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Teatro

Juliette Binoche es Julia, en Londres

Espectáculos

Celebramos tanto a Juliette Binoche (París, 1964) como actriz de cine (El paciente inglés, Chocolat, entre otros muchos títulos que le valieron un Oscar, un César y un premio en Cannes), que olvidamos sus primeros pasos en el teatro, del que estuvo ausente durante más de diez años. Acaba de volver a él, en Londres, en una versión de Señorita Julia, de Strindberg, en francés y dirigida por su compatriota Frédéric Fisbach. En la edición del Guardian, de Manchester, del pasado 23 de septiembre, Killian Fox entrevista a Juliette y su primera pregunta es si la versión difiere mucho del original.

"Espero que sí -contesta Binoche-: cuando un texto se ha representado tanto, se espera tener de él una nueva visión. Me sorprendió ver cuán moderna es la obra, en lo que dice sobre las mujeres y las consecuencias de su emancipación. Sin embargo, el costado aristocrático de la pieza me parece un poco anticuado. Creo que las mayores diferencias sociales hoy en Francia se dan entre inmigrantes y nativos. Sería interesante que Juan, el mucamo con quien Julia, hija de un conde, tiene una relación, fuese, por ejemplo, un nordafricano que posee a una mujer blanca."

"No sólo -prosigue Juliette- tengo simpatía por Julia, mi personaje, sino también por Juan, aun considerando su conducta. No se trata de condenar a todo el mundo, se trata de entender por qué la gente se comporta de cierta manera. Julia y Juan son prisioneros de sus emociones. Por momentos, uno piensa que podrían irse juntos y vivir felices, pero sus necesidades, sus lenguajes y sus expectativas son tan distintos que no pueden coincidir. Es fascinante."

Esta versión de Señorita Julia se estrenó en el Festival de Aviñón del año pasado y marcó el regreso de Juliette al teatro, como se dijo, después de una década. ¿Sintió miedo al enfrentarse de nuevo con el público? "No, yo no diría eso. Tenía mucha expectativa, por supuesto, pero la necesidad de actuar en teatro fue más fuerte. Además, no se olvide que estuve haciendo un espectáculo de danza, en 2008, con Akram Khanen, cien representaciones en once países distintos, de modo que ¡nada de miedo!", responde Juliette. Acerca de si los grandes directores de cine que la convocaron -Godard, Kieslowski, Haneke- han influido sobre su trabajo, contesta: "Sin duda que aprendí mucho de ellos. Y sigo aprendiendo, lo más reciente con Bruno Dumont, que me dirigió en un film en el que interpreto a Camille Claudel, la escultora, amante de Rodin. Yo me había aprendido de memoria algunos textos de cartas de Camille, pero Bruno me pidió que me olvidara de todo eso e improvisara los pensamientos del personaje con mis propias palabras. Fue un gran desafío, pero me encantó: una experiencia en cierto modo liberadora y muy intensa".

¿Le gustaría dirigir? "Sí, pero se necesita mucho tiempo para escribir y armar todo. Y hoy en día, mucho tiempo no tengo. Están mis hijos, Rafael, de 19 años, y Hanna, de 12 (Juliette nunca se casó y sus hijos son de diferentes padres), y mis padres, que envejecen, y ser actor tiene sus exigencias: la promoción, la lectura de guiones y libretos, las conversaciones con los directores, ver teatro y cine. Además de la vida. ¡Hay mucho que hacer!".

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