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Protagonistas

De campesinos a líderes de una lucha desigual para llevar a un gigante petrolero ante la justicia

Enfoques

Luis Yanza era un niño cuando su familia se mudó a la zona ecuatoriana de Lago Agrio atraída, como muchas otras, por la esperanza que despertaba la naciente actividad petrolera en esa zona de la Amazonia. Y cuando llegó, lo que vio, recuerda, fue un paisaje de tremenda actividad, con piletas de petróleo en el suelo, antorchas que ardían casi a nivel del piso y quemaban el gas que salía de los pozos, humo. Y como casi todos, creyó que "eso era lo normal, que así era la actividad petrolera" en la que estaban esperanzados para salir de la pobreza.

Nada le hacía prever que años después se transformaría en uno de los rostros más visibles del mayor reclamo en la historia por daño ambiental, una demanda por la que la petrolera norteamericana Chevron fue condenada a pagar poco más de 19.000 millones de dólares en reparaciones tras casi 20 años de litigio. Pero la batalla judicial, que ha ganado trascendencia internacional y visibilidad mediática, no ha terminado.

Pablo Fajardo nació en 1974 y también vivió en la región selvática a la que llegó con su familia en busca de un futuro mejor. Y hasta trabajó en la compañía petrolera como un obrero sin calificación. Logró estudiar con ayuda de una misión religiosa que le consiguió una beca y parte de su carrera de abogado la hizo por correspondencia y con la ayuda económica de la comunidad de afectados que ahora representa. En 2007 recibió el premio Héroes de la CNN.

La demanda ambiental, por la que ahora se consiguió un embargo contra la filial argentina de Chevron, dice, quiere la reparación por los daños causados entre 1964 y 1990 por Texaco, que fue luego adquirida por Chevron. Según los demandantes, al partir de Ecuador la petrolera dejó unas 500.000 hectáreas de selva gravemente dañadas, en las que vertió agua contaminada con tóxicos por un volumen equivalente al que evacuaría en 45 minutos el Río de la Plata. También piletas de petróleo a cielo abierto y un nivel de contaminación tan grave que multiplicó en la región los casos de cáncer, enfermedades de la piel y deformidades al nacer.

"Hay petróleo por todas partes, todo huele a hidrocarburos; el agua, el aire, el suelo, están impregnados; en los arroyos surge apenas se remueve un poco el lecho y donde la gente se baña o lava sus ropas", dicen. Afirman que la contaminación es mucho mayor que la causada en el Golfo de México por los derrames de BP y en Alaska por los del barco Exxon Valdez. Y Fajardo subraya: "Ésos fueron accidentes, en cambio aquí hubo una acción deliberada".

Chevron es demandada como continuadora de Texaco y sostiene que la sentencia ecuatoriana es una farsa. "La sentencia de Ecuador es ilegítima y producto de fraude y soborno", afirmó en reiteradas oportunidades. Chevron culpa a Petroecuador, la compañía estatal, y a lo que ocurrió en la zona después de que Texaco se fue. Sostiene que se hicieron reparaciones, y ahora amenaza con que demandará al Estado ecuatoriano por lo que le cuesta defenderse de los reclamos en los tribunales de varios países.

Como Chevron no está en Ecuador, los demandantes intentan lograr la ejecución de la sentencia en otros países. Por un tratado con la Argentina, que reconoce las medidas cautelares de los tribunales de ambos Estados, lograron en primera instancia el embargo local. También intentan cobrar mediante acciones judiciales en Canadá, Brasil y Colombia, donde Chevron opera.

Las demandas comenzaron en 1993 en Nueva York, con el patrocinio de abogados norteamericanos que trabajaron a riesgo y sólo cobrarían si tenían éxito. Fajardo recuerda que la estrategia legal de Texaco fue entonces decir que la jurisdicción sobre el caso era ecuatoriana y no norteamericana. En agosto de 2002, cuando Chevron ya había adquirido a Texaco, la Corte de Apelaciones de Nueva York aceptó que el juicio se hiciera en Ecuador. La demanda allí se inició en 2003. Y el fallo de segunda instancia, que fue llevado por Chevron a la Corte del país andino con un recurso de casación, se produjo ocho años más tarde.

