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Series, detrás de escena

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Espectáculos

Cómo se hacen Glee y American Horror Story, dos de las series más comentadas de los últimos años, que comparten creador, Ryan Murphy, y estudio en Hollywood

Por   | LA NACION

LOS ÁNGELES.- Es una mañana neblinosa como muchas otras mañanas en esta ciudad. Sin embargo, hoy el fenómeno climático se vuelve efecto cinematográfico. Es que justo cuando se traspasan los arcos gemelos de los estudios Paramount y se vislumbra el famoso mural que reproduce un cielo celeste apenas nublado, el sol californiano hace su aparición empujando a la niebla fuera de la fantasía hollywoodense. Precisamente acá, en este estudio que funciona desde 1926 en el corazón de Hollywood -el barrio, no la industria que tomó su nombre-, el sueño de la ficción continúa intacto. Dentro de los enormes galpones que se llaman stage ("escenario") se graban dos de las series más vistas y comentadas de los últimos tiempos: American Horror Story y Glee, cuya cuarta temporada se estrenará el jueves, a las 22, por Fox. Aunque la historia transcurre en la secundario McKinley, ubicado en el pueblo de Lima, Ohio, lo cierto es que todos los ambientes donde se desarrolla la comedia musical creada por Ryan Murphy están acá, en el galpón 12, construido en 1929, donde se filmaron películas como El bebe de Rosemary, Fiebre de sábado por la noche, Top Gun y La caza del Octubre Rojo. Allí se ve la sala de ensayos con los instrumentos de verdad -están el piano y la batería-, en el que el grupo de estudiantes practica sus rutinas. Esas que el último año los transformaron en los campeones nacionales de coros escolares, como bien demuestra el enorme trofeo que descansa en la vitrina.

Hace unos minutos las cámaras estaban grabando acá, pero ya avanzaron hacia el pasillo del colegio que está decorado para el episodio de Navidad, igual que la sala de maestros donde la irreprimible Sue Sylvester suele fustigar a sus colegas. Especialmente al bueno de Will Schuester, interpretado por el actor y cantante Matthew Morrison. "Éste es un trabajo, un muy buen trabajo, pero un trabajo al fin. Claro que un día te podés cruzar con Gwyneth Paltrow y descubrir que sabe cantar o con Kate Hudson y quedarte sorprendido por cómo baila", dice Morrison, que ya terminó sus escenas del día y por ahora no compartió escena con ninguna de las dos actrices que se incorporaron a la serie este año. Es que para cruzarse con las "nuevas" tendría que caminar unos pasos y viajar de un lado al otro del estudio, de Ohio a Nueva York.

Gracias a la magia o más bien a los rigores de la producción televisiva, apenas unos pasos separan a la pueblerina escuela de la sala de baile del conservatorio ubicado en la Gran Manzana, donde la ambiciosa Rachel (Lea Michele) irá a estudiar y se chocará de frente con Cassandra July, la exigente instructora que interpreta Hudson.

Los amplios ventanales del lugar dan a una típica calle neoyorquina, que, en realidad, es una gigantesca fotografía que cuelga como si fuera una cortina de baño y se corre cada vez que las cámaras apuntan para su lado. Detrás de ella, unos arbolitos de hojas amarillentas contribuyen a simular el otoño durante el que transcurrirán los primeros episodios de la nueva temporada, que intentará lo casi imposible: seguir a sus protagonistas una vez graduados de la secundaria en la que los conocimos.

Modelo para seguir

"Kurt está en una encrucijada. Llegó a Nueva York con un sueño y la vida lo llevó hacia otro lado. Tendrá que decidir qué es lo que realmente quiere para su vida", cuenta Chris Colfer, el actor que interpreta al mencionado Kurt, uno de los personajes insignia del programa. Ese que apareció en tapas de revistas varias por ser uno de los primeros -y ciertamente el más popular- de los adolescentes abiertamente homosexuales de la ficción televisiva.

