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La compu

Una historia con espejitos de colores

Tecnología

La caja no pesaba nada. Notable. Mientras recordaba, sin añoranza, la época en la que comprar un monitor para la PC requería contratar los servicios de una grúa torre, pagué el LED de 23" que mi proveedor de hardware me había alcanzado, como es mi inquebrantable costumbre, el sábado a la mañana, y llevé la caja al estudio. La abrí con ese pequeño, pero delicioso entusiasmo que los geeks sentimos frente a un equipo nuevo. Saqué las piezas de poliestireno expandido, conocido entre nosotros como telgopor . Puse a un lado cables y manuales. Extraje cuidadosamente el display. Me deshice de su envoltorio plástico. Di vuelta la pantalla. Y entonces se me borró la sonrisa de la cara. La pantalla era antirreflectante. Mate.

Resulta que detesto los monitores mate.

Para empeorar mi humor, también soy muy meticuloso para seleccionar hardware. Esto, dicho con decencia. Los comerciantes que me han padecido como cliente, estoy seguro, usarían otro adjetivo. Pero dejemos la semántica. ¡Cómo no había tomado en cuenta el tipo de superficie de mi nuevo display!

Había invertido bastante tiempo en revisar opciones. Las raquíticas opciones del mercado local. Reduje el espectro de marcas a dos: LG y Samsung. ViewSonic y Dell, las otras dos que me gustan, prácticamente habían desaparecido de los negocios.

Luego listé las características sine qua non : LED de 23 a 24 pulgadas, 1920 x1080 pixeles, DVI, HDMI y 2 a 5 milisegundos de tiempo de respuesta. Al final, elegí un LG E2341V y me pareció que había hecho todos los deberes. Hasta que abrí la caja y la opaca pantalla me devolvió, no un cristalino reflejo especular, sino una turbia nebulosa grisácea.

En este punto, me imagino, la pregunta es por qué tanto escándalo por el tipo de superficie del monitor. Se asombrarían. La hinchada está dividida que reíte de un Boca-River. Por un lado, los que adoran los monitores mate ( anti-glare , en la jerga). Por otro, los que amamos los brillantes ( glossy ). Los debates perduran por semanas en los foros. Se irían a las manos, si no fuera que es todo por Internet.

Mi posición es igual de tiránica. Oigo y entiendo los argumentos que me dan mis amigos y colegas a favor de los monitores mate, pero veo uno de esos y me sumo en una depresión invernal.

Afortunadamente están, por otro lado, las razones objetivas. Dado lo que acabo de confesar en el párrafo anterior, no esperen una objetividad impecable. Pero haré mi mejor esfuerzo. Tanto que comenzaré por admitir que las pantallas antirreflectantes ofrecen una ventaja concreta: son menos agresivas para la vista.

Lo que no significa que me hayan empezado a gustar, aclaro.

Pros y contras del mate

Para evitar que una pantalla refleje el entorno, su superficie debe tratarse como si fuera un vidrio esmerilado. La luz que llega del ambiente se dispersa y los reflejos son suavizados hasta casi desaparecer. Cuando se trabaja en ambientes muy iluminados y con muchas ventanas, como es el caso de la mayoría de las personas, esto es una bendición. Pero en tecnología las bendiciones tienen un costo. El mecanismo antirreflejos no sólo dispersa la luz que incide sobre el display, sino también la que la pantalla emite.

El resultado es una reducción en el contraste y la saturación de color. Puestas una al lado de la otra, la pantalla brillante, donde nada interfiere entre el panel y nuestra vista, parece limpia, nueva y vibrante, mientras que la mate da la impresión de estar gastada por el uso y sus colores aparecen lavados. No importa cuánto se suban el brillo y el contraste, la antirreflectante no puede igualar a la brillante en impacto y colorido.

Pros y contras del brillante

En el rincón opuesto, y aunque sean mis favoritas, las pantallas brillantes funcionan como un espejo. No interfieren con el panel de matriz activa que crea la imagen, pero producen dos efectos que los profesionales de la imagen señalan como estigmas.

Primero, reflejan el entorno, distrayendo y molestando para trabajar; segundo, pueden conferirle a una pantalla de poca calidad un lustre inmerecido.

Me dice mi amigo Maxi Días, que se dedica al diseño gráfico, que puede pasarse 10 o 12 horas ante una pantalla mate, mientras que las brillantes lo cansan más. "Sobre todo para trabajar con detalles", observa.

Los problemas no terminan ahí, según me explicaron los editores fotográficos aquí en el diario. Las pantallas brillantes ofrecen mejores negros, pero sus blancos son más grises que los de las mate. Como resultado, me dicen, lo que se ve es menos fiel a lo que se va a imprimir.

