Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Historias que inspiran: Pedro Segundo Díaz

Un puente para ayudar al norte del país

Comunidad

Desde hace más de 10 años dedica su tiempo a llevar alimentos y materiales a 6000 familias necesitadas en el norte de Córdoba y el sur de Santiago del Estero

Por   | LA NACION

-¿Don Toby no me lleva a ver a mi mamá que el taxi me cobra mucho?

Esas fueron las palabras que escuchó Pedro Segundo Díaz hace doce años y que le cambiaron la vida para siempre. Una mujer que conoció de casualidad en la ciudad de Córdoba quería visitar a su madre pero apenas había podido juntar el dinero para costear el viaje.

Cuando Pedro preguntó dónde era, obtuvo la más ambigua de las respuestas: "Ahiasito". Tras kilómetros y kilómetros de viaje, ahiasito resultó ser el minúsculo paraje La Batea, a 224 kilómetros al noroeste de Córdoba Capital, casi en territorio riojano, donde no viven más de 100 personas.

-Me cansé con el Torino -dirá Toby en una entrevista con la nacion-. Me quedé sin nafta de tanto andar.

Pero aquel viaje accidental se convertiría en algo trascendental para él. El paisaje lo deslumbró.

-Vi esa pobreza y me dije que algo tenía que hacer. Era terreno libre, descampado. Los ranchitos no tenían puerta. No había agua ni baño. Las personas comían guiso o hervían huesos varias veces. Eran más pobres que yo, y eso que yo nací y vivo en una villa.

Toby se quedó dos días en la zona. Sobre una mula que le prestaron, recorrió los ranchos separados por una distancia aproximada de 30 cuadras de tierra, pastizales y soledad. Volvió a Córdoba y le pidió ayuda a su patrón en la carnicería donde trabajaba.

Con un carro enganchado a su Renault Torino, empezó a viajar todos los meses para acercarle su ayuda a quince familias. Con el paso del tiempo, el número de personas se multiplicó y la asistencia también.

Según estimaciones de Toby, hoy son 2200 familias del sur de Santiago del Estero y 3500 del norte de Córdoba las que tienden su mano para que él les entregue un bolsón de comida, ropa, colchones o materiales cada 30 o 40 días.

Un apodo de película

Toby nació hace 51 años en un barrio marginal de la ciudad de Córdoba. Bautizado como Pedro Segundo Díaz, vivió en Villa Siburu, al margen del río Suquía, hasta los 10, cuando se escapó de su casa.

Su padre era alcohólico, y a él y a sus cinco hermanos los mandaba a pedir plata en vez de vestirlos para la escuela. Pedro llegó a hacer solamente hasta segundo grado de la primaria.

-Cuando yo era chico lo juzgaba a mi viejo, le tenía mucha bronca y lo quería matar. Pero ahora que soy grande, que soy padre y abuelo, lo entiendo. Uno tiene que pensar cómo habrá sido su niñez. -reflexiona ante la nacion Toby, mientras apura un tostado de jamón y queso y una gaseosa light en el bar Gente, en la esquina de Jujuy y avenida Colón, pleno centro cordobés.

Precisamente al lado de este bar, donde antaño había un terreno baldío y ahora hay negocios y edificios, Toby pasó los siguientes seis años tras haberse ido de la casa paterna. Durmió con un grupo de ocho adolescentes como él, sin techo y sin familia.

-Me junté con los pibes, pero mientras ellos se iban a hacer cosas, yo me quedaba con el cajón de lustrar zapatos en la esquina.

Toby vivía de las monedas que juntaba y de la ayuda que conseguía. Mientras el canillita de la esquina de enfrente le daba temprano por la mañana algunos diarios para vender por su cuenta, el dueño del bar le servía un café con leche de desayuno.

-Los muchachos que dormían conmigo eran terribles. Estaban en su salsa y siempre me invitaban a chorear una cartera. Pero yo no les hacía caso. Ahora están en la cárcel y los hijos de ellos hacen lo que ellos hacían.

A los 16 años, cuando el dueño de la carnicería de enfrente del bar lo tomó como ayudante, Pedro pasó a ser el Negro Toby. José María Sánchez vio que tenía fuerza y lomo para sacar las medias reses de los camiones y cortarlas. Le dio trabajo y una cama en su casa.

-Me puso este apodo porque decía que parecía al negro Toby de la novela Raíces -reconoce entre risas.

En la miniserie estadounidense de 1977, Toby era un esclavo africano que es comprado por un estanciero para que trabaje en su finca, cerca de Washington.

El paso de los años encontró a Toby con Beatriz, con quien se casó y tuvo cinco hijos varones y una mujer, que falleció al nacer. Él consiguió trabajo como camillero en el Hospital de Niños de Córdoba y junto a su familia se instaló en otra villa de la ciudad, donde levantó un comedor para 800 personas.

Pero el encuentro casual con la mujer que le pidió llevarla al norte de la provincia, en 2000, iba a cambiarle la vida. Dejó el comedor y posteriormente pidió licencia en el hospital.

Toby habla rápido, come rápido y se mueve rápido. Mientras dure el reportaje de media hora con la nacion, responderá tres llamadas, una de una radio local que lo entrevistará brevemente.

