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La figurita difícil

Cada vez más teatros abren el juego a nuevas estrategias que intentan acercar a los jóvenes a sus propuestas

Martes 02 de octubre de 2012
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LA NACION
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Es muy probable que en la ciudad que se ha vanagloriado tantas veces de tener más salas que ninguna otra, mientras se leen estas líneas algún grupo de artistas esté craneando una nueva obra o poniendo a punto un pequeño espacio, devenido en sala teatral, para un estreno.

Pero en medio de tan romántico y esperanzador escenario, cabe hacerse algunas preguntas: ¿hay realmente público para todas estas propuestas?, ¿existe una renovación generacional en el público teatral?, los jóvenes ¿tienen incorporado al teatro como una opción dentro de su catálogo de esparcimiento?

Ana Durán y Sonia Jaroslavsky, coordinadoras generales del programa Formación de Espectadores, dependiente del Ministerio de Educación de la Ciudad, trabajan para generar un nexo entre espectáculos independientes y potenciales espectadores adolescentes de escuelas municipales. A lo largo de los años, el trabajo de estas dos investigadoras arrojó algunos hallazgos interesantes.

"Nosotras encontramos que, entre los jóvenes que forman parte del programa, el 40 por ciento asiste por primera vez al teatro y, en el caso de la danza, el porcentaje asciende al 90 por ciento", comienza Durán.

Ambas coinciden en que las causas de este fenómeno son múltiples e involucran a muchos actores: la familia, la escuela, los artistas y el Estado. "La cultura delivery y la dictadura hicieron que durante años la gente perdiera la costumbre familiar de ver teatro y cine -explica Durán-. Además, por un desgaste educativo, la escuela no suplió aquello que la familia dejó de hacer."

Por su parte, Marcelo Urresti, sociólogo y especialista en consumo cultural juvenil, identifica distintas causas para la falta de público joven, de acuerdo con el circuito del que se trate: "La falta en el circuito comercial son los costos de las entradas, algo altos para un presupuesto juvenil. En otros casos, el problema surge de la distancia cultural que plantea un teatro connotado como «culto», sinónimo de pesado y exigente, que aleja a los jóvenes sin formación específica o experiencia en ese circuito".

Los "prosumidores"

La brecha que distancia a buena parte de los contenidos teatrales de las inquietudes de su potencial público invita a una reflexión por parte de los artistas, en particular, en el circuito independiente. "Uno tendría que preguntarse cuánto de la cartelera de Buenos Aires convoca argumentalmente o interpela a la sociedad. Yo diría que muy poco. Se producen objetos estéticos que son extraños en forma y contenido, con artistas que son altamente ombliguistas, donde el objetivo final de la producción es que se estrene, pero no que convoque", sigue Durán. Además, explica que esta tendencia surgió en los 90, con la salida a los festivales internacionales y con el auge los formatos pequeños de las salas que, en su opinión, profundizaron "el concepto de elite en el teatro independiente".

Alicia en Frikiland, un musical con caras nuevas
Alicia en Frikiland, un musical con caras nuevas. Foto: Antu Martín

Lo que los expertos en audiencias coinciden en destacar es que buena parte del público que asiste a las propuestas de la escena independiente caen bajo la categoría de "prosumidores", un término que implica que son consumidores y productores de contenidos dentro de ese mismo circuito. Según sintetiza Jaroslavsky, la problemática del público joven en este circuito no radica en una cuestión cuantitativa. Se trata para ella de una "crisis de reflexión sobre el otro", en la que muchos artistas obvian el proceso de preguntarse: "¿Para quién hago lo que hago?".

Acercar, el desafío

Hoy, los esfuerzos por diseñar estrategias que apuntan a ampliar el público juvenil se hacen evidentes en salas de todos los circuitos.

Además de las grandes producciones televisivas que se trasladan al teatro, en los últimos años, los musicales del off han logrado captar a una masa crítica de adolescentes y jóvenes adultos potenciando además el alcance de las redes sociales.

Desde Timbre 4, la sala que dirige Claudio Tolcachir, se impulsó una estrategia para favorecer la concurrencia del público joven: el proyecto sub-28, mediante el cual los menores de 28 años, presentando D.N.I., pueden acceder a entradas con un 50 por ciento de descuento.

Ariel Stolkiner, director de producción del Paseo La Plaza y un conocedor del circuito comercial, observa que el atractivo del teatro, para el público joven, varía según el menú de propuestas: "El teatro de texto, como género, tiene, generalmente, un público más adulto, pero hay contenidos que les pueden resultar más afines a los jóvenes por su temática o por los artistas".

En cuanto a los esfuerzos por acercar a aquel público para el que el teatro comercial resulta poco accesible, Stolkiner dice: "Es una cuestión de encontrar la sintonía en el momento adecuado. No todos los jóvenes tienen el ingreso discrecional para comprar entradas para este tipo de espectáculos. Para nosotros es un equilibrio: focalizamos en los que puedan acceder, pero también damos opciones de valor para otros que no pueden. Hacemos promociones y tratamos de estar presentes en las redes sociales que atraen a los más jóvenes".

A la hora de esbozar las claves para incentivar el acercamiento del público joven al teatro, Urresti sugiere: "Primero con formación. Luego, con clínicas amistosas desde el teatro y, finalmente, atrayendo espectadores para que vean y luego experimenten el teatro in situ para que decidan al final si les interesa o no".

Por su parte, las impulsoras del programa Formación de Espectadores destacan la importancia de que el proceso de acercamiento comience en la adolescencia, ya que ésa es la edad en la que "uno está sediento de cosas. Los resultados del programa han sido positivos -observan-.Muchos de los jóvenes cambiaron sustancialmente su forma de apreciar el teatro y comienzan a incorporarlo a su «menú de actividades»".

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