Con todo, esto no afecta el trabajo con imprentas industriales. En esos casos, los monitores se calibran con unas máquinas rarísimas, mezcla de detector de replicantes con estetoscopio (se llaman colorímetros), lo que garantiza que el trabajo del editor se ajustará a las características de la planta impresora.

Para trabajar con texto, surfear la Web, llevar planillas de cálculo, chatear, usar Facebook y oír música, el que la pantalla sea brillante o mate es irrelevante. Para trabajar profesionalmente con imágenes, la elección es clara: mate. De hecho, los hay con una suerte de envoltura que protege todavía más la pantalla de la luz ambiente.

Uno de los editores fotográficos usa aquí dos displays, uno mate y otro brillante. Puede arrastrar fotos de un monitor al otro con el ratón. No sólo parece un truco de magia, sino que muestra sin anestesia cómo y cuánto se altera la percepción de una imagen en una y otra clase de pantalla. En la antirreflectante se las ve casi idénticas a como se imprimen luego en papel.

Pero, ¿qué me van a decir? ¿Que las brillantes le otorgan a las imágenes un lustre que en papel jamás podrían tener? ¡Obvio, por eso me gustan! Quiero ver mis imágenes, juegos, videos y diseños 3D con más riqueza de color que en el papel. ¿Es artificial? Sí, claro. Toda la computadora es artificial, de punta a punta.

Además, no imprimo fotos en casa y, por añadidura, soy de lo más caprichoso y discrecional. Así que me puse en campaña para cambiar el LG que acababa de comprar por un modelo glossy . Y adivinen qué. Me voy a tener que acostumbrar al mate, me guste o no.

No los fabricamos más

Después de varias semanas de malas noticias por parte de mi proveedor de hardware llamé a LG, que me confirmó que ninguno de los monitores de la línea que comercializan en la Argentina es brillante. Es más, al otro día, el director mundial de comunicaciones de LG Electronics, Ken Hong, amplió la explicación por mail: "La compañía dejó de fabricar productos glossy basándose en el feedback de usuarios y en focus groups realizados en estos últimos años. El input principal de estos focus group fue que los monitores glossy ponían en riesgo la salud visual de los usuarios, y antes de producir consecuencias perjudiciales en ellos LG decidió finalizar con la producción".

Samsung me respondió que tampoco tienen monitores brillantes. Me comuniqué con Compumundo y Garbarino. Idéntica respuesta. Todo es mate.

La opción era un Cinema Display, de Apple, sólo disponible en 27 pulgadas -too much- y con conexión por Thunderbolt, un nuevo tipo de puerto de datos diseñado por Intel. No llegué a tomar una decisión, sin embargo, porque cuando vi el precio perdí el conocimiento y hubieron de llamar a emergencias. Casi 21.000 pesos.

Quince minutos después, ya repuesto del soponcio, insistí con unas llamadas y hasta hablé con el gerente de ventas para monitores de Samsung, que me dijo que nunca había oído de nadie que necesitara una pantalla brillante en diez años. Bueno, siempre hay una primera vez.

Lo raro de todo esto es que la empresa más respetada del ambiente gráfico, Apple, sólo vende pantallas brillantes. ¿Por qué? "Las mate salen sólo a pedido -me confió una fuente cercana a la compañía-. El público prefiere glossy , porque llama más la atención y tiene más contraste. Apple tuvo que sucumbir a esa percepción."

Más respeto, señor

Bien, coincido entonces con el público en general, lo que no tiene nada de raro. Imaginate un iPhone o un Galaxy S3 con pantalla mate. No serían lo mismo, muy a pesar de que esos equipos sí se usan a menudo a plena luz del día y se beneficiarían de una pantalla antirreflectante. Más aún, otro defecto clásico de las pantallas brillantes es que se ensucian muy fácilmente, al revés que las mate. Ni siquiera eso ha hecho que las táctiles salgan en anti-glare , excepto en el caso de los e-readers blanco y negro.

Así que en esto se da una situación opuesta a la norma. Los profesionales suelen adoptar técnicas y herramientas que a primera vista parecen incómodas o aburridas, pero lo hacen por motivos racionales y probados durante décadas o siglos. Por regla general, los productos de consumo están diseñados para el resto de nosotros, como rezaba el eslogan de Apple. Las herramientas y los dispositivos profesionales constituyen un nicho, no la oferta dominante. Excepto, vengo a descubrir, cuando hablamos de pantallas. Incluso cuando existen marcas y modelos específicos para profesionales de la gráfica.

En fin, luego de todas estas entrevistas volví a casa y la gran pantalla mate seguía sin convencerme. Se había ganado mi respeto, lo admito. Pero, al menos en esto, me siguen gustando los espejitos de colores..

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