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Teatro

La viva encarnación de lady Edith, de Downton Abbey

Espectáculos

Por   | LA NACION

En su columna dominical del 11 del actual, publicada conjuntamente por The Observer y el Guardian de Manchester, el comediante David Mitchell (quien, junto con Robert Webb, protagoniza una serie que aquí se ve por cable), comenta lo sucedido noches atrás en el Vaudeville Theatre, de Londres, cuando la actriz Laura Carmichael, intérprete del personaje de lady Edith en Downton Abbey , debutó en el West End como Sonia en una nueva producción de Tío Vania , de Chejov.

Para quienes no siguen las peripecias de Downton Abbey -una magnífica mansión campestre en Inglaterra, propiedad del conde de Grantham, donde, entre 1910 y 1920, transcurre un avieso folletín admirablemente ambientado e interpretado-, conviene recordar que en esta telenovela lady Edith es la segunda hija del conde, el patito feo de la familia, a la que le suceden toda clase de calamidades: todo lo que emprende le sale mal (incluyendo noviazgos, siempre frustrados) y sus hermanas la consideran poco menos que una retardada. Este Vania era su debut teatral, y la expectativa del público y la de ella misma eran muy grandes. La representación se desarrollaba normalmente, cuenta Mitchell, cuando en la última escena -el hermosísimo diálogo final de Sonia y su tío- el ilustre director teatral sir Peter Hall, ubicado en la tercera fila de la platea, gritó, destempladamente: "¡Basta, basta! ¡Esto no va y ustedes no van! ¡Yo podría estar tranquilamente en mi casa viendo televisión!". El escándalo fue mayúsculo, los actores se paralizaron en escena, el público quedó expectante y el telón se cerró en medio de la confusión general. En los anales del teatro inglés no se recuerda nada semejante: pataleos, gritos y abucheos, de parte del público, son tradicionales desde antes de Shakespeare, pero que una voz autorizada prorrumpa en semejante descalificación y en plena función es insólito.

A la salida del teatro, interrogado por el periodismo y cuando ya la voz de lo sucedido corría por todo el West End, sir Peter atinó a explicar: "Me quedé brevemente dormido y cuando mi mujer me despertó con un codazo me sentí confundido y no supe dónde estaba". Con lo cual empeoraba las cosas, al confesar que la representación lo había inducido al sueño. Para suavizar el exabrupto, dijo que era "una hermosa producción, con un elenco soberbio". Nadie le creyó, por supuesto, y la pobre Carmichael no ha terminado de reponerse.

Mitchell termina su comentario con una reflexión irónica (obvia, acaso): "La pobre lady Edith cumplió una vez más su destino. No puede negarse que la simbiosis de actriz y personaje es asombrosa. ¡Esto sí que es actuar!"..

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