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Opinión

La clase media quiere que la bajen cuanto antes del ring

Política
 
 

¿Seguro que sos de LA NACION? No serás de los servicios vos, ¿no? Por las dudas no te digo mi nombre.

-¿Le parezco de la SIDE?

-[mira de arriba a abajo].

-¿Y usted por qué vino, señora? ¿Qué quiere que pase con esta marcha?

-Quiero que la Presidenta escuche, y que por ejemplo se saque de encima a su vicepresidente, que se nos ríe en la cara.

-¿Pero usted quiere que la Presidenta renuncie?

-Para nada. Quiero que termine como corresponde. Pero que diga las cosas como son y que haga lo que tiene que hacer. Que no nos mientan más.

Cuéntame tu aldea y contarás el mundo. Cuéntame tu pequeño diálogo y contarás la marcha. Algo debe estar comunicando mal el Gobierno que juzgó a los genocidas para que una señora de alrededor de 60 tenga miedo a las represalias por opinar.

La señora pertenece al colectivo más vapuleado, discriminado y ridiculizado de los últimos años: la clase media.

Si el Inadi hubiera actuado de oficio, bien podría haber formalizado una denuncia cuando desde un atril rosado se la trató de egoísta, de golpista y de fomentar un statu quo social para que los pobres sigan siendo pobres.

Además de todos los reclamos puntuales, quizás el 8-N haya sido el pedido de la clase media para que la bajen de un ring al que no entiende por qué fue subida.

Hay dos ideas que el Gobierno intenta convertir en postulados inapelables:

1. En octubre de 2011 el pueblo expresó su voluntad.

2. Si alguien no está de acuerdo con lo que el pueblo eligió, que lo haga saber a través de una propuesta en 2013 en las urnas.

Frente al reclamo por el Indec, la tragedia de Once, el desabastecimiento energético, el caso Ciccone, el gobierno nacional sólo atina a mostrar aquella foto del 54 por ciento. Se niega la película. La realidad es aquel primer fotograma.

Ante la carencia de una oreja oficialista que la escuche y una voz opositora que la represente, este colectivo dio un paso importante: intentar transformar el malestar en una acción. Lo que aún no es político al menos ya es terapéutico. Se veía en las caras de alegría, tal vez de alivio. Siempre movilizarse genera una sensación liberadora frente a la idea de que la realidad no va a poder ser modificada.

¿Qué hizo el Gobierno frente al cacerolazo anterior del 13 de septiembre? Les pidió a los manifestantes que encuentren una voz y que se hagan escuchar en las urnas. En buen romance: los invitaron a postergar su frustración hasta 2013.

Argumentalmente fue brillante. Psicológicamente, todo lo contrario.

El Gobierno sirvió su plato de la casa: escaló el conflicto. Redobló.

Su expresión máxima fue el martes pasado, cuando en una forzada remake del peronismo de fines de los 40, alguien dijo: "Lo único que les pido a los argentinos es que hablemos con la verdad. Si no te gusta el Gobierno por los derechos humanos, ¡decí que es por los derechos humanos! Y si no te gusta el Gobierno porque a los que antes eran pobres vos podías contratarlos por dos mangos y ahora no podés, ¡decilo también! ¿Cuál es el problema?".

Si alguien tenía dudas acerca de ir al acto, ante semejante acusación no dudó.

¿Quién dijo que la movilización fue espontánea? Tuvo un claro organizador: el propio Gobierno..

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