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Indiferencia

La rebelión silenciosa de los inversores

Opinión

Los empresarios saben cómo defenderse del mal clima de negocios: frenan la inversión. Mientras el Gobierno gasta energías en su juego político, descuida al modelo en su costado más sensible: no hay distribución del ingreso sin capitales

Por   | LA NACION

El poder suele notificar su declinación en rasgos insignificantes. Un episodio le bastó a Claudio Cirigliano, dueño de TBA, ex concesionario del Ferrocarril Sarmiento, para asimilar su despedida definitiva de todo espacio VIP. Hace tres meses, durante sus días de detención por orden del juez Claudio Bonadio como consecuencia de la tragedia de Once, él y Carlos Ferrari, presidente de TBA, fueron trasladados a declarar a Comodoro Py en un camión junto con otros prisioneros. Es difícil que Cirigliano, uno de los hombres de mejor relación con el ministro Julio De Vido hasta hace menos de un año, olvide en adelante el maltrato y las amenazas que recibió de parte de sus ocasionales compañeros en ese regreso a Tribunales. O el hostigamiento a otros dos gerentes de la compañía mientras eran trasladados en iguales condiciones a Madariaga para ser liberados: "Qué lindos zapatos, qué linda bufanda. ¿Por qué no me la dejás, ya que te dejan ir?", intimidaban los reclusos.

El empresario de transporte ya fue liberado y, hasta ahora, sólo está imputado en la causa. Pero su anécdota sirve como tropo del cambio de época desde la muerte de Néstor Kirchner. Escenario advertido hasta el hartazgo en las corporaciones y rico para la observación psicologista: la Presidenta es una viuda que se comporta ante el entorno de su marido como una divorciada. Asumirlo es vital para entender la relación entre el Gobierno y el establishment, encrespada en los últimos meses, que termina de complicarse todavía más con el enrarecimiento del clima social y que tiene sus consecuencias económicas. Los hombres de negocios suelen contestar a las hostilidades del poder con armas menos estruendosas, pero igualmente destructivas: indiferencia para invertir. Así, la rebelión silenciosa socava el modelo por su costado más vulnerable: no hay distribución del ingreso sin generación de riqueza.

Este desdén empieza a manifestarse en números. Según el último informe de Ferreres & Asociados, la inversión bruta interna mensual volvió a caer por séptimo mes consecutivo en agosto -5% frente a agosto del año pasado- y se ubicó en 22,7% del PBI en volumen, debajo del pico de 24,6% del segundo trimestre de 2011. El deterioro se ve también en la calidad de los proyectos: en 1998, la inversión reproductiva del sector privado -aquella que genera producción sin incluir rubros como vivienda- era del 53,4% del total de desembolsos. En 2011 fue del 42%.

"¿Hace cuánto que no escucha el anuncio de una buena inversión?", decía esta semana el dueño de una compañía. Lo explica también el comportamiento del último semestre: según el índice Investment Banking Services que mide la misma consultora, el monto por fusiones y adquisiciones de empresas llegó en los seis primeros meses de 2012 a 1190 millones de dólares, 80% menos que los 6005 millones del mismo lapso de 2011.

Las comparaciones entre países suelen ser injustas. Pero no es casual que los hombres de negocios argentinos estén ahora pendientes de lo que pasará mañana en Venezuela. Algunos de ellos se comunicaron con el embajador Carlos Cheppi, que les dio una mala noticia: Hugo Chávez espera una victoria de 10 puntos sobre Henrique Capriles. Tampoco es antojadizo el nerviosismo de las petroleras que deben presentar aquí las inversiones que pide Axel Kicillof. Las exigencias no están demasiado claras: el viceministro de Economía ya extendió el plazo de entrega. Era el 30 de septiembre; será el 15 de octubre.

Algo de todo esto debe de haber percibido también Miguel Galuccio, director general de YPF, durante el almuerzo pródigo en inquietudes con que lo recibieron banqueros, petroleros y representantes de fondos de inversión hace diez días en Manhattan, en una reunión en el Consejo de las Américas.

Eran unos 50 asistentes. Galuccio les dijo que él se estaba jugando mucho con el cargo: que había tomado la decisión de abandonar Londres a pesar de estar cómodo allí. "YPF está dispuesta a escuchar al mercado", los alentó. Lo apuntalaban algunos compatriotas. "Es el tiempo de invertir", dijo al público Carlos Bulgheroni, uno de los comensales. "Las puertas de la embajada están abiertas", se sumó Jorge Argüello, embajador argentino. Estaban también Eduardo Eurnekian (Corporación América), Tomás Hess (Exxon Mobil), Ali Moshiri (Chevron), Marcelo Sielecki y representantes de AES Corporation, BBV Nueva York, Fitch Rating, Goldman Sachs, JP Morgan y Pluspetrol.

Todos buscaban respuestas menos abarcadoras. Por ejemplo, la posibilidad de repatriar utilidades. Galuccio contestó que el Gobierno estaba considerando ese tema y que habría enormes ventajas para quienes se asociaran con YPF, a la que presentó como alineada con la Casa Rosada. Elogió además en público el convenio firmado con Moshiri, de Chevron, a quien le agradeció el "coraje" y la "confianza". Consultado sobre la reunión que acababa de tener con Rex Tillerson, presidente de Exxon Mobil, Hess, y la Presidenta, Galuccio le cedió la palabra a Hess, quien explicó que el encuentro había sido muy importante, pero que la compañía no lo autorizaba a dar detalles. Agregó de todos modos que, aunque Exxon estaba muy interesada en invertir, toda apuesta de ese tipo requería las condiciones de certidumbre necesarias.

Galuccio volvió sin anuncios concretos. Y el regreso de De Vido de Rusia y China, adonde fue en busca de inversiones en electricidad, tampoco fue un festival de buenas noticias.

Todo demasiado impreciso para un gobierno al que le gusta exhibir logros, aun cuando sean fantasmagóricos. Hace ya más de un año, el 28 de septiembre de 2011, hizo girar en falso la turbina para inaugurar Atucha II, una central que no generó todavía un solo megavatio y que no figura siquiera en la programación semestral que hizo Cammesa -la administradora del mercado eléctrico- para el lapso octubre de este año y marzo del que viene. No habrá inauguración real antes de mediados de 2014: las pruebas a baja carga, que todavía no empezaron, pueden demorar hasta 18 meses. Deberá entenderse entonces como una premonición que en aquel acto, ante el fervor de los aplausos, la Presidenta haya definido a Atucha II como "un símbolo de la postergación".

Son apuros que aportan celebraciones partidarias, pero que acaso menoscaben la confianza empresarial. Algo imposible de conseguir cuando la prioridad es lo que el kirchnerismo llama "hacer política". Como esa conmovedora escena que unió a Cristina con los militantes el lunes pasado en la Casa Rosada -durante la primera aparición pública de la líder después de los enojos de Boston y Washington-, preparada desde la Secretaría de Medios hasta el detalle de hacer cantar y bailar a la Presidenta: "Vengo bancando este proyecto,/ proyecto nacional y popular./ Te juro que, en los malos momentos,/ los pibes siempre vamos a estar./ Porque Néstor no se fue, lo llevo en el corazón./ Con la Jefa, los soldados de Perón".

La imagen, lejos de Harvard y Georgetown, símbolo del romance entre la Jefa y la juventud que no la incomoda, se ganó merecidamente la tapa de los diarios. Kirchnerismo al 100%: construir sentido a partir del contraste de dos mundos.

Ya habrá tiempo de atender otros menesteres.

LA NACION.

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