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Elecciones en EE.UU., un sistema en desuso

Opinión

El Colegio Electoral, un sistema del pasado en la mayoría de las democracias del mundo sigue vigente en los Estados Unidos, aunque en permanente debate y bajo sospecha.

Se le atribuyen ciertos rasgos sobre los que sería conveniente detenerse a reflexionar: se constituyen con electores por estado -que votan al presidente- proporcionales al número de representantes que tienen los mismos en el Congreso. El problema es que en algunos estados -por su baja densidad poblacional- el número de votos mínimos necesarios para elegir un candidato al Congreso es mucho más bajo que en otros. De otra manera se generaría una gran desproporción entre el número de representantes por estados o, en el peor de los casos, algunos estados no tendrían representantes y, por lo tanto, electores en el Colegio Electoral, comprometiendo lo que para los seguidores de esta metodología consagra el espíritu mismo de la constitución norteamericana: el federalismo expresado en la mirada de sus padres fundadores.

A este sistema se lo llama de representatividad indirecta y tiene como arista más oscura la dilución del valor individual del voto en algunos distritos electorales, y su consecuencia política más grave se vio reflejada en las elecciones presidenciales de 2000 cuando Al Gore perdió la presidencia aun habiendo conseguido más de medio millón de votos (543.895) por encima de su oponente George Bush. Esto ya había ocurrido otras veces en la historia de los Estados Unidos.

Rutherford B. Hayes consiguió 4.036.298 votos populares y 185 votos electorales para ganar la presidencia. Su adversario, el demócrata Samuel J. Tilden ganó el voto popular con 4.300.590 votos, pero sólo alcanzó 184 votos electorales. Dado el estado de relativa excepción en el que vivían instalados los Estados sureños que habían formado parte de la Confederación de Estados Americanos, donde los blancos -inactivos políticamente en los años anteriores- decidieron tomar parte en las elecciones (al tener Tilden, un candidato demócrata, claras posibilidades de ganar), y los negros eran llevados a votar en masa por los republicanos; existen serias dudas acerca de la legitimidad del proceso electoral, que muchos consideran que fue un fraude masivo en favor del republicano Hayes.

En 1888, el total de votos electorales era de 401, por lo que era necesario obtener 201 para ganar. El candidato republicano Benjamin Harrison consiguió 5.439.853 votos populares y 233 votos electorales. Harrison se convirtió en presidente. Su adversario, el demócrata Grover Cleveland, se llevó el voto popular con 5.540.309 sufragios, pero sólo obtuvo 168 votos electorales. En este caso no existió la menor duda sobre la legitimidad de la victoria.

A este sistema se lo llama de representatividad indirecta y tiene como arista más oscura la dilución del valor individual del voto en algunos distritos electorales

Para la geografía política crítica cada sistema electoral lleva aparejado una forma subyacente de manipulación territorial que permite a los partidos hegemónicos obtener ventajas sobre la oposición y, en algunos casos, a ciertos actores perpetuarse -mediante este instrumento de capitalización de poder político-, más allá de la erosión sufrida en lo que atañe a su poder real en la sociedad.

El caso norteamericano lo ilustra con claridad: los estados que comprenden el Outback o la norteamérica profunda con bajas densidades de población y habitados predominantemente por "wasp" (acrónimo que refiere a la población blanca, anglosajona y protestante) son literales bastiones conservadores que consagran siempre a candidatos republicanos. Estos poseen umbrales numéricos de voto por representante más bajos que el resto de los estados de la Unión.

El problema no parece ser tanto el de una sobre-representación de los estados con poca población, sino el de una sub-representación de los estados densamente poblados. Es el caso de las grandes cuencas metropolitanas como Chicago (Illinois), San Francisco (California) o Boston (Massachusetts) que tienen mayor desarrollo de la sociedad civil debido a los altos niveles de educación, una rica experiencia participativa (y una profusa herencia de luchas obreras), pero ven minimizado su poder electoral. Y esto repercute negativamente en las aspiraciones demócratas.

En Brasil, la sub-representación del estado de San Pablo adquiere ribetes especiales. Producto del criterio de "proporcionalidad" que le confiere a cada estado una cantidad mínima obligatoria de representantes con relación a su propia población, cada voto de Acre-estado nordestino equivale a 17 votos Paulistas. Y la lista continúa.

Independientemente del resultado, el tema ya se convirtió en objeto de debate interdisciplinario en los foros académicos más importantes del mundo

Entonces, ¿qué sistema es el más pertinente? La Argentina modificó el suyo en 1994 y esto generó una presencia proporcional mucho más significativa de la provincia de Buenos Aires, que pasó de tener 27 por ciento de los electores a 38 el total. Algunas provincias pequeñas fueron las más perjudicadas: la incidencia de las 10 provincias más pequeñas decreció del 23 al 3,6 por ciento del total.

Los argumentos por el cambio del sistema son sólidos. Por un lado, los estados que contienen vastos territorios urbanos piden más representatividad, lo que se traduciría en más representantes y electores. Y tienen razón: ¿por qué aceptar un voto devaluado si son precisamente estas áreas las que contribuyen de manera porcentual más significativamente al total del PBI?

Por otro lado, los estados predominantemente rurales expresan su preocupación central: frente a lo que se percibe como una amenaza por la posible pérdida de peso específico de sus electores que un sistema no colegiado podría acarrear, ¿qué mecanismos alternativos tendrán para defender con la misma fuerza sus intereses, proyectos y aspiraciones preservando su integridad regional?

Independientemente del resultado de estas horas en los EE.UU., el tema ya se convirtió en objeto de debate interdisciplinario en los foros académicos más importantes del mundo y clama por soluciones originales que calibren y contemplen las necesidades y legitimidades cruzadas. El objetivo es uno: que permitan formas de representatividad más transparentes y democráticas..

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