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Hormigas argentinas: de Zárate a Israel

Sociedad

Sin pasaporte ni visa, ni necesidad de someterse a controles aduaneros, hormigas originarias de áreas tropicales, pero "afincadas" en Zárate, al norte de la provincia de Buenos Aires, se instalaron en... ¡Israel!

"Se creía que habían llegado desde Brasil, porque es el país que más comercio tiene con esa región -cuenta Luis Calcaterra, investigador del Laboratorio Sudamericano de Control Biológico y uno de los autores del trabajo que acaba de publicarse en la revista Ecology Letters-. Hicimos un estudio muy grande en Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia, pero descubrimos que son originarias de esa zona de Buenos Aires, más precisamente, de un camping que se llama Las Tejas, en la planicie de inundación del río."

Se presume que la Wasmannia auropunctata, una especie conocida popularmente como "pequeña hormiga de fuego" y cuyos individuos, de color marrón claro, miden entre uno y dos milímetros de largo, debe haber atravesado el Atlántico y el Mediterráneo a bordo de barcos de ultramar. De hecho, bastó con que se hubiera trasladado una reina, porque tienen un sistema particular de clonación que les permite adaptarse a ambientes drásticamente diferentes.

"El hecho de que se reproduzcan por clonación explica que todas las hormigas que se vieron en Israel sean idénticas a las de Zárate -explica Calcaterra-. Por ahora están circunscriptas a ambientes urbanos, huertas, jardines... Pero estamos estudiando la posibilidad de que se extiendan a otras regiones y cuál sería su potencial distribución."

Estragos

Como integrante del Laboratorio Sudamericano de Control Biológico, con sede en Buenos Aires, hoy convertido en Fundación para el Estudio de Especies Invasivas, Calcaterra y colegas acaban de publicar otro trabajo en la revista Biological Control en el que describen una estrategia para controlar otra especie de hormigas argentinas que está causando estragos, esta vez en los Estados Unidos: la Solenopsis invicta.

Aparentemente, hubo dos eventos de introducción de estas "hormigas coloradas" originarias de América del Sur a través de buques mercantes que llegaban al sur de los Estados Unidos desde Clorinda, Herradura y Formosa en la primera mitad del siglo pasado.

Después de algunas décadas, las hormigas coloradas no sólo comenzaron a difundirse rápidamente, desplazando a la fauna nativa y llegando hasta California, sino que desde allí fueron introducidas en el Caribe, Australia, Nueva Zelanda, Taiwan, Hong Kong, Macao y China.

Hoy, están incluidas, al igual que Wasmannia Auropunctata, en la lista de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sólo en los EE.UU. se calcula que las pérdidas económicas (por daños agrícolas, a la propiedad y costos sanitarios) debidas a la infestación por hormigas coloradas rondan los seis mil millones de dólares anuales...

"Las coloradas u hormigas de fuego -detalla Calcaterra- son omnívoras, pero pueden pasar varias semanas sin comer. Se encuentran entre las cinco especies (tres sudamericanas y dos africanas) más invasoras que se conocen. Hacen montículos de hasta un metro de diámetro que pueden llegar a tener 250.000 obreras y 2000 reinas. Si uno los pisa, salen en masa y pican muy fuerte. Tienen un veneno, un alcaloide que en personas alérgicas puede llegar a generar un shock anafiláctico."

Para controlarlas, los científicos liberaron en sus áreas de invasión un tipo de mosca que les inyectan sus huevos. Después, las larvas migran a la cabeza de la hormiga, liberan una sustancia química que disuelve sus membranas y las decapitan. La larva se come literalmente a la hormiga de adentro hacia afuera.

En su ambiente natural, la hormiga de fuego es controlada por varias decenas de enemigos naturales, pero éstos están ausentes en los Estados Unidos. De allí que los científicos estén probando diferentes especies de moscas para equilibrar la expansión de las hormigas.

"Hasta ahora se liberaron seis especies de moscas decapitadoras en Texas y en Gainsville, Florida", cuenta Calcaterra, que está estudiando varias alternativas de control biológico para detener el avance de estas diminutos, pero voraces insectos..

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