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Los "pecados capitales" ya no son los de antes

Sábado

Fumar delante de chicos o broncearse al máximo ya no son comportamientos aceptados socialmente

Por   | LA NACION

Viajábamos en el asiento de adelante, al lado del conductor, e íbamos saludando a la gente que pasaba. La ventanilla baja, porque no había aire acondicionado. No había cinturones de seguridad, por supuesto, y no teníamos problemas con eso. ¿Tenías sed? El agua de la canilla siempre era una opción. Jugar en la calle, ir al quiosco a comprar cigarrillos para papá y traerse un paquete de figuritas de yapa con el vuelto podía ser el paseo de la tarde. ¿Cómo sobrevivimos? Éste no es sólo un relato nostálgico de alguien que se crió en los 80, de los tantos que circulan por Internet. Es, además, un recuento de algunas prácticas y hábitos muy difundidos y aceptados durante la infancia de quienes hoy tienen entre 30 y 40 años. Sin embargo, hoy a los miembros de esa misma generación, convertidos en padres, no se les ocurriría ni remotamente permitirles tales cosas a sus hijos. El límite de lo socialmente aceptado se corrió en pos de la seguridad, de una mayor conciencia social, de una paternidad con menos riesgos.

Aunque también a causa del emplazamiento de ciertas nuevas necesidades de consumo y de la inseguridad.

En algunos aspectos, estos cambios significaron avances. En otros, siguen generando dudas. Por ejemplo, cuando éramos chicos la televisión se encendía y se apagaba a determinadas horas. Y el horario de protección al menor se hacía respetar. Hoy, en cambio, en la mayoría de los hogares la TV convive con los miembros de la familia, encendida casi todo el día. Dejó de ser vista como una influencia negativa, para pasar a ser un miembro más de la mesa familiar. Un medio que suple la necesidad de estar comunicados. ¿Cómo vivíamos incluso sin Internet? ¿Y sin teléfono móvil? Pero ésa es otra historia.

"Nadie puede escapar a la subjetividad de su época, decía Lacan, y creo que esta frase aplica muy bien para entender por dónde pasa la aceptación social de ciertos hábitos, algunos no mejores que otros, pero característicos de una época", explica Mónica Cruppi, miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina y especialista en vínculos familiares. "Estos cambios sociales tienen que ver con cambios en el conocimiento científico y tecnológico, pero también funciona con el mismo efecto de la moda y de la subjetividad. Cuando se instala socialmente un modelo de buena paternidad, eso implica todo un combo de conductas aceptadas y cuestionadas que muchas veces es hegemónico o impositivo desde un modelo cultural y comercial", apunta.

Dejar que los hijos fueran y vinieran solos al colegio, que rigiera una alimentación basada en hamburguesas o que jugaran al sol en verano son cosas que ni se les ocurriría a los padres de hoy. Menos aún, como ocurría durante la infancia de los abuelos, que a los chicos se les sirviera vino con agua o soda en las comidas. Claro que no existían las gaseosas y a los chicos también se los obligaba a tomar aceite de hígado de bacalao.

Estos cambios en la forma parental de permitir o prohibir deberían haber significado un medio ambiente más seguro y saludable. Aunque no necesariamente fue así. "El principal cambio es el rol del padre. No es alguien ajeno a la crianza. Por otra parte, la mayoría de las madres trabaja y socialmente no es muy aceptado que una mujer en edad productiva con hijos escolarizados no trabaje. Esto no es bueno ni malo. Es así. Todo esto generó un cambio en el modelo de paternidad, de autoridad", explica el pediatra Diego Montes de Oca, que dirige el portal tvcrecer.com . "Cuando éramos chicos, cobrábamos cientos de palizas y nadie iba a hacer una denuncia a Unicef por esto. Hoy, hay una mirada desaprobatoria al padre que aplica castigos físicos. Y eso está muy bien. Sin embargo, lo que ocurrió como consecuencia es que los hijos no encuentran su lugar en la familia en relación con la autoridad de los padres. La nueva generación de chicos está acostumbrada a cuestionar la autoridad de quien tiene adelante, sean los padres o los docentes. No tiene problemas en hasta insultarlos? Eso tampoco es bueno. Las teorías psicológicas de los últimos veinte años han derivado en que el no no sea no . Sería importante que el límite que se ha perdido se recupere. El límite es una protección para los hijos", dice Montes de Oca.

