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Editorial II

El anillo de Oyarbide

Opinión

El juez que ahora se contradice sobre el origen de una costosa joya es ya una caricatura de lo que debe ser un magistrado

No se recuerda un juez federal que haya degradado tanto su función como Norberto Oyarbide, al extremo de reducirla a una caricatura grotesca de lo que debe ser un magistrado. Su explícita y desvergonzada dependencia del gobierno de turno, que por momentos adquiere rasgos de franco exhibicionismo, lo ha llevado a protagonizar una serie interminable de escándalos.

Con el antecedente de que en diciembre pasado se había declarado incompetente en una denuncia que involucraba a un "funcionario del gobierno" con la causa Ciccone, recientemente puede mencionarse el veloz sobreseimiento a Amado Boudou en otra en la que se investigaba al vicepresidente por las refacciones que, por un valor de casi 100.000 pesos, realizó en el baño de su flamante despacho del Senado.

Desde hace diez meses el magistrado arrastra otro escándalo en el que se hunde cada vez más cuando abre la boca. Se trata del vinculado al anillo de brillantes que, por valor de 250.000 dólares, solía lucir sin recato y que le ha valido tres denuncias que se investigan en la Comisión de Acusación y Disciplina del Consejo de la Magistratura. Por el mismo motivo, pero bajo la carátula de enriquecimiento ilícito, lo investiga su colega, el juez federal Sergio Torres.

Como no podía ser de otra manera, no hubo coherencia ni el menor apego a la verdad en las respuestas que brindó. Mientras que en un primer momento habría afirmado que compró el anillo en una joyería de Punta del Este, sosteniendo sus dichos por un largo tiempo, luego, ante el Consejo de la Magistratura y el juez Torres, se contradijo argumentando que lo alquiló por 7500 dólares en aquella joyería.

Su respuesta no resiste el menor análisis en cuanto se consulta a los joyeros y a quienes están familiarizados con sus seguros. En esa actividad, el alquiler de joyas por plazos extendidos no es considerado práctica normal pues la póliza estándar del joyero no cubriría esa pieza y, por lo tanto, correría un alto riesgo el comerciante que la cediera en alquiler. Los seguros especiales cuando se trata de préstamos para lucir joyas en desfiles de modas u otros eventos específicos son muy altos, imponen medidas de seguridad estrictas y los préstamos se plasman por escrito y contra una garantía suficiente que, en este caso, difícilmente podría respaldar el escaso patrimonio que Oyarbide reconoce tener. Estos acuerdos son comunes principalmente con actrices cuya fama sirve para publicitar al joyero y sus piezas. No sería el caso de Oyarbide. Además, si el juez alquiló el anillo en Punta del Este, ¿registró su ingreso en nuestro país como una importación pagando los tributos del caso?

A estas alturas, tanto el Consejo de la Magistratura como el juez Torres deberían haber esclarecido no sólo el valor real de la pieza sino también el nombre de la joyería que la entregó, si se trató de una compra documentada en blanco y si el patrimonio declarado de Oyarbide le permitía adquirirla.

Sin embargo, es sabido que los integrantes oficialistas del Consejo de la Magistratura han procedido más de una vez a salvar al indefendible magistrado por los favores que ha prestado al Gobierno en casos sensibles como, por ejemplo, el de la investigación por enriquecimiento ilícito a Néstor y Cristina Kirchner.

En otra causa que ha preocupado al Gobierno, la de la presunta malversación de fondos estatales para construir viviendas sociales por medio de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Oyarbide se ha manejado tan reprobablemente con las pruebas que el desenlace del sumario es incierto. Así lo sostuvieron los integrantes de la Sala I de la Cámara del Crimen, Eduardo Freiler, Eduardo Farah y Jorge Ballestero. Freiler afirmó que el trabajo de Oyarbide "se destaca por la ausencia de racionalidad en la búsqueda de información", "amenaza con ser sólo escenográfico" y "conspira contra el éxito de la pesquisa" porque "el propio magistrado se ha encargado de construir un pajar" con información desordenada donde es muy difícil localizar las pruebas de los presuntos delitos.

Podría decirse que Oyarbide actualmente encabeza la lista de magistrados cuyo nefasto proceder ha dañado profundamente la imagen de la Justicia. Su nombre se ha vuelto sinónimo de componendas judiciales e impunidad. Sus acciones e inacciones están teñidas por las sospechas..

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