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El escenario

El desafío de un nuevo activismo

Política

Hoy habrá un nuevo cacerolazo, que todos los observadores presumen más caudaloso que el del 13 de septiembre (13-S). Al cabo de una década, una corriente social vuelve a las calles para manifestar su malestar. En 2001 la consigna fue "que se vayan todos". Ahora parece ser "que aparezca alguien".

Los que se concentrarán en muchas ciudades del país y del exterior protestan contra un gobierno que hace apenas un año consiguió el 54% de los votos. Pero, en realidad, ocupan el espacio público como consecuencia de otro porcentaje: entre esa administración triunfante y quienes deberían limitarla se abre un vacío de 37 puntos. El cacerolazo nace allí. Expresa un malestar sin instrumento. Es el hijo del alarmante déficit de representación que amenaza a la política.

La de hoy es una manifestación difícil de ser pensada. Carece de conducción. Carece de espontaneidad. En su fondo operan novedosas modalidades de coordinación. Intercambios de mensajes propios de la era digital. Modos desconocidos de activismo. Esos actores, esos procedimientos, producen efectos inesperados y, por lo tanto, inquietantes para la dirigencia establecida. El 13-S no pudo ser anticipado por los líderes políticos ni por los medios de comunicación. Para entender a la sociedad-red, como la llamó Van Dijk, hay que ajustar la percepción.

El 8-N se generó y evolucionó en Facebook y Twitter. Son plazas virtuales, en las que los ciudadanos comparten visiones y orquestan iniciativas. La web no es un campo homogéneo. Contiene sitios donde la interacción es más intensa. En la organización del cacerolazo de hoy fueron decisivas direcciones como @ElCipayo , el AntiK, las cuentas de Luciano Bugallo, el blog Argentinos Indignados o @marcepcsolution , con más de 216.000 seguidores.

Los autores de esos blogs y cuentas de Facebook y Twitter se están relacionando desde las incipientes manifestaciones de junio. En la misma red se producen reuniones reservadas, de menos de diez operadores, que pactan consignas para luego divulgarlas entre la muchedumbre de usuarios. Los líderes no son más de 50. Hay subgrupos de 5 o 6 que tienen encuentros reales en sus casas.

Así nació el 8-N. Concluida la movilización del 13-S, alguien -imposible rastrear quién- propuso una nueva edición para el 1º de octubre, en el Monumento de los Españoles. Comenzó un debate sobre la inconveniencia de realizar convocatorias tan frecuentes. De pronto apareció otra invitación: 28 de octubre. Un domingo. Muy extraño. Se sospechó una maniobra del Gobierno. En esa instancia comenzó a funcionar aquella liga de blogueros de la que surgió la cita de hoy. El criterio fue fijar una fecha lejana, que no diera lugar a confusión y permitiera organizar el movimiento. Había que evitar viernes, sábado o domingo. Estos megadistribuidores de mensajes son un imán para organizaciones nacidas con finalidades específicas. Es el caso de Será Justicia #8N, una red de abogados enojados por la manipulación judicial del kirchnerismo.

También reaparecen asociaciones virtuales más antiguas, que surgieron en 2008 durante el conflicto del campo. No es casual que los cacerolazos de este año hayan comenzado cuando Daniel Scioli impulsó el revalúo bonaerense.

Un signo distintivo de este movimiento es el malhumor ante los intentos de cooptación opositora. La bendición de Mauricio Macri, por ejemplo. Elisa Carrió fue más astuta: procuró identificarse con la protesta reclamando a sus colegas que no la contaminen de proselitismo.

En la incesante asamblea digital se acordaron los puntos de encuentro para este 8-N ( bit.ly/U1o7Ol ) y algunas de sus consignas. Indignados Argentinos propuso "Basta de inseguridad. Basta de corrupción. Basta de cortar libertades. Basta de mentirnos". Desde que el 13-S la agencia AP la hizo rebotar por el mundo, "Cristina, devuelvan el país" fue otra bandera favorita. Esta vez habrá globos con la leyenda "Stop corrupción".

El cacerolazo se alimenta de los entredichos de las últimas semanas. Un grupo de amigos de Paula de Conto, la despachante de aduana que denunció a Guillermo Moreno por malos tratos, irá con una bandera que dice: "Cuando los que nos representan pierden la vergüenza, los que obedecemos perdemos el respeto". Los abogados de Será Justicia prepararon adhesiones a los consejeros de la Magistratura que resisten las propuestas del kirchnerismo. Como en la edición anterior, habrá carteles críticos de Scioli.

