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Mitt Romney, un héroe olímpico

Deportiva

"Vengo a arreglar este desorden económico del mismo modo en que saqué adelante en Salt Lake City unos Juegos socavados por la corrupción de los administradores políticos." Mitt Romney, el millonario mormón que aspira a vencer este martes a Barack Obama y ser el nuevo presidente de Estados Unidos, recordó su rol de "salvador" de los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002 cuando se presentó en Tampa como candidato oficial de los republicanos. "Romnesia", como se burló Obama de las continuas contradicciones de su rival, cambió posiciones sobre derechos de los gays, aborto, trabajo, su pasado fiscal, seguro social, salud, control de armas y política exterior. Pero luce coherente y seguro cada vez que recuerda que en 1999 asumió la organización de unos Juegos que estaban destinados al desastre. El Comité Olímpico Internacional (COI) atravesaba el peor momento de su historia, hundido por denuncias de corrupción. Y los Juegos amenazaban con un déficit de casi 400 millones de dólares. El ejecutivo formado en la Harvard Business School revirtió los balances, los Juegos dejaron ganancias de 100 millones y -según recordó Mike Leavitt, ex gobernador de Utah, a The Wall Street Journal- se convirtieron "en los más exitosos de la historia". Con el prestigio recuperado, Romney, que venía de sufrir una dura derrota electoral ante Ted Kennedy, fue elegido meses después nuevo gobernador de Massachusetts. El deporte le permitió relanzar su carrera política. El martes próximo podrá ayudarlo a llegar a la Casa Blanca.

"Aprendí que la unión hace la fuerza. Nos unimos sin importar quién tenía o no dinero, sino para hacer los mejores Juegos de la historia." Romney, que documentó en un libro su éxito olímpico (Turnaround: Crisis, Leadership, and the Olympic Games), interrumpió su campaña en febrero pasado para celebrar en Salt Lake City el décimo aniversario de los Juegos. Habló ante 11.000 personas en Gateway Plaza. Kem Gardner, el mejor amigo de Romney en Salt Lake, construyó el gigantesco shopping para los Juegos gracias a un beneficio fiscal de casi 5 millones de dólares. El "ahorro" presupuestario que Romney logró para sacar del abismo a los Juegos de 2002 costó en rigor 1300 millones de dólares al gobierno de Estados Unidos, más del doble que los Juegos de Verano de Atlanta 96. Una investigación de 2001 de Sports Illustrated, de los periodistas Donald Barlett y James Steele, desnudó que los negocios privados construidos con dinero federal, incluyeron, entre otras cosas, lujosos hoteles para esquiadores y algunos puentes inútiles. En otra investigación reciente, el periodista Wayne Barrett, de Mother Jones, cuenta de qué modo los negocios favorecieron a un estrecho círculo de amigos de Romney. Socios de empresas y compañeros mormones. Por ejemplo, los empresarios David Simmons, Fraser Bullock y Sead Dizdarevic, que han aportado unos 2 millones de dólares a la campaña presidencial de su amigo. Romney, que impuso un código ético al asumir la organización de los Juegos, mantuvo a sus amigos en sus cargos y negocios, pese a que confesaron ante la justicia haber formado parte de la red de sobornos a miembros del COI para que votaran por Salt Lake. Más de un millón de dólares en coimas. De vibradores a violines, de coberturas médicas a puestos de trabajo. "Gastos de negocios", los describió Dizdarevic al tribunal. El COI echó a una decena de sus miembros. El escándalo marcó la despedida del presidente Juan Antonio Samaranch.