Colfer, cantante y actor intuitivo que dice haber aprendido a trabajar para la cámara gracias a las innumerables horas que pasaba frente al televisor de chico, sabe que su papel lo transformó en modelo por seguir para muchos chicos como él, jóvenes que sufrieron acosos y maltratos por su orientación sexual y para los que Kurt y el programa se transformaron en algo más que entretenimiento. Esa responsabilidad, dice, no es algo que se tome a la ligera. "Especialmente porque desde el principio estuvo claro que Kurt es un mini-Ryan Murphy. Él mismo me lo hizo saber", sonríe Colfer, que este año tendrá el privilegio de jugar muchas de sus escenas con Sarah Jessica Parker en su primer papel para la TV desde que clausuró la etapa Sex and the City. Mientras Colfer habla, un asistente lo espera impaciente, porque es hora de volver a grabar en el loft que su personaje comparte con Rachel en Brooklyn, un espacioso ambiente que, aunque en la ficción esté a miles de kilómetros de distancia física y cultural de Ohio, en realidad queda justo a la vuelta de la esquina de la oficina de la entrenadora Sylvester, donde un grupo de porristas están colgando sus pompones al final de un arduo día de trabajo que comenzó a las seis de la mañana.

A esa hora empezaron a calentar los músculos para bailar y la garganta para cantar el número musical que el coreógrafo Zach Woodlee y el director Adam Shankman (La era del Rock) prepararon para la jornada. Pasadas las 20, el dúo sigue en un rincón del estudio preparando los movimientos para la escena de mañana. Es temporada alta de grabaciones por estos lados y no son raras las jornadas de trabajo de más de catorce horas ni las caras de cansancio detrás de las sonrisas de los integrantes del elenco como Darren Criss, que interpreta al talentoso cantante Blaine, y Cory Monteith, que forma parte del grupo de veteranos ya graduados de la secundaria que seguirán apareciendo en el programa. Al mismo tiempo, un nuevo grupo de alumnos llegará a ocupar sus lugares en las aulas (ver aparte). Y en el cuadro de honor de los espectadores que los aman.

Para morirse de miedo

Cuenta la leyenda que en el escenario 17 de los estudios Paramount se filmó la película Poltergeist. Los que trabajan allí repiten la historia, aunque oficialmente esté documentado que acá se hicieron programas de televisión mucho menos terroríficos aunque no menos legendarios, como Bonanza y McGyver. Apenas se da un paso dentro del estudio, uno ya no piensa en aquellos ciclos ni tampoco en los amables chicos de Glee que acabamos de visitar.

En pocos minutos y metros cambiamos la alegría por la penumbra y la melancolía. Lo mismo que les ocurre a los seguidores de Ryan Murphy cuando pasan de la comedia musical al ciclo de terror American Horror Story, también creado por él. En su segunda temporada (que se ve los martes, a las 22, por Fox), la serie mantiene algunos actores (Jessica Lange, Evan Peters y Zachary Quinto) y el género, pero cambió de historia, que ahora transcurre en un manicomio en Massachusetts durante la década del sesenta. Y aquí estamos, recorriendo sus oscuros pasillos, sus siniestras habitaciones

celdas y la sala de recreación de los internos, que está llena de libros religiosos como Una muerte superior y Dios fragmentado, además de una bruma que no se sabe de dónde viene ni por qué.

Mark Worthington, diseñador de producción, encabeza el recorrido y explica que su inspiración para crear Briarcliff, el hospital en el centro de la trama, fue el trabajo del arquitecto Frank Furnace, conocido por su estilo "victoriano ecléctico y algo grotesco", unas formas ideales para hacer morir de miedo a los espectadores.

Ése es -revela Worthington- el objetivo primordial de Murphy. Y, como si lo hubieran planeado, apenas se calla, la bruma inexplicable se hace más densa, la luz se apaga en una de las celdas y alguien declara que la visita llegó a su fin. Por suerte, todavía nos queda un rato en el brillante y luminoso set de Glee como para compensar el paseo por el psiquiátrico fantasma. Dos universos de la ficción televisiva tan lejanos entre sí que, sin embargo, conviven a pocas cuadras de distancia y en pleno corazón del viejo Hollywood..

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