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El día en que el falcionismo fue feliz

Deportiva

En 2009, Falcioni, Silva y Erviti fueron felices en la cancha de Boca. Allí le dieron a Banfield el primer título en Primera de su historia. Ese mismo año, Rodrigo Mora provocó una crisis. Le marcó un gol en la Bombonera con la camiseta de Defensor y lo sacó de la Libertadores. La eliminación expuso la pelea entre Riquelme y Palermo. La interna duró dos temporadas y provocó la llegada de Falcioni (con Erviti) a principios de 2011. También en 2009, Matías Almeyda decidió regresar al fútbol profesional mientras David Trezeguet jugaba su última temporada en Juventus (...y Del Potro le ganaba a Federer en el US Open y en el Masters, pero ésa es otra historia). El tiempo los puso a todos en el mismo lugar.

El comienzo del clásico ratificó cuán ridículo puede quedar cualquier análisis previo a un partido. Un gol antes de los dos minutos, dos cambios por lesión antes de los quince y se acabó la serenata. Trezeguet lo empezó de la mejor manera con dos toques de primera y de espalda para el compañero mejor ubicado de frente. En la segunda descarga, Mora lo encaró a Albín. Había un plan ahí. Foul. Ponzio. Orion. 1-0. River estaba tan tranquilo que ni siquiera el prematuro doble cambio lo complicó. Boca no daba dos pases seguidos ni de casualidad. Silva, siempre de espalda, era anticipado por Pezzella. Erviti no influía y perdía con el omnipresente Ponzio. Mora volvía locos a todos con su movilidad y sacaba del centro (y de quicio) a Schiavi. Trezeguet la tocaba poco y lejos del arco, pero con criterio.

Almeyda sólo recibía malas noticias desde afuera con las rodillas de Ramiro FM y Aguirre. Para Falcioni lo peor estaba adentro, el espantoso primer tiempo de su equipo. Expulsado por salir tarde, el DT de Boca pateó el tablero político y borró a Clemente, senador por el riquelmismo disidente. Se la jugó con Acosta. La furia se apagó luego del cuarto de hora inicial. El partido era horrible. Atascado en la mitad de la cancha, con los futbolistas corriendo más que la pelota y una irritante predisposición al choque. Trezeguet rompió los esquemas a los 25. De espalda y lejos del arco, juntó tres rivales y, ping, metió un cambio de frente para Sánchez. El uruguayo dejó solo a su compatriota Mora, quien repitió lo de 2009 con notable definición. 2-0. Era el final del falcionismo, ese movimiento nuevo, consecuencia de los retiros de Palermo, primero, y de Riquelme, después.

Pero este River, inestable por donde se lo mire, necesita ir ganando por cuatro o cinco goles de diferencia para sentirse seguro. Con Bottinelli afuera por lesión, Silva ganó por primera vez en el área rival. González Pírez se llevó por delante a Acosta. Penal. 2-1. Silva, la pieza faltante del núcleo duro, que llegó a Boca a principios de 2012. Con una ficha por mover de cada lado, el DT visitante apostó a Paredes, el "elegido" por su enemigo Riquelme. El chico tuvo paciencia para manejar esa última posesión. Esperó, miró todo el mapa y luego abrió el juego hacia la derecha para Acosta. Mientras tanto, Almeyda eligió a Roger FM. No sacó a Trezeguet, inactivo tras su contribución con el segundo gol. En cambio salió Mora, el mejor del partido, el que podía aguantar el balón arriba. En la penúltima jugada, David tuvo una pelota para meter esa volea marca registrada, con un rival cerca y con Sánchez libre. Rebote. Con muchos espacios porque River no achicó mientras atacaba, Paredes pensó, decidió y ejecutó. Acosta tiró el centro. El Pelado ganó por segunda vez en el área rival. Y el jefe de la bancada oficialista interpretó el concepto de que llegar es mejor que estar. 2-2. Fútbol en estado puro. El falcionismo resiste. Un día, Silva, Erviti y Falcioni fueron felices con la camiseta de Boca..

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