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El análisis

Culpable se busca

Buenos Aires

En estas condiciones, las empresas no invierten y los materiales se deterioran

Por   | LA NACION

 
 

Lo mejor que le puede pasar al Gobierno es encontrar un culpable para las fallas que tuvieron ayer dos líneas de 220 kilovoltios de Edesur . Tal vez no aparezca nunca, a pesar del exhaustivo sobrevuelo que hacía un helicóptero de Gendarmería entre Hudson y Buenos Aires, tramo de ese tendido de alta tensión. Será el único modo de darle razones a un sistema que, como nunca en las últimas dos décadas, ha quedado librado a la Providencia.

La lógica fue inaugurada por Julio De Vido el 8 de agosto de 2003, durante un encuentro de la Unión Industrial Argentina. Habían pasado unos días de la caída de tres líneas de alta tensión y el ministro atribuyó el accidente a la presión de las empresas para aumentar las tarifas. "En la Argentina no hay falta de inversión en generación, así que, si hay apagón, es porque alguien bajó la llave", dijo.

Pero la búsqueda se vuelve acaso absurda en un sistema que viene, desde 2002, cediendo atribuciones al Estado hasta extremos insólitos. La última extravagancia es salarial: desde principio de año, quien paga los aumentos de sueldo de los empleados de la mayoría de las compañías -muchas de las cuales, como Edesur, están controladas por corporaciones multinacionales- es el gobierno argentino.

¿Está el fisco en condiciones de destinar a esos fines los 24 millones de pesos mensuales que cuesta el aporte? Es lo que ha decidido el Gobierno, a cambio de no otorgar incrementos de tarifas. Entre 2002 y 2011, mientras los costos de las distribuidoras se multiplicaron por nueve, sus precios subieron apenas un 60%. Ahí anduvo, desde enero, parte del tiempo de Oscar Lescano, secretario general de Luz y Fuerza: en negociar, todos los meses, que esa suma efectivamente se desembolsara.

Fatiga en los materiales

Nada es gratis ni en la economía ni en la física. En estas condiciones, las empresas no invierten y los materiales se deterioran. Habrá que tenerlo en cuenta para el verano. Algunos indicios empiezan a percibirse. Veinte turbinas de la central de Yacyretá, uno de los pocos orgullos energéticos que puede exhibir el Gobierno -subió en 800 megavatios la generación del país al aumentar la cota de 78 a 83 metros sobre el nivel del mar-, vienen sufriendo fisuras en sus alabes. No están claras las razones: aparentemente, haberlas usado durante casi 15 años por debajo de su potencia de diseño (preparadas para 150 megavatios, funcionaron a no más de 120 hasta la ampliación), habría provocado cavitación, vibraciones y averías en las máquinas.

Lo del apagón de ayer pudo haber sido cualquier cosa. Las empresas no descartaban anoche un atentado. Ni que se hubieran combinado, una vez más, la mala suerte y la desidia de un sistema al límite. Una junta explosiva que volvió a reclutar a un antiguo soldado de las filas oficiales: Roberto Baratta, el coordinador del Ministerio de Planificación que había perdido protagonismo con el advenimiento de Axel Kicillof y sus técnicos y que ayer recuperó atribuciones telefónicas ante las distribuidoras. Con la emergencia no se ensaya. Lo mismo pasó a mitad de año cuando, acorralada por los bloqueos de Camioneros en varias plantas fabriles, la presidenta Cristina Kirchner recuperó a De Vido como negociador.

Cortes rotativos secretos

Baratta fue, así, el único gestor para suplir los 2000 megavatios que, con la caída de las líneas, faltaron de las centrales Costanera, Puerto y Dock Sud. Nunca es sencillo hacerlo, pero pocas veces tanto como ayer, con temperaturas superiores a los 30° y la demanda de oficinas y domicilios en el punto más alto desde el 22 de febrero.

¿Cómo hacerlo con tan poco margen de maniobra? Se apeló entonces a un viejo recurso: el Centro de Movimiento de Energía (Sacme) instruyó a Edenor a dar de baja ocho subestaciones para reconfigurar el sistema y tapar el peor bache en la Capital Federal, vidriera de los problemas argentinos. Se desabasteció, por lo tanto, a otras zonas del país. Una idea largamente conocida en el sector, cuyos ingenieros la llaman "Cortes rotativos secretos". O, con menor malicia, intento de evitar más costos políticos. Nada nuevo: es el corazón de la política energética de los últimos años.

antecedentes de apagones

Tal vez el más recordado sea el del 16 de febrero de 1999, cuando 70.000 usuarios de Edesur se quedaron sin luz durante dos semanas, pero el 2 de diciembre de 1999 fueron cuatro millones los afectados por un acto de sabotaje que provocó la caída de tres torres de alta tensión en Olavarría y Bolívar..

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