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Libros en agenda

Arte y literatura en un atlas portátil

Opinión

Por   | Para LA NACION

Es un libro de arte? ¿De filosofía? ¿De crítica cultural? ¿De lenguajes contemporáneos? ¿De fantasmas y fetiches? ¿De estética y geopolítica? ¿De errantes radicales? Un poco todo a la vez. Sin dudas, Atlas portátil de América Latina, de Graciela Speranza (editorial Anagrama), es un ensayo apasionado. Este meticuloso recorrido de imágenes y textos de artistas y escritores latinoamericanos del presente cuenta con una mirada también artística de la propia autora sobre las obras contempladas. Más que tomar partido o establecer un canon, Speranza revela y enlaza. El libro es original en su planteo. En vez de dar vuelta sus páginas, habría que desplegarlas. No porque vengan troqueladas ni exijan algún tipo de destreza, sino por el modo en que se van hilvanando los distintos objetos del arte, en una especie de red imaginaria, como las galaxias de telarañas del artista tucumano Tomás Saraceno.

Speranza comienza con la idea misma de atlas, que se remonta al nombre del titán de la mitología griega condenado a llevar la bóveda celeste sobre los hombros. "Como el coloso mitológico, el mapa carga con toda la información y el saber sobre el mundo y ha sido desde los comienzos de la cartografía un instrumento de poder y dominación. Imagen paradójica, es la representación más precisa del mundo y a la vez la más abstracta. De ahí que el arte haya encontrado en el mapa un material infinitamente apropiable para desnaturalizar los órdenes instituidos, interrogar las identidades territoriales, tender pasajes en fronteras infranqueables, conjeturar otros mundos y trazar recorridos imaginarios."

El primer mapa que aparece citado en el libro -y que de algún modo impulsa esta forma de lectura cartográfica del recorrido incierto de la existencia- es un dibujo que hizo Marcel Duchamp el 13 de agosto de 1918, en vísperas de embarcarse rumbo a nuestro país: una silueta imprecisa de América, de la que se desprende una "línea zigzagueante" hacia el sur del continente que culmina en Buenos Aires, con un gran signo de interrogación. Según cuenta Speranza, este mapa improvisado fue un regalo de despedida para su amiga neoyorquina Florine Stettheimer. ¡No está mal como idea del arte! Una despedida (de lo que hubo), un trazado incierto (de lo que vendrá) y el regalo (el don o la entrega de lo que aún no se ha descubierto).

El otro sustento del libro es la exposición Atlas. ¿Cómo llevar el mundo a cuestas, que Georges Didi-Huberman montó en el Museo Nacional Reina Sofía en 2011, que propone una mirada caleidoscópica de la historia artística del mundo.

Dividido en cuatro partes (mapas, ciudades, supervivencias, esferas y redes), el libro recorre 16 ciudades a través de la obra de artistas que podríamos considerar, según Giorgio Agamben, "artistas intempestivos". De este modo, "el arte latinoamericano -dice la autora- encontró formas a la vez poéticas y críticas de desdibujar las fronteras geopolíticas y los límites conocidos de los medios y lenguajes". Una manera de combatir el "realismo craso" con un futuro imaginativo.

© LA NACION.

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