Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan

Contra el revival del cine de los 80 y la industria de la nostalgia

Opinión

Recuerdo la mirada de reprobación de un amigo escritor cada vez que yo le decía que todavía disfrutaba de ir al cine. El, me decía, no sólo no le encontraba ninguna gracia, sino que consideraba al cine el arte más conservador de todos, vacío de cualquier apuesta estética. Hace rato que no lo veo, pero si lo encontrara le diría que tenía razón. Las películas que se estrenan en el circuito comercial son insufribles, pero no tanto como la experiencia misma de ir al cine: el ruido de la masticación ajena, el olor de la comida en el asiento de al lado, los que se olvidan de apagar el teléfono celular, los que no lo quieren apagar, los que atienden en medio de la proyección, los que contestan mensajes de texto, los que necesitan tuitear que en ese preciso momento están viendo una película en el cine y hasta los que se sacan fotos con flash para subirlas a Facebook. No es que pretenda, a esta altura, establecer un vínculo romántico con una disciplina netamente industrial: apenas me gustaría que no me hablaran al oído mientras trato de ver una película. Para evitar este tipo de situaciones, la semana pasada fui a ver la última película de Wes Anderson al Arteplex Centro. Pero en la sala, embutida en el subsuelo contiguo a los túneles de las líneas B y D de subte, se había cortado la luz: el grupo electrógeno no alcanzaba para poner en funcionamiento el aire acondicionado, y el volumen de la proyección de al lado tapaba los diálogos de Moonrise Kingdom. Me fui en mitad de la película.

Cuando salía vi que en el mismo cine daban Casablanca. ¿Casablanca? Y al llegar a la calle me encontré con carteles que anunciaban el reestreno de Esperando la carroza. Por un momento me sentí Daniel Hendler en el viejo aviso de Telefónica. Pero después me acordé de una nota que había leído y hablaba de una suerte de negocio de la nostalgia , y que cada tanto reaparecían en cartel las películas que había visto de chico, solo o con mis padres: Volver al futuro, Top Gun, incluso algunas anteriores como El Padrino. Lo dicho: el cine ya no sólo demuestra ser, en sus modos de producción, el arte más conservador de todos (una disciplina que implica en general menos riesgo que la literatura, el teatro, la pintura o la fotografía), sino que también lo es para sus modos de exhibición, apostando por repetir fórmulas consagradas antes que proponer nuevas maneras de ver, pensar, reflexionar o contar el mundo. Pero, a la vez, estas proyecciones funcionan (son aceptadas y celebradas) y hasta se vuelven grandes negocios. ¿Por qué el público prefiere comprar por diez pesos copias truchas de los estrenos, incluso antes de que lleguen a las salas, y paga el doble o el triple por ver films que repiten todos los meses en la televisión? ¿Cuál es ese público?

El cine ya no sólo demuestra ser, en sus modos de producción, el arte más conservador de todos, sino que también lo es para sus modos de exhibición, apostando por repetir fórmulas consagradas

Intuyo que, en general, la responsabilidad de estos relanzamientos es de la gente que hoy tiene entre treinta y cuarenta años. Los que, en su momento, vieron estos films en pantalla grande como yo. Ese segmento que se llamó "Generación X" y para el que la gente del marketing creó apelativos tan creativos y originales como "Kidults", "Adultescentes" o, incluso, "Generación Peter Pan" . Hijos del "Baby Boom" tardío de los años 70, son hoy los mimados de la mercadotecnia, por crecimiento demográfico y poder adquisitivo. Todos los discursos normativos (una alimentación cada vez más responsable, la obligación de ejercitarse, la condena del tabaco) y del consumo los tienen como receptores casi exclusivos. Se han trazado perfiles detallados de sus hábitos: son fanáticos de la tecnología y los videojuegos, y sorprendentemente, se ha demostrado que son los que más utilizan las redes sociales, aún por sobre la generación de los nativos digitales. Son ellos los que sostienen, a través de una mirada nostálgica de la infancia y con su dinero, este renacimiento de las proyecciones en cines de los clásicos de los años 80 y 90. Son los que impulsan también, entre otras modas, por convicción o por esnobismo, el resurgimiento del deseo por los discos de vinilo.

Son ellos los que sostienen, a través de una mirada nostálgica de la infancia y con su dinero, este renacimiento de las proyecciones en cines de los clásicos de los años 80 y 90

Sí, la "Generación X" (menos tocada por el desempleo y las crisis que la posterior) se hizo adulta y consume, impone hábitos y costumbres: la ropa, los paquetes turísticos, las torres de departamentos de ambientes cada vez más chicos, los automóviles, los teléfonos celulares de última generación, las tablets y las computadoras están pensadas para ellos, para nosotros. Por mi parte, no creo que todo tiempo pasado haya sido mejor, ni que la infancia sea un remanso, ni le veo la gracia a volver a ver en pantalla grande las películas que se estrenaron hace dos o tres décadas. La nostalgia es un sentimiento nocivo, que hay que combatir, que impide avanzar y modificar el estado de cosas. Mucho más interesante es esperar lo que vendrá, reclamarle a las artes cosas nuevas, la potencia del futuro. Mientras tanto, a los treintañeros de hoy el paso del tiempo nos envejecerá y nos convertirá, esperemos, en personas menos deseables para los apetitos del mercado..

TEMAS DE HOYEugenio ZaffaroniProtesta policialCristina KirchnerLa pelea con los holdoutsAFIP