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La cofradía de la nueva canción

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LA NACION
Domingo 28 de octubre de 2012
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Hay otra canción. cantautores: Pablo Dacal, Nacho Rodríguez, Alfonso Barbieri, Pablo Grinjot, Tomi Lebrero, Lucio Mantel y Alvy Singer. Orquesta academica de Buenos Aires: Carlos Calleja (dirección) y Nicolas Posse (arreglos). Teatro: Coliseo. Función: jueves 25 de octubre de 2012. Nuestra opinión: excelente

Muchas veces los traspasos generacionales no son algo visible, simplemente suceden. El jueves presenciamos el traspaso de esa llamada sagrada de la canción popular de una generación a otra. Ahí estaban Fito Páez y Palo Pandolfo, dos antenas sensibles de distintos momentos de la Argentina, celebrando junto a los cantautores Pablo Dacal, Tomi Lebrero, Nacho Rodríguez, Alvy Singer, Pablo Grinjot, Lucio Mantel y Alfonso Barbieri, el manifiesto sonoro de una nueva canción.

El concierto se constituyó en uno de esos eventos con chapa de histórico, quizá no sólo por ese traspaso simbólico y cancionero de la mano de Páez, que subió al final para coronar la noche cantando colectivamente "Lo que está sonando" y "Hay otra canción" (el tema que Fito había grabado con Spinetta para el álbum La,la,la ), sino por la legitimización a futuro de una nueva cofradía musical.

Una noche especial, con cantautores y orquesta
Una noche especial, con cantautores y orquesta. Foto: Telam / Osvaldo Fanton

Eran los siete y muchos más detrás de ellos: Fernando Cabrera (otro referente rioplatense), Liliana Vitale, Manuel Onis, Seba Ibarra, Fer Isella, Juanito el Cantor, Darío Jalfin, el Gnomo, Daniel Drexler, María Ezquiaga, Sebastián Rubin, Jimena López Chaplin, El Tigre, Julieta Sabanes, Pat Morita, Onda Vaga y Marcelo Ezquiaga. Eso se notó arriba del escenario. Cada uno invitó a otros compañeros de generación que parecían multiplicar y linkear el diverso sentimiento autoral de una movida todavía mucho más grande en número. Y se notó abajo, con un teatro Coliseo, de localidades agotadas, y un público envuelto por esa atmósfera de feliz emotividad, que se retroalimentaba.

Fue un show con grandes momentos. Los segmentos de cada uno junto a la Orquesta Académica de Buenos Aires -formada por setenta jóvenes músicos- llevó el concierto a otro plano de lirismo. Como un flash, pasaron en panorámica los himnos de esta nueva canción con un formato sinfónico y arreglos de Nico Posse para atesorar de "El cantor de los pueblos" de Lebrero; "Mi memoria" de Mantel, "Otra vez" de Grinjot, "Baila" de Nacho Rodríguez, "La negación" de Alvy Singer, "Medianoche" de Alfonso Barbieri, y "Ella ya está en la playa" de Pablo Dacal.

La carga épica que aportó el sonido de la Orquesta Académica, que se ganó una merecida ovación promediando el concierto regaló los episodios más brillantes del show, que alternó con los sets de cada cantautor. En esos tramos desapareció la solemnidad crooner , para entrar de lleno en tramos acústicos, donde emergió el universo personal de cada artista.

Siete cantautores

Lebrero apeló a su desparpajo. Le dedicó una canción a Fito. "Ésta es re paeziana, así que espero que te guste", dijo dirigiéndose hacia detrás de bambalinas, y siguió rompiendo las estructuras, tocando su bandoneón, riéndose de sus propias letras y asumiendo una actitud performática en "Enfermo de amor".

Lucio encontró en los claroscuros de su canción "Refugio", y los aires folklóricos de "Nadie en el espejo", su capacidad para transmitir el sosiego y la tormenta, dentro de la intimidad acústica.

Grinjot mostró su definición de lo rioplatense en ese abrazo musical con el tótem uruguayo Fernando Cabrera, que suena tan viejo y tan moderno en "Cifra", y con Daniel Drexler en "Milonga del tren".

Alvy Singer apareció con su elegancia retropop y sus historia de hermosos perdedores en "Bésame fuerte", y sumó nuevos amigos al fogón como Rubín.

Nacho Rodríguez hizo subir a los Onda Vaga para un momento de fraternidad compartida con la gente, que se extendería en la versión sinfónica de "Cántale" y todo el teatro murmurando el estribillo: "...cántale a los amigos con el corazón".

Barbieri eligió primero rodearse de chicas, Ezquiaga-Chaplin lo acompañaron para la épica "Revolcado", después invitó a Palo Pandolfo para que su voz gutural acaparara los versos chamameceados de "Renacer".

Pablo Dacal, uno de los más plantados, entró con pasta de nuevo ícono y entregó el sonido sin tiempo de "El artista popular", y siguió esa huella de la canción criolla con "Zamba del fin del mundo" junto a Liliana Vitale.

En ese intercambio, las canciones empezaron a ser parte de todos. Se podría decir que hay tantas canciones como personas, una para cada uno. Los siete cantautores reflejaron ese universo de canciones para uno y para todos. Será por eso que circulaba una energía más implosiva, un gesto casi contemplativo de concentración colectiva, eligiendo cada uno su propia canción, su propio momento compartido con otros. La vibración emocional fue tan fuerte, arriba y abajo del escenario, que cuando apareció Fito Páez para el final del show el encuentro cobró otra dimensión y todas las expectativas musicales quedaron a un lado, para transformar el concierto en otro tipo de experiencia.

Todos abrazados, aunque no estuviéramos abrazados, cantando: "Y hay otra canción, sin dirección, una señal, en la oscuridad, significados de algún lugar, hacen que todo en mi vida se olvide". Si no fuiste, apagá la radio y empezá a buscar la canción que suene con tu vida.

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