers internacionales que mueven a gente que está acostumbrada a volar su avión en su continente de origen y cuando llega aquí quieren hacer sus negocios y viajes según su estilo. Estadounidenses y rusos se cuentan entre los principales contratantes, precisan las empresas. También el Gobierno es un gran cliente, junto con figuras famosas.

El costo promedio de este servicio es de US$ 10 por kilómetro, cuando se trata de un avión grande. En jets medianos y livianos se cobra una tarifa de US$ 5 por kilómetro. Cobas aclara que lo que se estila es contratar un mínimo de 1000 kilómetros. Para tener un parámetro, un vuelo a Montevideo en un Lear 35 cuesta US$ 4000, mientras que uno en un turbohélice sale US$ 2500.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas