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Libros en agenda

Donde descansa el poeta

Opinión

Por   | Para LA NACION

Hay episodios de la historia que conviene contarlos a través de sus artistas. Sus obras resultan a veces más elocuentes que los propios acontecimientos. ¿O acaso el Guernica, de Picasso, no irradia de manera furiosa y sintética la crueldad de la Guerra Civil Española? También la vida de los artistas puede reflejar mejor o más intensamente el ánimo de la época. Si bien al creador se le atribuye un don que lo diferencia del resto, eso mismo lo vuelve capaz de representar la realidad de manera única. Los grandes artistas suelen aparecer en grupos, como si emergieran en un mismo momento álgido de la historia: Shakespeare a pocos pasos de Cervantes; Joyce y Kafka; Lorca, Dalí y Buñuel; o, en la Argentina, Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Xul Solar.

Las biografías tienden a contar la vida de los más célebres o prodigiosos. Por eso El amante uruguayo, una historia real, el último libro del escritor peruano Santiago Roncagliolo, que mañana se presenta en Buenos Aires, es distinto. El autor eligió para contar parte de las aristas y los fulgores de la primera mitad del siglo XX a un creador menor, aunque millonario y de obra múltiple: el escritor y cineasta uruguayo Enrique Amorim, conocido por su primeriza y famosa novela, La carreta, y también, por su proximidad con los artistas de la época, sobre todo por su relación, supuestamente amorosa, con Federico García Lorca. Según Borges, citado por Roncagliolo, "Amorim escribió muchas novelas y cuentos, poemas pésimos, sonetos. y nada, es como si no hubiera escrito". Esto que parece una crítica humillante y feroz es lo que vuelve original el libro de Roncagliolo.

Lo cierto es que Amorim se codeaba con la alta sociedad política e intelectual de su tiempo, entre ellos Neruda, Picasso o Chaplin. En 1933 se encuentra con Federico García Lorca en Buenos Aires y viajan juntos a la ciudad de Salto, de donde Amorim era oriundo. Allí realizaría también una grandilocuente simulación: un enigmático y póstumo entierro de García Lorca. Aunque se dice que luego del fusilamiento de Lorca, el 16 de agosto de 1936, su cuerpo fue sepultado en una fosa común en el paraje de Fuente Grande, en Alfacar, cerca de la ciudad de Granada, al cumplirse 20 años del funesto acontecimiento, en 1956, Amorim le plantea al intendente de la ciudad de Salto la construcción de un monumento a García Lorca, y el día de la inauguración sepulta una sugestiva cajita blanca, del tamaño de un osario, cuyo contenido se desconoce, pero despierta extrañas sospechas. Y sin duda motiva la escritura de la novela, la crónica o el relato de época de Santiago Roncagliolo. ¿Qué contendría aquel simbólico ataúd? ¿Hay manera de saberlo que no sea a través de una forma de investigar la historia para deslindar una historia posible? En el capítulo del libro "Un túmulo para el poeta", Roncagliolo cuenta que "la zona del monumento es ya una especie de mausoleo de artistas. Muchas personas se han suicidado desde la Piedra Alta, y a cincuenta metros Amorim mandó levantar un monumento a Horacio Quiroga. Consideraba que ambos escritores habían sido traicionados por sus propios países". Un lugar mítico, un escritor olvidable de lazos inolvidables, y una cajita velada y misteriosa que ahora se convierte en libro revelador.

© LA NACION.

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