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Punto de vista

El extraño caso de los salarios recortados

Enfoques

Por   | Para LA NACION

El Día del Respeto a la Diversidad Cultural, el Gobierno encontró un tiempo, por fin, para revisar la diversidad salarial de las fuerzas de seguridad. Millones de argentinos holgazaneaban el pasado fin de semana largo mientras nuestros gobernantes trabajaban a destajo. Iban y venían a Olivos con gruesas carpetas. Revisaban las planillas de lo que el Estado les paga a gendarmes y prefectos por cuidarnos, como dice el jefe de Gabinete, a todos y a todas. Así descubrieron -verbo más que oportuno en el día de Cristóbal Colón- que los altos oficiales ganan demasiado, beneficiados por una judicialización corrupta de los planteos hechos contra el Estado por pagar desde los años 90 parte de los salarios en negro.

En realidad, Abal Medina y el ministro Hernán Lorenzino, dúo juvenil de oralidad intermitente, buscaron entender por qué ellos mismos, como responsables de la administración estatal, les habían pulverizado por decreto los salarios a los suboficiales, quienes a su vez habían avisado del inconveniente mediante un piquete del tipo de los que sus fuerzas deben acompañar o reprimir, según la ocasión, pero nunca hacer.

Gracias a los salarios recortados de los suboficiales, supuestamente mal liquidados por una mano negra agazapada quién sabe en qué sótano, los funcionarios supieron el fin de semana que había una conspiración. No bien el martes reabrieron los tribunales la fueron a denunciar. Prueba de que antes no la tenían por cierta. Quizá debieron agradecer a los gendarmes y prefectos por la alerta y a Colón, por el feriado.

Gracias al esfuerzo oficial del fin de semana largo, todos pudimos confirmar que pasan cosas extrañísimas en el país, a saber: durante años el Estado puede liquidar mal los salarios sin que nadie se dé cuenta; además de cobijar liquidadores corruptos, el Estado sostiene organismos de control administrativo decididamente inútiles; los funcionarios gubernamentales que están a cargo del asunto pueden ser burlados desde las áreas de recursos humanos por subordinados adiestrados especialmente en el arte de obedecer; la Justicia no es el último reservorio de protección ciudadana, porque también se hace cómplice de desfalcos industriales, y el Estado está tan acostumbrado a pagar salarios en negro que ni siquiera se considera sospechoso de violar la ley.

Según Abal Medina y Lorenzino, Menem y Cavallo siguen regulando hoy al Estado que ellos dejaron de manejar en la clausura del siglo pasado.

También podría pensarse que el estilo de animadora de televisión que la Presidenta adoptó en los últimos meses en sus teleconferencias se haya contagiado a algunos miembros del Gabinete, deseosos de arrebatar a los críticos la función de comentar la realidad y denunciar con gruesos adjetivos lo que el Gobierno hace mal.

Sería una extraña paradoja, porque el Gobierno son ellos. Pero hasta es posible imaginar en el lugar de los enfáticos denunciantes del martes a dos periodistas de investigación, dos dirigentes opositores o dos de esos abogados a los que la Presidenta llama denunciantes seriales, que descubren tremendas matufias y las ventilan luego de llevarlas a un juzgado. Pero ninguna sustitución de actores sería imaginable, seguramente, si la conferencia de prensa del martes hubiera sido ofrecida en 2003..

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