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CGT, CTA ¿y las mujeres?

Opinión

Nunca tuvieron nada fácil. No sólo en los comienzos, a fines del siglo XIX cuando muchas asociaciones obreras de Europa exigían a las mujeres que deseaban hablar en las asambleas autorización escrita de sus maridos o padres. Tampoco ahora.

Cuando Ruth Mary Nelly se presentó ante Saúl Ubaldini, el entonces secretario general de la CGT, como "la secretaria general de las prostitutas", él le contestó: "Vos sos la secretaria general de las mujeres. Para mí, la prostitución no existe. No me lo digas nunca más". Este diálogo figura en mi libro Las que mandan.

Son tan machistas que en ninguna aparece una mujer ni por casualidad en las fotos importantes

Resulta difícil saber si para Ubaldini las mujeres eran todas prostitutas, si las prostitutas no merecen entidad alguna por ejercer una actividad clandestina o si las mujeres como tales necesitaban un sindicato.

Hoy es todo más complicado para el sindicalismo argentino. Hay dos CGT, una oficial y otra opositora, hay dos CTA también con las mismas características, pero todas tienen el mismo prejuicio: son tan machistas que en ninguna aparece una mujer ni por casualidad en las fotos importantes. ¿Dónde están las mujeres dirigentes sindicales?

En su momento hicieron historia Mary Sánchez y Marta Maffei como el poder de las dirigentes de la Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera), un gremio con la marca de la protesta.

Ni Hugo Moyano, ni Pablo Micheli, ni Hugo Yasky, ni Antonio Caló aparecen rodeados de mujeres.

¿No haría falta una mirada femenina, ya que hay tantas mujeres trabajadoras?

En 2004 hubo por primera y única vez una primera dama sindical. Pero duró poco. Es raro que en un movimiento como el peronista, que tiene un cupo femenino para legisladores, no haya un cupo femenino para dirigentes sindicales.

Susana Rueda marcó un hito en la historia de nuestro país. Fue la primera mujer que llegó a la cúpula de la CGT. Formaba un gobierno tripartito con José Luis Lingeri y Hugo Moyano.

Es difícil de comprender que un en país con una presidente mujer no se promueva la presencia de mujeres en las reuniones sindicales. Para elaborar salidas a los reclamos de los trabajadores, ¿no haría falta una mirada femenina, ya que hay tantas mujeres trabajadoras?

Recuerdo un reportaje que le hice en 2004 a Susana Rueda en el que, a modo de anécdota, contaba que en el edificio de la CGT Azopardo había baños para mujeres en todos los pisos, menos en el piso donde están los despachos de los secretarios generales. Y ella para ir al baño tenía que recorrer un largo pasillo, pedir permiso para entrar al despacho de Hugo Moyano, ser observada por los guardaespaldas y el circuito cerrado de televisión, y una vez en el lugar, pedirle la llave a la secretaria del jefe. ¿Qué otra humillación hace falta para explicar por qué no hay mujeres en los lugares de poder del sindicalismo argentino?.

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