Dizdarevic, que controla Jet Set Sports y CoSport, firmas que aún hoy ganan millones con las ventas de paquetes olímpicos, ingresó cerca de 80 millones de dólares con los Juegos de Salt Lake City 2002. El hombre que puso Romney para negociar con Dizdarevic el contrato de los Juegos, Mark Lewis, se convirtió en 2005 en presidente de Jet Set Sport. La investigación de Barrett añade conexiones y negocios con tradicionales apellidos mormones de Utah, incluyendo a la familia del profeta Gordon Hickley. Otro informe, publicado por Jason Cherkis en Huffington Post revela que Romney fue lobbysta oficial de la candidatura de Salt Lake City antes de asumir como nuevo titular del Comité Organizador de los Juegos. Todo bien, dice Cherkis, aunque debería recordarse que Romney impuso su foja de ejecutivo exitoso y vapuleó a Newt Gingrich, su rival en la interna republicana, diciéndole que trabajaba de lobbysta. En su rol de reputado organizador olímpico, Romney eligió los recientes Juegos de Londres para presentarse en el exterior ya como candidato presidencial. Fue un fiasco. Sus durísimas y desubicadas críticas a la organización fueron el hazmerreír de muchos. "Algunos americanos -dijo avergonzado el ex campeón olímpico Carl Lewis- no deberían salir del país." Romney no le respondió. Cenaba a esa hora en el lujoso hotel Mandarin Oriental Hyde Park. Recaudó otros 2 millones de dólares para su campaña.

También los patrones del deporte apoyan al candidato republicano. Los dueños de las franquicias de las cuatro grandes ligas de Estados Unidos (el fútbol americano de la NFL, el béisbol de la MLB, el hockey sobre hielo de la NHL y la NBA) donaron 1.250.000 dólares a Romney y 750.000 a Obama. Romney, que no se jacta de ningún pasado deportivo y señala al golfista Jack Nicklaus como el mejor atleta del siglo XX, recibió dineros de ocho de los diez dueños de franquicias de la NBA que donaron para la campaña. Sólo Ted Leonsis (Washington Wizards) y Johnny Buss (Los Ángeles Lakers) eligieron a Obama, que sí monopoliza las donaciones de jugadores (Baron Davis, Vince Carter y Grant Hill) y seis entrenadores, entre ellos Gregg Popovich (San Antonio Spurs), que entregó 5000 dólares. La NFL, santuario republicano, apoya casi masivamente a Romney. Sus dueños son millonarios que rechazan al fisco, negocian apoyo municipal para sus estadios y buscan protección legislativa en las discusiones de contratos laborales cada vez más frecuentes con los deportistas. "Así como el olimpismo lo precisó hace diez años, ahora -dijo Mike Eruzione, capitán de un histórico equipo de hockey sobre hielo que le ganó a la ex URSS en 1980- es el país el que precisa desesperadamente a Romney."

Uno de los últimos apoyos llegó de Lance Armstrong, el héroe en desgracia tras la condena por doping que lo despojó de sus siete Tours de Francia. "Mitt Romney -dijo el ciclista- hace lo que sea por ganar y yo admiro eso. Si hay algún momento en el que Estados Unidos precisa ganar es éste y Mitt Romney es el hombre para hacerlo." Días atrás, la muy buena periodista deportiva Selena Roberts contó de qué modo Armstrong, en la campaña presidencial de 2008, extorsionó a Obama porque el demócrata no podía asistir a una presentación de su Fundación contra el cáncer con el candidato republicano John McCain. "Si el cáncer no está en la agenda del Partido Demócrata lo informaremos en nuestro sitio, que tiene millones de visitantes", amenazó Armstrong, vía mail, a John Kerry, que trabajaba para la candidatura de Obama. "Armstrong -afirmó Brent Cohrs, ciclista y escritor- fue un gran campeón que apostó a ganar como fuere. También Romney construyó su éxito sin importar si dejaba gente en la calle o liquidaba a la competencia. Como empresario nunca inventó nada. No fue Steve Jobs o Bill Gates. Fue Gordon Gekko, de Wall Street. Y el trabajo de un presidente es representarnos a todos. Armstrong no me representa como ciclista. Y Romney -concluyó Cohr- jamás me representará como estadounidense.".

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