Los rasgos autoritarios del Gobierno son el gran motor del 8-N. Entre los cibernautas del cacerolazo circula un video con escenas del film V de Venganza (James McTeigue, 2006), con diálogos adaptados a la resistencia al kirchnerismo. El protagonista, el enmascarado "V", promueve la resistencia contra un gobierno opresivo ( bitly.com/S4kaGh ). No debería sorprender que hoy en el Obelisco haya gente disfrazada de "V".

A diferencia del 13-S, este 8-N tiene una visibilidad que obligó al oficialismo a hablar de él. Y, por lo tanto, a agigantarlo. La primera reacción ante estas marchas fue la vigilancia. En los tímidos cacerolazos de Callao y Santa Fe, en junio, aparecieron unas Traffic blancas sin identificación y con sofisticadas columnas desde las cuales cuatro cámaras paneaban los 360° de la escena. ¿Quién las habría mandado? Esta vez no fue Magnetto. Tampoco debe haber sido él el autor de los correos electrónicos que convocaban al Obelisco "a pesar de que puede haber infiltrados, de que nos puede registrar la SIDE, de que nos pueden mandar a la AFIP". Linda manera de alentar.

Pero el kirchnerismo es incontinente. En los últimos días el diario paraestatal Tiempo Argentino reprodujo uno de esos cuadros de contactos con los que la Secretaría de Inteligencia alimenta con complots las paranoias de sus jefes. Cristina Kirchner utiliza esas geometrías para interpretar la realidad ( bitly.com/T5HWzL ). Uno de los promotores del 8-N, el ignoto Mr Bugman, contestó el diagrama con otro, una parodia delirante ( bitly.com/WzZ9qS ). Lo más curioso es que ambas conspiraciones se parecen.

Convertidos en los verdaderos organizadores de la protesta, los voceros del Gobierno se lanzaron a sumar caceroleros. Aníbal Fernández dijo que la concentración sería de ultraderecha -nadie mejor que él para saberlo-; y Julio De Vido, que carecía de ideología. Andrés Larroque agregó una columna insultando al socialismo. Y Cristina Kirchner regresó a la cadena nacional. No recuerda que durante el conflicto con el campo sus discursos agrandaban los piquetes. Ayer el aporte se completó con un apagón que recordó una crisis energética que, como la inflación o la inseguridad, los funcionarios niegan.

Desde la blogosfera oficialista se lanzaron videos con el título #8N Yo no Voy. Enumeran los motivos por los cuales el que hoy se quede en su casa no tiene que sentirse desubicado, sino orgulloso ( bitly.com/RJyBO2 ). ¿Se adjudicará la Casa Rosada el número de los que no salieron a la calle? El kirchnerismo lanzó también una campaña de reivindicación del 7-D, día que vence la cautelar que beneficia al Grupo Clarín. Pero no logró eclipsar la de los quejosos ( bitly.com/UafeMy ).

La reacción oficial, más allá de su torpeza, es comprensible. Si se lo mide por la ola que levanta en la Red, el 8-N sería más voluminoso que el 13-S. La cantidad de tweets que hace una semana se referían al cacerolazo de hoy son 8 veces las que hablaban del de septiembre con igual antelación.

Es llamativo cómo un gobierno obsesionado con los medios de comunicación no logra interpretar el universo de intercambio de mensajes que inauguraron las redes sociales de Internet. El impacto político de este movimiento es muy dispar. Puede arrinconar a los que mandan, como se vio en Filipinas (2001), en España (2004, 2011-12), en Moldavia (2009) o en el Magreb (2011-12). O puede reforzar reacciones autoritarias, como ha ocurrido en China, en Irán o en Cuba, donde el mes pasado detuvieron a la bloguera Yoani Sánchez.

Aunque los resultados sean variados, la novedad es la misma: Facebook y Twitter son la ampliación desmesurada de la esfera que se abrió con la imprenta y que creció con el correo, el telégrafo y el teléfono. La "generación del mensaje de texto" alimenta los cacerolazos a escala global. Promueve a nuevos militantes, potencia organizaciones no gubernamentales, anima a la sociedad civil. Muchos ciudadanos encuentran en la Red un instrumento de intervención en la vida pública y se conectan entre sí. Unidos y organizados..

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