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Libros en agenda

Virginia Woolf, un misterio inagotable

Opinión

Por   | Para LA NACION

No es fácil dar con el tono para contar la vida de otro. El arte de la biografía es resultado de una relación. El biógrafo se nutre del biografiado y éste emerge del biógrafo. Los mejores ejemplos de la historia mantienen un secreto a lo largo de las páginas, el que une a ambos, como el soberbio retrato que realizó James Boswell del doctor Samuel Johnson o la biografía de James Joyce, escrita por Richard Ellmann. Una vida puede ser contada con todos los detalles, fruto de una extenuante búsqueda bibliográfica y una dedicación minuciosa, pero no necesariamente por eso alcanza el tono vital al que me refiero, esa suerte de ánimo o aliento propio del biografiado.

Éste es el hallazgo de Irene Chikiar Bauer, autora de la flamante -¡y frondosa!- biografía de Virginia Woolf, La vida por escrito, publicada por Taurus. Más allá de la rigurosa investigación que la sustenta a lo largo de más de 900 páginas, hay una amabilidad en el gesto narrativo. No es fácil de explicar, pero seguramente se debe a la simpatía -mezcla de piedad y admiración- que suscita el personaje retratado.

La elección de contar la historia de Virginia Woolf de manera cronológica la alivia de prejuicios o parcialidades. Como bien advierte Bauer en la introducción, "Virginia Woolf ha sido materia de análisis, y los biógrafos han tomado posiciones: ¿fue Virginia Woolf víctima de abusos sexuales?; ¿sufrió trastornos mentales?; ¿cuál sería el diagnóstico actual de sus problemas psíquicos?; ¿qué la llevó al suicidio?; ¿en qué consistió su feminismo?; ¿fue una heterosexual que experimentó relaciones lésbicas o una lesbiana camuflada tras un matrimonio convencional? Los intentos de etiquetarla o clasificarla han fracasado". La cronología, según la autora, permite obtener una visión más integral. "El lector está invitado a ver su desarrollo como si fuera un espectador o un testigo de las escenas que se suceden en el teatro de la vida."

Comienza con "El país de la infancia", la casa familiar y el cuarto de los niños; sigue con "La educación sentimental", la enfermedad, lo prohibido, su amor por Leonard, la escritura de sus libros, el pródigo grupo de Bloomsbury (también integrado por los Keynes, el crítico de arte y pintor Roger Fry, Lytton Strachey y otros), los efectos de la Primera Guerra Mundial, su necesidad de silencio y sueño, la salvación por la escritura ("todo se estiliza cuando escribo"), la aparición de Un cuarto propio en el crítico año 1929, su encuentro con Freud y la lectura que ambos tenían del nazismo. Llama la atención el modo en que Virginia Woolf se refiere a Victoria Ocampo, en una carta a su amiga Vita: "Es inmensamente rica y enamoradiza; ha sido amante de Cocteau, de Mussolini-Hitler, hasta donde yo sé: la conocí por Aldous Huxley; me regaló una caja de mariposas, y de vez en cuando desciende sobre mí, con ojos fosforescentes como los huevos de bacalao".

La historia de Virginia no concluye con el suicidio. Continúa unas páginas más, junto a Leonard, su gran amor. La muerte es una entrada definitiva en la memoria de los otros.

© LA NACION.

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