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Villa Mugueta, el pueblo dividido por el fanatismo político

Política

Por Mariano Wullich
Enviado especial

VILLA MUGUETA, Santa Fe.- Las calles del pueblo siguen siendo las mismas, sólo que en el suelo de una de las pocas cuadras que están pavimentadas perdura el recuerdo de unas manchas de sangre que oscurecen el ánimo de la gente.

Es allí, enfrente del bar de la Sociedad Italiana, en donde el jueves último cayó muerto por una puñalada Juan Carlos Giraudo. El asunto, la sin razón de un hombre, Alcides Del Greco, que armado de un cuchillo terminó definitivamente con una discusión política, más aún, con la vida de un vecino bien conocido, porque aquí, nadie ignora el nombre de nadie.

Villa Mugueta, ubicada a 60 kilómetros al sur de Rosario, es un típico pueblo de una buena zona rural, con grandes silos cerealeros, una plaza, una iglesia, un club de bochas, una cancha para entrenar caballos cuadreros y dos casas del mismo partido: el PJ.

Estos dos últimos locales son la muestra de un pueblo que se divide. Increíblemente, esta villa de sólo 2800 habitantes se encuentra fracturada por la política, por el desacuerdo de la gente del mismo partido.

Hace 22 días, cuando Santa Fe realizó sus elecciones a gobernador, aquí también se puso en juego el cargo de presidente de la comuna y tras los comicios, la lista oficial de Alberto Rassol se había impuesto por un voto (683 a 682). Pero, en la junta electoral, en la capital de la provincia, se contabilizó un último sufragio, el de un vigilante que le dio el empate al opositor Miguel Lardelli.

De allí en más, las quejas, la indefinición, el pedido de una intervención o el encomendarse a la suerte de la tómbola de un bolillero. Mientras se esperaba la decisión de la fortuna, de arrojar la moneda al aire o de un recurso impuesto ante esa junta por los oficialistas, llegó el mediodía trágico.

Fue, como se dijo, en la puerta del bar. "¡Guarda que el Chingolo (Del Greco) anda armado!", advirtió alguien a los parroquianos a la hora del vermouth. Y era cierto, Del Greco (62 años) le clavó un puñal al transportista Juan Carlos Giraudo (52), simpatizante de la lista opositora. Del Greco, un desocupado, hoy está preso, Giraudo muerto y el pueblo, más dividido que nunca, como hace 50 años, cuando en otra discusión política otro matador terminó con la vida de un doctor de apellido Martínez.

La división en Villa Mugueta contrasta con otro ejemplo, a sólo doce kilómetros de distancia. En Arminda, un lugar que, como reflejó La Nación en su columna Crónicas del país, la gente se pone de acuerdo en casi todo y los partidos se turnan para gobernar.

Los refuerzos de la policía, un grupo de infantería enviado desde Rosario, patrulla hoy las calles en donde hasta hace poco no se veía pasar otra cosa que una camioneta embarrada, un camión cerealero o el Rastrojero que con los parlantes en el techo propalaba la invitación a alguna fiesta, la puesta en venta de una rifa o la invitación para una jineteada.

Dos bandos armados

Los chicos vuelven del colegio como siempre, desatentos del odio, ignorantes de la situación política, pero por allí cuentan que muchos adultos, desde el día del crimen, andan armados, con un revolver 38 lechucero escondido en la cintura o con una escopeta del 16 en la camioneta. Y no es sólo porque en el campo se acostumbre a portar armas.

En la unidad básica opositora al intendente, y aunque sea la hora de la siesta, todos se siguen reuniendo en una suerte de cónclave permanente y de un luto interminable. El médico Raúl Salvador Ruiz, que prestó los primeros auxilios a Giraudo, comenta a quien quiera oírlo:"Estamos consternados por la desgracia. El muerto era un gran amigo y la tristeza y el duelo son inevitables". Integrante de la misma lista, Juan Carlos "Pirulo" Marena trata de ser ecuánime: "La gente que anda armada pertenece a los dos sectores".

Lejos de allí, el titular de la comuna, Alberto Rassol, también habla de padecimientos:"Esto será un triste episodio que lamentablemente se incorporará para siempre en el folklore del pueblo".

Y es así porque nadie podrá olvidar el clima de este pueblo dividido por la política y lo que es peor, por la sin razón de una muerte. .

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