Las madres de hoy se preocupan, o al menos lo intentan, por que sus hijos coman variado. Que incluyan verduras. Jamás les comprarían a sus hijos un naranjú o, la tan codiciada bolita de jugo con cara de payaso, que se vendía en los quioscos hace 30 años. Prefieren las botellitas de gaseosa a las latas, porque son más limpias. Muchas erradicaron directamente del menú familiar cualquier comida que incluya carne picada, por el riesgo al síndrome urémico hemolítico (SUH). Y hasta naufragan en la falta de opciones cuando los invitan a un cumpleaños en el que sólo hay hamburguesas. "Comé pan solo", no dudan en decirles a sus vástagos. "Está bien, comé chizitos y papitas."

"De todas formas, la Argentina sigue siendo récord mundial en casos de SUH", apunta Montes de Oca.

Los fritos, los embutidos y sobre todo la manteca se convirtieron en los enemigos número uno de la buena nutrición. Tanta preocupación por la alimentación no debería arrojar, sin embargo, estos resultados. Hoy, en la infancia, la obesidad es endémica. En la generación anterior había la mitad de niños con sobrepeso de los que hay hoy.

Las estadísticas viales también indican que, si bien ha habido avances, según la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) la accidentalidad relacionada con el tránsito sigue constituyendo la primera causa de muerte violenta en la infancia. "Todos los padres compran la sillita para sus hijos, pero en el 80% de los casos, aun así, los chicos siguen viajando en brazos de las madres. Las sillitas están, pero lograr que un hijo se quiera sentar en ella es otro cantar", apunta la SAP.

Un estudio realizado este año por Luchemos por La Vida indica que hay una gran disociación entre lo que los padres dicen que hacen y lo que en realidad hacen. "El 84% dijo que lleva a los hijos en sus sillitas. En cambio, sólo el 16% en realidad lo hace. El 70% dijo que sus hijos de entre 4 y 12 años viajan atrás y con el cinturón de seguridad, mientras que sólo el 21% lo hace. Y el 19%, directamente viaja en el asiento de adelante", explicó Alberto Silveira, su director.

El corrimiento de lo socialmente aceptado no sólo involucra a la infancia. Hoy, nadie ve con buenos ojos al fumador que enciende un cigarrillo dentro de una casa. El bronceado extremo dejó de ser visto como un símbolo de belleza. Más bien, todo lo contrario. Permitir que un adolescente trabaje antes era visto como una forma de introducirlo en el mundo adulto sin que metiera la pata. Hoy, el trabajo adolescente, además de estar prohibido, tiene mala prensa.

Otros cambios sociales que modificaron hábitos tienen que ver con la maternidad. No está bien vista la mujer que sigue amamantando a un bebe cuando tiene dientes. Y mucho menos, tener hijos que se lleven apenas un año. "Hay" que esperar, mínimo, tres. Sin embargo, la generación de quienes hoy son padres está repleta de hermanos que nacieron en escalerita. "¿Tiene dos años y no lo mandás al jardín? ¿Por qué?", es un diálogo frecuente entre madres. Hace tres décadas, la escolarización "obligatoria" desde los 2 años era impensada.

Los hábitos al aire libre, la "necesidad" de una escolarización doble y bilingüe, las nuevas necesidades de la edad temprana? la lista podría seguir hasta el infinito. La revancha quedará en manos de nuestros hijos: en 30 años, ellos mirarán con nostalgia sus hábitos en la infancia, pero, a su vez, se preguntarán cómo lograron sobrevivir a unos padres tan desaprensivos.

Adiós al chirlo en la cola

¿Qué argentino con más de veinte años no sintió alguna vez en su humanidad un chirlo en la cola ante alguna travesura, o la amenaza de su concreción a menos que abandonara un comportamiento inoportuno? Aunque el Código Civil vigente excluye los maltratos a los niños como forma de corregir su conducta, el proyecto de reforma del Código prevé ser más taxativo en prohibir todo castigo físico en la crianza..

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