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Concilio Vaticano II

Doctorado honoris causa de la UCA para el rabino Skorka

Buenos Aires

Por primera vez la Universidad Católica distinguió a un maestro judío; acercamiento de ambas religiones

Los 50 años del comienzo del Concilio Vaticano II (1962-1965) fueron celebrados con un acto en el que la Universidad Católica Argentina (UCA) entregó el doctorado honoris causa al rabino argentino Abraham Skorka.

Que una universidad católica otorgue un doctorado honoris causa a un rabino es un hecho inédito en América latina y subraya que el Concilio Vaticano II abrió la puerta a un creciente acercamiento entre la Iglesia Católica y el judaísmo. En su declaración "Nostra Aetate", esa asamblea de obispos del mundo, reunidos en Roma, destacó el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos y fomentó el mutuo conocimiento y aprecio.

El rector de la UCA, presbítero Víctor Fernández, dijo que esa entrega quería expresar: "Aquello que pedía el Concilio y que han vivido elocuentemente los últimos papas, ha sido acogido en la Argentina, y que las instituciones cristianas podemos acoger la sabiduría presente de un rabino más allá de las diferencias que subsisten".

En el estrado estuvieron el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, y el nuncio apostólico, monseñor Paul Tscherrig.

Fue orador central el padre Raniero Cantalamessa, italiano, predicador pontificio. Afable, indicó que el magisterio de la Iglesia -Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI- invita a leer el Concilio como "novedad en la continuidad". Lo contrapuso a quienes desde los extremos lo presentan como ruptura: unos, por buscar congelar la tradición, y otros, por invocar un "espíritu del Concilio" que habría quedado insuficientemente plasmado en sus textos. Animó a acudir al Espíritu Santo, que "no hace cosas nuevas, pero hace nuevas todas las cosas".

El salón Juan Pablo II fue desbordado de asistentes. Entre otros, se vio a la diputada Gabriela Michetti y al dirigente socialista Hermes Binner.

La socióloga Beatriz Balian, vicerrectora, analizó el contexto mundial cuando se reunieron 2450 obispos en el Concilio. Lo estimó "una roca firme, una semilla que sigue marcando nuestro camino, un don de Dios para renovación actual".

El pastor metodista Néstor Míguez dio un testimonio sobre las "ventanas abiertas" a la unidad de los cristianos por el Concilio en que su padre, José Míguez Bonino, fue observador invitado.

El rector presentó a Skorka, doctorado en Química en la UBA y en Literatura Hebrea en EE.UU., rector del Seminario Rabínico Latinoamericano y profesor de Derecho Hebreo en la UBA y en la Universidad del Salvador. Destacó la riqueza de su pensamiento, al señalar que ese doctorado sólo se había dado a católicos.

Emocionado, Skorka agradeció con un verbo hebreo que significa "aunar, conectar". Evocó recuerdos familiares y diálogos con los cardenales Bergoglio, Walter Kasper y Estanislao Karlic, y el coraje intelectual de Juan Pablo II. Señaló que a Dios se llega por amor y llamó a recrear vínculos espirituales.

Cantalamessa expresó que el Concilio fue "un encuentro colectivo de todos los obispos con el Espíritu Santo, una especie de nuevo Pentecostés". Citando al cardenal Henry Newman y al pensador Hans-Georg Gadamer, dijo que toda idea no se comprende plenamente sino cuando se aprecian sus consecuencias en el tiempo.

Monseñor Tscherrig transmitió la bendición papal, para quien el Concilio debe "llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia"..

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