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El pulso político

En defensa de un valor supremo: la libertad

Política

Frente a la consigna "Unidos y organizados", hoy de moda en el kirchnerismo, los protagonistas del 8-N impusieron la suya: "Unidos en libertad".

En ese valor supremo, el de la libertad, pueden resumirse la mayoría de las demandas y de los lemas puestos anoche de manifiesto en las calles a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Y es que no puede haber libertad si hay miedo, si no hay seguridad y si no hay independencia judicial.

La de anoche fue la expresión de una sociedad que no quiere dádivas del Gobierno, pero que tampoco acepta que los funcionarios le digan qué debe hacer con sus ahorros. Fue una protesta ante un Estado ausente a la hora de proteger a la población de la delincuencia o de combatir la corrupción pública, pero paradójicamente muy presente para controlar a cualquier ciudadano que aspira a hacerse de un puñado de dólares o a viajar al exterior.

No resultó casual que el éxito de la movilización espontánea del 13 de septiembre sucediera poco después de que la presidenta Cristina Kirchner cometió el desatino de afirmar que había que temer a Dios y a ella "en todo caso un poquito". Curiosamente, varios representantes del oficialismo contribuyeron en los últimos días a fogonear la protesta, con declaraciones hirientes, imprudentes e innecesarias, como Aníbal Fernández calificando a los impulsores del 8-N como "una facción de ultraderecha paga" o como Andrés Larroque tildando de "narcosocialistas" a las huestes de Hermes Binner.

Sin quererlo, esos dirigentes kirchneristas, con sus propias torpezas, sumaron argumentos para justificar la protesta callejera. No se percataron, tal vez, de que la movilización fue pensada también en contra de un estilo de gestión basado en el miedo y en la persecución de quienes hacen públicas sus diferencias con las políticas gubernamentales.

Entre las multitudinarias manifestaciones registradas anoche y el apagón del día anterior -síntoma del colapso del sistema energético- surge un dato común: el Gobierno ha perdido el dominio de la agenda pública.

Ambos hechos dan cuenta de otra contradicción. Desde la Casa Rosada se habla del futuro y se descalifica a muchos opositores como nostálgicos del neoliberalismo noventista o de la dictadura militar. Sin embargo, el Gobierno no hace más que recrear en gran parte de la sociedad los peores temores del pasado, tanto en materia económica (inflación, ineficiencia de los servicios públicos, estatismo y restricciones cambiarias) como por el empleo de los organismos del Estado para controlar a la ciudadanía.

Por eso, será vital cómo interprete el Gobierno el mensaje de los manifestantes. Si pretende escudarse con el 54% de los votos obtenidos un año atrás, es probable que siga perdiendo adhesiones y hasta que figuras como Daniel Scioli o Sergio Massa comiencen a profundizar sigilosamente su distancia del kirchnerismo..

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