El ángel solidario

 
Toby con las donaciones. Foto: Irma Montiel
 

De lunes a lunes, la rutina de Toby está dedicada al prójimo. Se pasó la mañana en una escuela pública para mostrarle a los alumnos su proyecto, más tarde tendrá que buscar unas donaciones en una casa de familia y ya entrada la tarde visitará Villa Allende, una localidad cercana a la capital donde lo esperan cientos de vecinos con más productos.

Fuera del bar los esperan Miguel, de 16, y Lucas, de 17 años; dos vecinos que lo ayudan en su tarea.

-Los saqué de la calle para que no anden en cualquiera -destaca.

Los tres se mueven todo el día en una camioneta gris oscuro donde se promociona el proyecto solidario, teléfono y página Web incluida. Toby visita escuelas, habla con organizaciones y empresas, y golpea cientos de puertas sin descanso.

-En los colegios pasamos un video del norte y yo me escondo hasta que termina. Después aparezco y los chicos se largan a llorar, se conmueven y hasta me hacen firmar los cuadernos. Al otro día traen donaciones. A primer grado le pedimos leche, a segundo fideos, a tercero aceite, a cuarto azúcar, y así. Cada uno trae un poquito.

-¿Todos los días trabajás?

-Todos los días. A las 7 me levanto y salgo. A cualquier hora que me llaman voy -asegura-. Cama, colchones, comida, cocinas, mesas, sillas, papeles y cartones para vender., lo que sea. Todo me sirve. Y no paro. Mi mujer quiere que a veces descanse un poco, pero yo no. Para conversar conmigo se sube a la chata y me acompaña en los recorridos. Me tomé esto muy a pecho, muy a fondo.

Toby necesita llenar todos los meses un camión y un acoplado que le presta el gobierno cordobés para visitar 28 parajes en Córdoba y 22 en Santiago. Sumampa, Quincho, Paso Viejo, Serrezuela y Piedrita Blanca son algunos de los pueblos que atraviesa en más de 1000 kilómetros de viaje. Una veintena de personas, voluntarios anónimos, lo acompañan durante una semana. Cualquiera puede sumarse. La caravana parte desde el depósito.

-¿Cómo repartís la ayuda?

-Preparo mesones grandes de chapa y una fila de gente, y le doy un número a cada uno. Le entrego 8 o 10 artículos. Todas bolsas iguales. Y si alguien necesita un colchón, mesa o cocina, y tengo, le doy. A veces me pasa que, mientras duermo, hasta sueño con lo que me piden. Ahora necesito mucha leche porque no hay comida, y la leche es como una cena para ellos.

-¿Alcanza con eso?

-No. ¡Qué va a alcanzar! Imaginá que llevo alimentos para familias de 15 personas. ¿Cuánto les puede durar? Comen todo de una sentada. Ellos viven del bicho que se mueve en el monte. Comen lo que cazan.

-¿Y por qué lo haces?

-Porque sufrí mucho de chico. Sé lo que es la necesidad y que te falte un trozo de pan o un mate cocido.

La mayoría de las personas a las que asiste Toby son los más vulnerables: niños y adultos enfermos. Muchos están postrados en la cama y sufren el mal de Chagas. "Están pegados con la muerte", dice él.

Por su trabajo, Toby fue condecorado con los premios Jerónimo Luis de Cabrera (en 2002) y Personaje del Año (en 2004) en Córdoba, y Abanderados (en 2011) en Buenos Aires. Salió en programas de televisión y hasta inspiró el libro Toby. El ángel solidario, de Kitty Mariño, que con cada venta aporta ingresos a su proyecto.

-¿Cómo te autodefinirías?

-Yo soy un puente. Pido y muestro lo que pasa en el norte para que la gente pueda ayudar. Esto significa amor al prójimo. Y hacerlo durante doce años, no una sola vez.

-¿Mejoró en algo la situación de la gente?

-No cambió nada. Hay cada vez más pobreza.

-¿Qué es lo que más necesitás?

-Comida y plata para el gasoil, porque sin combustible no llegamos al norte. Yo pido, pido y pido. Dios quiera que algún día me escuche alguna empresa grande o el Gobierno para ayudar a la gente del campo. Allá hay pobreza; no en las ciudades donde la gente de la villa tiene trabajo y un celular.

Toby no deja de hablar mientras come y, casi al mismo tiempo, toma un trago de gaseosa. Apura medio tostado, pero guarda el resto para compartirlo con Miguel y Lucas. Parece respirar todo el tiempo la necesidad de pensar en el prójimo, de ser solidario.

-Mi mayor anhelo es darle la caña a esa gente del campo para que pesquen, no darle el pescado. Porque el día que yo no esté, ¿quién va a ir?

CORTA BIOGRAFIA DE UNA LARGA VIDA

PEDRO SEGUNDO DIAZ

Edad: 51 años.

Familia : casado y tiene 5 hijos.

Profesión : está de licencia como camillero en el Hospital de Niños de Córdoba.

Área de acción: todos los meses lleva alimentos y materiales a 6000 familias en el norte de Córdoba y sur de Santiago del Estero.

6000

Familias de bajos recursos

Son las que reciben bolsones de comida, ropa, colchones o materiales cada 40 días.

COMO COLABORAR

Negro Toby solidario

negrotoby@gmail.com

www.tobysolidario.com.ar.

TEMAS DE HOYAumento de la naftaDeclaraciones juradasCristina KirchnerPartido por la pazElecciones 2015