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Sin dar pelea

El dudoso beneficio de negociar sin recibir nada a cambio

Opinión

Mientras en el ámbito sindical se cuestiona la estrategia de adherir al Gobierno y esperar dádivas, los empresarios se resignan al rol de meros concesionarios de sus propias compañías, que podrían perder en cualquier momento

Por   | LA NACION

 
 

Algunos habitués de Marcelo, uno de los restaurantes de cocina italiana de Puerto Madero, tuvieron el martes que restregarse los ojos. Oscar Lescano, líder de Luz y Fuerza y miembro de la CGT Balcarce, conversaba animadamente en una de las mesas del fondo con Julio Cobos. Los propensos a la conspiración podrán pensar cualquier cosa, aunque no soslayar la más elemental: un peronista puede ser más o menos afín al Gobierno, pero se sienta a la mesa con todos. La otra interpretación es más osada: en el mundo kirchnerista, hablar con quien es considerado un traidor al proyecto nacional y popular pone en duda cualquier adhesión.

La lógica es cada vez más evidente. Carlos West Ocampo, secretario general del Sindicato de Sanidad, viene removiendo conciencias desde dentro de la CGT oficial. No sirve apoyar, argumenta, cuando a cambio no se recibe nada. Es lo que siempre pasa con el kirchnerismo. Los fondos adeudados a las obras sociales o la negativa a subir el mínimo no imponible de ganancias son ejemplos de esas señales que no llegan.

Es cierto que los desdenes hacia la CGT no perturban sólo a los sindicatos. Muchos empresarios temen encontrarse al final del camino con un frente gremial pródigo en pujas por ver quién reclama del modo más duro. Nada nuevo. Lo sufrieron este año los Bulgheroni con las protestas de Los Dragones, desprendimiento de la Uocra en Chubut. Los destrozos y el paro en Cerro Dragón ocasionaron pérdidas y dejaron a Pan American Energy fuera del incentivo del Gobierno para exportar petróleo a un precio más alto, sólo reservado a quienes aumentaran la producción respecto del año pasado. Resultado: la empresa podría perder este año unos 480 millones de dólares.

Néstor Kirchner entendía a la perfección este andamiaje gremial. Intentaba aplacarlo con una estrategia que llamaba, coincidencias del sector, "el bloqueo": centrar el diálogo con los trabajadores sólo en un dirigente. Así ungió a Hugo Moyano como único interlocutor durante muchos años.

Pero Cristina es distinta. Y le viene dando argumentos a Luis Barrionuevo, líder de Azul y Blanca, para que el gastronómico ensaye entre pares una teoría hiriente y despectiva: "los Gordos" no saben pelear, dice, porque están acostumbrados a adherir y recibir recompensas, no a negociar. Y agrega que, por lo menos, cuando eran menemistas recibían algo.

Lo que pasa en la CGT bien podría ser un espejo de lo que viven los empresarios. Y un anticipo de lo que vendrá. Principalmente para ejecutivos que empiezan a percatarse de que la embestida final contra Clarín será el hito de una nueva etapa que ya venía anticipando Guillermo Moreno. "El que no esté en condiciones de manejar la empresa que entregue la llave", suele decirles el secretario de Comercio.

Hace tiempo que entregaron la llave. Algunos de ellos lo llaman "modelo de la caja única": utilidades, exportaciones, importaciones, inversiones y administración de divisas son partes de un todo que es la Patria y que gerencia el Gobierno. Es duro de admitir: significa la conversión de todos, poderosos o no, en simples concesionarios. No es casual que en algunas corporaciones la sensación venga acompañada de cierto alivio. Porque decisiones como incorporación o despido de personal son ahora menos difíciles de tomar. Lo justifican así: si Moreno agarra el lápiz azul y autoriza precios, importaciones, etcétera, se invierte; si agarra el colorado, se ajusta.

No hay motivos para pensar que una sociedad por lo general hostil hacia el establishment, estatista y partidaria del subsidio no acompañará esta noción. ¿De qué otro modo podría entenderse la inédita reclusión en que han caído las cámaras, que se resignan incluso a no reclamar por intereses propios, su única razón de ser?

Si ni la Bolsa ni la Asociación Empresaria Argentina ni la Unión Industrial ni ninguna entidad de bancos emitió comunicados o quejas sobre el proyecto de reforma del mercado de capitales, podría interpretarse que están a favor. Pero la iniciativa inquieta a todos, aun a quienes no cotizan en bolsa, porque incluye, por ejemplo, sanciones por operaciones administrativas sin la necesidad de sumario previo. Jorge Brito, Eduardo Eurnekian y Marcelo Mindlin son algunos de quienes han recibido advertencias en los últimos meses por comprar dólares. Y otros empiezan a temer que el Gobierno vigile una de las últimas opciones de acceder a las divisas: el contado con liquidación, que consiste en comprar un bono o acción que cotiza aquí y en el exterior y venderlo en la plaza extranjera contra un tipo de cambio que ayer oscilaba en los 6,90 pesos. No es casual que ese dólar, llamado "arbitraje", haya subido 36% desde marzo.

Nadie ha explicado mejor este nuevo paradigma que Axel Kicillof. "Seguridad jurídica y clima de inversión son dos palabras horribles", dijo en abril en el Senado, cuando acusó a los empresarios de estar acostumbrados a "hacer lo que se les canta". Tanta elocuencia no le alcanza todavía al profesor de la UBA para desterrar dudas en algunos directorios. ¿Cómo hará, se preguntan ahí, para manejar una economía capitalista quien no cree en el capitalismo? Los engendros suelen ser peores que un mal original.

Habrá que convivir. Lo entendió Daniel Funes de Rioja, presidente de Copal, cámara que nuclea a firmas alimenticias, en la reunión que tuvo hace dos viernes con funcionarios de la AFIP y el Banco Central. Las empresas reclaman 300 millones de pesos que el Estado les debe en reintegros de IVA a las exportaciones, retraso que deriva, en parte, de una situación que antes no existía: una simple irregularidad en un embarque bloquea el CUIT de la compañía, que queda inhibida de cobrar por otras operaciones. Mientras tanto, se haya o no recibido el reintegro, hay que pagar impuestos como si se los hubiera cobrado.

Matías Kulfas, gerente general del Banco Central y uno de los presentes, les pidió a los ejecutivos que le mandaran por correo electrónico los casos con dificultades que atribuyó a errores formales de firmas o bancos. Y José Bianchi, subdirector General de Recaudación de la AFIP, ofreció armar una mesa de trabajo para analizar periódicamente cada situación presentada. Se comprometió además a resolver aquellas que, aun con el CUIT desbloqueado, todavía no hubieran cobrado.

El resultado del encuentro fue pobre. A pesar de que Funes de Rioja había llevado una carpeta con todos los casos, desde el Gobierno se comunicaron después con la cámara para pedir la lista por correo electrónico. Habrá que tener paciencia. Ya Beatriz Paglieri, secretaria de Comercio Exterior, se había quejado en mayo de no dar abasto con los expedientes de resolución de licencias no automáticas para importar, que ella calculó en 30.000 por mes. No hay peor heterodoxia que negociar con gente sobrepasada.

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