Dueños de la tierra

En el territorio de Lago Agrio, en la provincia de Sucumbíos, cerca del límite con Colombia, vivían en 1964 pueblos indígenas, cuando comenzó la operación petrolera. Yanza dice que "habían habitado allí por miles de años y vivían de la naturaleza. La selva era su supermercado porque de allí obtenían los alimentos, y era su farmacia, porque conseguían sus medicinas, pero también era la fuente de inspiración espiritual para practicar sus ritos". No había agricultura de escala, sino actividades de subsistencia en una región poco poblada que atrajo con el auge petrolero a muchos inmigrantes.

Yanza llegó con su familia desde una región más al Sur, dentro de la propia Amazonia. Fajardo, desde la costa. Yanza recuerda que "las familias llegaron atraídas por las promesas de mejores días, por las bondades del trabajo en la actividad petrolera". Y rememora la visión de una fotografía del primer pozo que sus ojos de niños vieron en una revista. Alrededor, sólo selva. Hoy allí mismo está la ciudad de Lago Agrio.

A poco de su llegada, vio los efectos dañinos. "Cuando se regaban los caminos con petróleo", en una especie de asfaltado primitivo, "cuando se derramaban tóxicos en los ríos y morían los peces, cuando sembrábamos nuestras tierras y se arruinaban y morían los animales de corral".

Fajardo dice que cuatro ciudades pequeñas cercanas a Lago Agrio padecen hoy también la contaminación de la región. "Se quedan permanentemente sin agua y la que tienen para su consumo tiene hidrocarburos. En esa zona las tasas de cáncer son las más altas de Ecuador", señala.

Yanza recuerda que las primeras alarmas comenzaron cuando a él y a sus compañeros de escuela les aparecieron manchas rojas en la piel, que habrían resultado ser hongos, pero que no consideraban preocupantes. Asegura que Texaco utilizó un modelo de explotación que no respetó las exigencias de la época. Que vertió en ríos y arroyos el agua con hidrocarburos que sale de los pozos. Que dejó restos de crudo en piletas a cielo abierto que no estaban impermeabilizadas. Que así se contaminaron aguas subterráneas, superficiales, lechos de cauces y suelos y que el envenenamiento permanece. "Lo hicieron para ahorrarse dinero, para ganar más y por discriminación, porque los que allí habitaban era indios y mestizos. Para ellos, los residentes no son humanos", se indigna.

Chevron responsabiliza a Petroecuador, que heredó la operación de Texaco. Y dice que hubo políticas remediales. "Sólo gastaron 40 millones de dólares", afirman Fajardo y Yanza, sólo en tareas cosméticas. También rechazan las acusaciones de actividad política o conspiración desde el gobierno. "El juicio lleva casi 20 años y han pasado nueve presidentes. Comenzamos litigando en Estados Unidos y la compañía quiso llevar el juicio a Ecuador", dice Fajardo.

La petrolera los acusa de falsificar pruebas, complotar con jueces corruptos y dice que no debe pagar ni un solo centavo. El pleito parece destinado a durar algunos años más y, probablemente, a hacer historia.

EL CASO

Trascendencia

El caso contra Chevron ha sido reflejado por el programa 60 minutos de la cadena norteamericana CBS, por el diario El País de España y por la revista Vanity Fair.

Dos posiciones

La posición de los demandantes se encuentra en www.chevrontoxico.com . La defensa de Chevron está en www.juiciocrudo.com y en Twitter en @juiciocrudo

Reconocimiento

Fajardo y Yanza recibieron en 2008 el Goldman Enviromental Prize, el mayor en el mundo en la materia..

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