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El medio es el mensaje

Los K tienen alergia a las multitudes ajenas

Opinión

Ahora que las copiosas tormentas tropicales parecen empezar a convertirse en costumbre, la imagen de alcantarillas desbordadas por el agua es un efecto, no la causa, de un problema anterior no solucionado. De nada vale enojarse, inquirir o difamar a la alcantarilla por su proceder anómalo porque no tiene la respuesta a su imprevista desubicación. Lo seguro es que algo se dejó de hacer a tiempo para evitar que el agua no saliera por donde no debía salir. Faltó contención y soluciones pequeñas a pequeños problemas antes de que se armase el problemón irresoluble.

Ningunear, mirar para otro lado, provocar o responder con soberbia no suelen doblegar a las alcantarillas desbordadas. Todo queda en stand by hasta la próxima tormenta, cuando volverá a suceder algo parecido... o peor.

Lo mismo ocurre con las huelgas, los piquetes y las protestas de cualquier signo o sector: cuando suceden ponen en evidencia que un canal institucional anterior no supo encontrar las soluciones adecuadas demandadas y entonces debió abrirse paso como pudo la queja inorgánica, siempre incómoda y más difícil de manejar.

En el país del "no pasa nada" que se pretende inculcar desde arriba para desterrar toda idea de inconvenientes y problemas cada vez de manera más inverosímil, pasó algo. Y el fastidio oficial fue tal por la contundencia númerica que ya nadie pudo seguir insistiendo en que los autoconvocados eran ultraderechistas, seguidores de Cecilia Pando o, acaso, admiradores de Alfredo Astiz, que le festejaban su cumpleaños al aire libre y en el Obelisco. Los absurdos argumentales se cayeron solos. Fue la respuesta al "vamos por todo", al estilo de gobierno que involuciona hacia la autocracia y que cree que sólo debe gobernar exclusivamente para sus votantes y aplaudidores. Lo ratificó la Presidenta en su aparición de anteayer en la reunión con los intendentes del conurbano.

Es extraño que tan luego los actuales inquilinos del movimiento peronista (el kirchnerismo), que nació precisamente de una multitudinaria manifestación popular el 17 de octubre de 1945, ahora vengan a rasgarse las vestiduras cuando ciudadanos de distintas procedencias convergen masivamente en las calles para expresar su disconformidad por los variados maltratos y ciertas políticas erradas del gobierno nacional.

Al menos, de a poco, el periodismo oficialista algo va aprendiendo: de minimizar lo más posible y barrer debajo de la alfombra lo que fue la protesta del 13 de septiembre, ahora pasó a una cobertura más extendida y sin tantos complejos, aunque llena de advertencias y lloriqueos. Daba gracia escuchar a los cronistas de CN23 recitar todos los méritos de Cristina Kirchner mientras mostraban cada vez más y más gente en la calle.

Beatificada ayer en las tandas de Fútbol para Todos, Cynthia García tuvo agallas para meterse en territorio hostil, pero lástima que lo hiciera con afán de predicadora oficialista munida tan sólo de una batería de preguntas improcedentes a repetición (a Amado Boudou, cuando va a 6, 7, 8 , no se la hace tan difícil). Es de lamentar la agresión a un periodista de C5N, en el contexto de un episodio de extrañas connotaciones. Que un diario, que en alguna época se preciaba de progresista, apele siempre a veteranas rubias teñidas y operadas blandiendo cacerolas para ilustrar las protestas "opositoras" de "los incluidos" (otras expresiones que usó de manera coordinada el aparato oficial y paraoficial de información) sugiere una mirada estigmatizada, parcial y reaccionaria de un fenómeno que fue mucho más amplio, pacífico y abierto del que se pretendió mostrar en los medios afines al Gobierno. Este periodista recorrió a pie unas treinta cuadras sin advertir el más mínimo incidente ni consignas ni pancartas inapropiadas, en un clima social distendido y de respeto entre los manifestantes. Algunas propaladoras K fueron en busca de intemperantes y, azuzados convenientemente, los encontraron. Del mismo modo se podría ir a un acto del Gobierno y detectar entre las personas movilizadas a aquellos que parecieran de menos luces para presentarlos luego de la manera más indecorosa posible. ¿Cuál sería la gracia?

En los medios adictos, esta vez abundaron los planos cortos y cerrados para evitar las fabulosas panorámicas que daban dimensión real del portento de las movilizaciones en tantas localidades del país. Y eso que jugaba en contra cierta particularidad de los sectores movilizados: con el correr de las horas llegaban y se iban en una renovación constante. Las cámaras de 6,7,8 prefirieron mostrar con cierto deleite la desconcentración. La gente se iba a comer y a descansar porque al otro día trabajaba y/o estudiaba, y no había ómnibus rentados esperando para llevarla de vuelta a su casa.

Bajó la audiencia de la TV abierta en unos 5 puntos porcentuales respecto de los cuatro jueves anteriores, según Mindshare Argentina, pero la TV cable creció en algo más de un punto, por el mayor consumo de las señales de noticias. Entre los más de 30 puntos que hicieron entre todas (1,3 millones de personas), TN se quedó con la mayor tajada (más de 5 puntos, o sea, más del doble de lo habitual). La sociedad partida al medio puso, una vez más, al rojo vivo las redes sociales..

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