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Rotter, una lúcida batuta

"Conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional en coproducción con la Asociación Wagneriana, con la dirección de Jorge Rotter y la participación del Coro de la Wagneriana (dirección: Alberto Balzanelli). Primer programa, en el Teatro Colón: "Stabat Mater", Op. 53, de Karol Szymanowski (solistas: Merceder Robledo, Virginia Correa Dupuy, y Luis Gaeta) y Sinfonía "Fausto", de Liszt (solista: Gabriel Renaud). Segundo programa: "Proa al Este", (estreno absoluto), de Gabriel Senanes; "Burlesca", para piano y orquesta, de Richard Strauss (solista:Silvia Kersenbaum), y "Stabat Mater", Op. 53, de Szymanowski. En el Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: muy bueno.

Jueves 02 de septiembre de 1999

Los dos últimos conciertos ofrecidos por la Orquesta Sinfónica Nacional,con la dirección del argentino Jorge Rotter en distintas salas, y en coproducción con la Asociación Wagneriana de Buenos Aires constituyeron sucesos de magnitud y jerarquía musical en lo que va del año.

En ambas ocasiones se pudo escuchar el Stabat Mater Op. 53 del compositor Karol Szymanowski, rara vez reeditada en los programas de concierto, con la participación del Coro de la Asociación Wagneriana, que dirige Alberto Balzanelli, la primera vez en el Colón y la segunda en el Auditorio de Belgrano, donde la orquesta realiza usualmente sus audiciones, con gran afluencia de público.

En este último concierto tuvo su estreno absoluto "Proa al Este" (Monumento sonoro a Borges) del compositor argentino Gabriel Senanes, obra encargada por la Secretaría de Cultura de la Nación para ser estrenada en oportunidad del centésimo aniversario del escritor y poeta argentino.

Compuesta en cinco movimientos, con una duración total de 33 minutos, la obra de Senanes impresionó favorablemente en cuanto a definición musical de propósitos, además de la apelación simbólica o metafórica a diversos aspectos de la personalidad y la vida del escritor. Antes que una referencia a la pulcritud de su estilo inconfundible, su ironía o su humor, se advierten referencias temáticas a sus obsesiones. En "Noche (in) temporal", la solemnidad inicial de la orquesta sonando a pleno, una inmersión "oceánica" en el tiempo con profusión cromática de timbres va cediendo lugar a solos instrumentales, recurso equilibrado que durante la obra constituye un saludable contraste con la plenitud sonora. Así, en "Espejos, laberintos" los solos de viola y violín conducen a una polifonía masiva, la bifurcación de líneas melódicas y el procedimiento de espejar musicalmente las imágenes como metáfora de la ambigüedad de los caminos del espíritu constituye un logro.

Cortes violentos de sonoridades masivas de bronces y percusión, con marcados acentos, conmueven a veces las elaboradas texturas de Senanes en la que no faltan referencias concretas al perfil romántico del escritor asumido por flautas y clarinetes, ni a las milongas borgeanas. Un canto protagonizado por los violonchelos con ritmo entrecortado conduce a un final a toda orquesta.

Homenaje a Richard Strauss

La confluencia de un director de escrupuloso rigor como Rotter y una pianista de nivel jerárquico como Silvia Kersenbaum, ambos radicados en el hemisferio norte, tornó la audición de una obra concertante tan intrincada como la "Burlesca", de Richard Strauss, en un hecho de excepción.

El ajuste, el equilibrio sonoro y la sincronicidad entre la solista y la orquesta -tan exigidos- fueron observados con admirable precisión y brillo.

El pianismo "a lo Liszt" brotó a raudales de sus dedos, como también la incisiva libertad estilística con que fue realizada la obra. Requerida insistentemente por la audiencia, Kersenbaum conmemoró otro aniversario (el centenario de la muerte de Johann Strauss, hijo), evocando al Rey del Vals con un arreglo de Schulz-Evler, una "arabesque" de concierto: "A orillas del hermoso Danubio azul".

La interesante personalidad del polaco Karol Szymanowski (1882-1937), su inserción en el modernismo de comienzos de siglo, procedente del romanticismo tardío, produjo el Stabat Mater, para orquesta, solistas y coro, obra de acusado misticismo religioso inspirado en el dolor y la fe que apela al canto modal aprovechando los rasgos lingüísticos vernáculos. La partitura fue animada con esmerado y equilibrado manejo de la masa coral y la orquesta por Jorge Rotter. Las intervenciones del Coro de la Wagneriana confirieron a la audición un relieve significativo.

La parte vocal adquiere en Szymanowski un realismo sencillo e ingenuo, y a veces impregnado de arcaísmo, al que los textos traducidos al polaco le dan un cariz popular. Las intervenciones de la soprano Mercedes Robledo, la mediosoprano Virginia Correa Dupuy y el barítono Luis Gaeta, destacaron con acentos propios en sus respectivos registros la índole dramática de este réquiem de tocante emotividad.

Otra obra de acusados contornos dramáticos, ofrecida en el Colón en el primer concierto, fue la Sinfonía Fausto, de Liszt, asimismo con la participación del coro de la Wagneriana y traducido con vibrante "pathos" por la batuta de Rotter. Las maderas de la orquesta tuvieron lucido desempeño en esta sinfonía. El movimiento final acompañado por el tenor Gabriel Renaud, que canta las estrofas finales del inmortal poema, fue un nuevo testimonio de la calidad interpretativa de la Sinfónica.

Héctor Coda

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