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Un desafío a los lugares comunes

Julieta Sopeña
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20 de octubre de 2012  

Siempre me gustó la expresión anglosajona " to think outside the box " ("pensar por fuera de la caja"), en alusión a pensar de una manera no convencional, por fuera de esa caja desde la cual solemos accionar. No es nueva. Ya en la década del 60 se introdujo la idea de "pensamiento lateral", haciendo referencia a la técnica de resolver problemas con un enfoque creativo. Como lo que entendemos por creativo puede variar con el pasar de las décadas, las culturas y hasta las personas, incluso contemporáneas, me quedo con lo que se mantiene indiscutidamente vigente: creativo es todo aquello que sorprenda.

Hoy, empresas e individuos, por más management tradicional que las atraviese en sus estructuras, se esfuerzan cada vez más por romper determinados patrones. Y aunque sea difícil teorizar sobre innovación, quizás algunos ejemplos lo logren.

Los lugares comunes nunca estuvieron mejor desafiados que la semana que pasó: las marcas eligieron locaciones inéditas para presentar sus productos.

Como se destaca en otra nota de este suplemento, una marca de vinos montó un cubo de acrílico en el helipuerto del edificio República por cinco noches que presenciaron la más espectacular dualidad de la ciudad: de un lado, la calma del río, del otro, la inmensa Buenos Aires. Aplausos, en un mundo donde todos los demás vinos se presentan en restaurantes.

¿Y quién supuso que una marca de aguas vitamínicas debería apoyar acciones diurnas, relacionadas con el ejercicio y con celebridades prestando su imagen? El miércoles pasado, en cambio, Vitamin Water se animó a una noche de arte y música, en el estudio de fotografía de Gaby Herbstein en Villa Crespo, que contó con la presencia de Boy George. Nada menos. Absolutamente todo allí dentro salía de las casillas. Desde la iluminación del espacio fabril hasta las bandejas donde se servía la comida, hechas de legos perfectamente encastrados. No importaba quiénes: cantantes, polistas, empresarios o abogados, todos por igual exclamaban atónitos "¡qué buen lugar!"

La gente parecería estar aburrida de las mismas locaciones, una y otra vez. Resulta que es tan fácil sorprender. Mas no todos se animan.

Dicho esto, algún distraído podría pensar que es tarea fácil la de innovar contando con el presupuesto indicado. Pero justamente no es el caso. Hace algunas semanas un tuit del artista Diego Gravinese daba cuenta de cuán cotidiano puede ser el hecho de provocar a los esquemas. Decía: "El dinero es bueno para el artista". Tan simple. Tan sorprendente.

Como también lo son dos extraordinarias mujeres con las que pasé unas horas el jueves por la tarde: Rebeca Selley, gerenta general del Four Seasons Hotel y Marcela Remoli, gerenta de Marketing del HSBC. La combinación de su agresividad para los negocios con la calidez femenina de su trato tampoco es algo a lo que uno acostumbre a encontrar.

Ahí está, a nuestro alrededor. Innovación tan temida.

Menos la ley de gravedad, desafiemos todo.

Y por qué no, ya que estamos, también eso que nos hicieron creer, que todo se cae.

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