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La ceremonia íntima de Irene Goldszer

Domingo 07 de octubre de 2012
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LA NACION
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Pedazos / Irene Goldszer: voz, guitarra y cuatro venezolano / Invitados: Leandro Stivelman, en voz y melódica; Marina Fantini, en charango; Federico Barroso Lelouche, en voz y Fernando Tur, en guitarra / Diseño del espacio: Paco Fernández Onnainty / Asesoramiento de vestuario: Marta Albertinazzi / Composición, dirección e interpretación: Irene Goldszer / Duración: 50 minutos / En el camarín de las musas / Hoy y los primeros domingos de cada mes, a las 21.30. Nuestra opinión: muy bueno

El hecho escénico es mágico y frágil por naturaleza (lo sé, no es novedad ni mucho menos). Y, a veces, puede suceder que en la manera en que se resuelve un inconveniente se encuentren las claves de esa propuesta. O, por lo menos, su clima, su entramado más personal, la naturaleza de su fluir.

Al espectáculo Pedazos se lo presenta como un recital de música, teatro y poesía. Su función de prensa fue hace tiempo. Tuvo lugar un lunes a las 12 del mediodía (toda un rareza). Se presenta una vez por mes (segunda rareza de esta rareza). Su creadora es la actriz, la cantante y la poeta Irene Goldszer. Junto a ella, están sus amigos (sus amigos músicos, sus amigos músicos y actores o su otro amigo artista plástico que tiende sus redes la escena). Todos tienen pinta de ser tipos sensibles (y, hecho no menor, tipos talentosos). Todos, a su turno, dan forma a una ceremonia íntima.

Pero vayamos al "inconveniente": al rato de comenzar el recital debería entrar Leandro Stivelman con su melódica. Pero, no. Ella dice que en ese momento debería entrar el que no entra y pone cara ante la sonrisa desconcertada del público. Entonces, sigue haciendo sonar su guitarra mientras Marina, la que luego hará sonar el charango, sale a buscarlo. Al ratito, baja Leandro. Está un poco agitado. "Pero..., ¿dónde estabas Leo? –le pregunta ella–. ¿En el baño? ¿En la puerta fumando?" El pone mueca de risa, ella se ríe, y él comienza a hacer sonar su melódica. El viaje continúa con una naturalidad, con una complicidad, con un espíritu lúdico y poético de una hermosa levedad. Seguramente, todas estas características parecen ser las líneas rectoras de esta viaje por una poética, una musicalidad y un decir con magia. Pedazos es como un volado déjà vu de aquella Nacha Guevara ditelliana dando vida a la poética de Jacques Brel o Boris Vian.

Irene Goldszer, como creadora, sabe crear climas, sabe navegar sus mundos y transmitir esas sensaciones. Probablemente, sus amigos (sus cómplices en todo esto) podrían tener más presencia en escena. Aunque, claro, hay varios elementos para pensar que a su propuesta como un organismo vivo en transformación. De hecho, cada mes que toma vida aparecen nuevos invitados.

Ella dice cosas como ésta: "Lo cotidiano del ténder y el surrealismo de los dedos colgados en él. Las sábanas, el sueño que se queja, la noche infinita. Las palabras que hartan. La interferencia del lenguaje. Algo bueno puede nacer desde tan abajo: el amor…, una planta…, una casa…". Desde otro tan abajo, como es la salita del sótano de El Camarín de las Musas, nace Pedazos.

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