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La Fabricicleta: un taller popular de autoreparación de bicis

En Villa Urquiza funciona este espacio de ciclomecánica; allí no se necesita dinero y cualquiera puede arreglar su rodado

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LA NACION
Viernes 26 de octubre de 2012 • 10:38
Un chico mira atento su bici, antes de empezar a arreglarla. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un joven pone a punto la rueda de su bicicleta en La Fabricicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un de los "mécanicos de las bicis" da una clase sobre su especialidad. Foto: Gentileza:Andrés Santamarina / lafabricicleta.blogspot.com
Un cartel que lo dice todo. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Varios jóvenes reparan sus bicis en La Fabricicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un cartel de La Fabricicleta, un taller popular de autoreparación de bicis. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Dos jovenes charlan en La Fabricicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Dos personas construyendo un  tándem, una bicicleta doble. Foto: lafabriclicleta.blogspot.com
En el taller hay bicis colgado en el techo. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un joven trata de arreglar su bicicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un chico trata de arreglar su bici, en uno de sus primeros intentos. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Todo lo que refiere a bicicletas puede encontrarse en La Fabricicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Varios jóvenes reparan sus bicis en La Fabricicleta. Foto: LA NACION / Matías Aimar
Un joven que participa activamente del espacio. Foto: LA NACION / Matías Aimar
En La Fabricicleta, todos tratan de dejar en las mejores condiciones sus rodados. Foto: LA NACION / Matías Aimar
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Quienes sienten pasión por moverse en bicicleta consideran este transporte, ante todo, una filosofía de vida. Y en el barrio de Villa Urquiza, encontraron un lugar: La Fabricleta . Se trata- según sus creadores- de "un taller popular de ciclomécanica". Un espacio de transmisión de conocimiento colectivo, en el que se unen personas, que muchas veces no se conocen, con el objetivo de compartir el acondicionamiento de los rodados, sin que sea necesario pagar por ello.

"La Fabri", como la llaman amigablemente, nació hace ya dos años, luego de un encuentro de Masa Crítica ; esto es, ciclistas que se reúnen en el mismo lugar, a la misma hora y deciden pedalear juntos el mismo recorrido. Al principio cuando pensaron el proyecto, según dice a LA NACION Federico Ferrara, uno de los creadores del taller de autoreparación de bicis, consideraron hacerlo ambulante. Pero luego se dieron cuenta que necesitaban un espacio físico.

La Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Villa Urquiza , en Triunvirato y Monroe, les abrió las puertas del lugar. Es un espacio de uso comunitario -así se presentan- "con fines de participación y solidaridad social", que surgió junto con otros agrupaciones ciudadanas tras la crisis del 2001. Tomaron como sede del local una propiedad deshabitada donde antes funcionaba la Pizzería "La Ideal". Dentro de sus actividades se dictan cursos de dibujo, de malabares, clases de apoyo escolar, y se dispuso una biblioteca para uso público.

"Un proyecto fuera del espacio de la Asamblea no sería viable; es crucial para el funcionamiento", dice Ferrara. Según explica realizan actividades contraculturales y "todas las cosas son libres", cualquiera puede tomar las herramientas y sumergirse en el arreglo de las bicis. También se puede colaborar llevando herramientas, partes de bicis, o incluso convidando un mate.

Un día en La Fabricicleta

Allí, sobre un ajado banco de trabajo se superponen llaves combinadas, tubos, un Pico de Loro, un martillo y algunos tarros de grasa. El olor del caucho y pegamento predomina. Hay ruedas dispersas por el lugar. Quienes saben más le explican cómo arreglar una bicicleta a los que no tienen tanto conocimiento. "Para entender cómo funciona esto, lo mejor es traer una bici que no esté en el mejor de los estados", dice Mijael que participa activamente del espacio.

""Acá fuimos aprendiendo todos. Había algunos que sabían un poco más. Pero lo bueno es cuando le explicás a alguien y lo ves, diez minutos después, explicándole a otra persona""
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Llegan al lugar de diversos barrios. Matías Domínguez proviene de Paternal. Mira para un lado. Para el otro. Con su pequeña caja de herramientas medita su plan de acción, mientras observa detenidamente las costumbre del lugar. "Es la primera que vengo", se sincera este ingeniero civil de 48 años. "Siempre me gustaron las bicis y la mecánica también; soy aficionado a los arreglos". Carga además dos ruedas: "Me acaban de regalar una bici vieja que quiero desarmar", explica.

Como él, Julián Schlaen, de 29 años, experimenta sus primeros momentos en La Fabricicleta . "Todavía no me acostumbro mucho a que sea todo anárquico, pero me parece fantástica la idea", cuenta. Llegó al lugar por recomendación de su novia, luego de postergar la visita por más de un mes. "Venía gastando mucha plata en las bicicleterías. En el último año le puse a la bici 500 pesos en arreglos", dice. Por ello, añade, "es muy bueno que te expliquen un poco así se puede tener autonomía".

Schalaen no está solo. Vino con Nicolás Enriori, de 28 años, un amigo con el que vive en Caballito, y que parece adaptarse más rápido. En los primeros cinco minutos ya agarró una herramienta y se dispuso a meterle mano a su rodado. "No tengo mucha idea de cómo arreglar esto, así que voy a tener que preguntar", comenta. Y, a continuación, dice que le hace muchos kilómetros a la bici, y le gusta, sobre todo, porque le permite "hacer ejercicio".

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Dato: La Fabricicleta está abierta los martes de 16 a 18 y los sábados de 16 a 20
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El proyecto

"Autonomía" es la palabra clave, explican los miembros del taller. "Es el primer contacto con la libertad", dice Francisco, uno de los creadores del espacio. "Acá fuimos aprendiendo todos. Había algunos que sabían un poco más. Pero lo bueno es cuando le explicás a alguien y lo ves, diez minutos después, explicándole a otra persona", suelta con entusiasmo.

""Cada uno tienen que hacer algo para cambiar la realidad, aunque suene idealista""
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Así se pueden observar, por ejemplo, a cuatro personas tratando de deducir que problema tiene una bicicleta, o el que está solo con problemas puntuales. "Lo bueno es que el objetivo es el mismo: tratar de solucionar un problema", dice Francisco, que lleva puesto, al igual que muchos, un delantal azul. A veces, según explica, incluso se brindan talleres teórico-prácticos sobre temáticas particulares como frenos, viajes, parchado, y armado de ruedas. "El conocimiento es la moneda que corre y corre de manera gratuita", señala.

El proyecto nació con el deseo de atraer a más ciclistas cada vez. Y según Francisco, el taller superó por mucho las expectativas y hay veces que está colapsado. "Al principio no venía tanta gente; es como sueño colectivo alcanzado", dice.

La mejor expresión de ello se puede observar en la felicidad de un grupo de chicos de entre 8 y 14 años que pasaron allí un día, quizá por casualidad si es que existe, y a partir de ahí nunca más abandonaron el lugar. "Son de José León Suárez, y viven en situación precaria. Les estamos dando una contención los viernes. En algunos casos, además, les entregamos su primera bici", dice Rafael Benvenutti, otro de los jóvenes que dio nacimiento a "La Fabri". Y agrega: "Cada uno tiene que hacer algo para cambiar la realidad, aunque suene idealista".

En la Fabricicleta, parece que todos tiran para el mismo lado, ya lo dijo Albert Einsntein: "La vida es como una bicicleta, hay que pedalear para adelante para no perder el equilibro".

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