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El fuelle encantado

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PARA LA NACION
Lunes 01 de octubre de 2012
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Concierto de la orquesta sinfónica nacional / Programa: Suite Nº 2, opus 64, de Sergei Prokofiev, para el ballet Romeo y Julieta / Obras de Dino Saluzzi (estreno argentino): "El vals de los días", para bandoneón, clarinete, cello y orquesta, y "Encuentro", para bandoneón, cello y orquesta / Solistas: Dino Saluzzi, bandoneón; Félix Saluzzi, clarinete, y José Araujo, violoncello. director de orquesta: Darío Domínguez Xodo / Auditorio: Belgrano. Nuestra opinión: excelente

Llegó desde las alturas de la Puna, donde había recogido un cúmulo de cantos de ancestro milenario. En la gran urbe lo acapararon después las palpitaciones de la música ciudadana. Hasta que se echó a volar mundos en celebradas reuniones de jazz. En todas partes, el fuelle debió de ser, por fortuna, su fiel compañía, su caja de resonancia de las emociones más insondables y la extensión de su horizonte de intérprete y creador.

Con el mismo bandoneón, y con idéntico bagaje de genuinas emociones vuelve Dino Saluzzi a escena. Esta vez no llega con su familia musical de cámara para sorprender y emocionar, como es su costumbre, instalado en el pináculo del arte sonoro.

Los protagonistas de esta noche irrepetible serán esta suerte de armonio horizontal portátil en sus dedos de prodigio, un violonchelo de notas vibrantes y cálidas, y un clarinete que habrá de iluminar sonoridades con nuevos destellos, ya en la trama de insólito y exquisito trío, ya en medio del fasto y la enjundia orquestal.

Hubiera bastado el recibimiento apoteósico brindado a Dino Saluzzi por un auditorio colmado de gente mayor, y bastantes jóvenes, para fijarlo como encuentro memorable.

Pero, amén de la ovación inesperada, por tratarse de un músico sólo admirado y reverenciado por los mejores, inter pares, Dino llega esta vez para mostrar y demostrar su impronta de compositor alejado de toda moda, de toda concesión a la industria del disco y el espectáculo, y de toda clasificación estética y de géneros musicales.

La primera audición de dos de los temas que integraron su disco "El encuentro", con la chelista Anja Lechner, junto a The Metropole Orchestra, dirigida por Jules Buckley, y editado en 2010 por NPS Radio, en colaboración con el sello alemán ECM, es el eje de este concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, que conduce con batuta segura y flexible el joven director Darío Domínguez Xodo. Son ellos "El vals de los días", para bandoneón, clarinete, chelo y orquesta, y "Encuentro", con los mismos, sin clarinete.

Todo esto ocurre tras una frondosa versión de Romeo y Julieta, segunda suite de Sergei Prokofiev para ballet, brillante, potente y libertaria, en la que proliferan cientos de contrastes y un sinfín de matices que pide, a una buena orquesta, su partitura.

Que en estas obras de Saluzzi el bandoneón -con sus generosos recursos técnicos- eluda el consabido rol protagónico para integrarse a la estructura orquestal ratifica su condición de artista asombroso, que concibe a la estética como parte indisoluble de la ética, para transmitir emociones, hechas sonido, a los seres humanos.

Tanto "El vals de los días" como "Encuentro" son inclasificables como género musical instrumental. Escapan de las formas de poema sinfónico, concierto, fantasía, serenata. Están concebidas como un desfile de impresiones, imágenes, evocaciones, indagaciones y atmósferas heterogéneas, enigmáticas, circulares, complejas, inasibles, de la música de nuestro tiempo. De pronto se alzan en un vuelo de lirismo y ternura, o se precipitan en crispaciones. Cunde en ellas el clima nocturnal, esotérico y de sugerentes claroscuros. A veces roza lo elegíaco o recurre a un esporádico ritmo incisivo, sin alusiones implícitas o explícitas al tango y al folklore que rodearon su hábitat cotidiano.

Y serán los furtivos tríos de bandoneón-chelo-clarinete el mayor encantamiento de la noche. Como esa maravilla de los tres en Lech, con el que se despidieron con ovaciones.

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