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Parrilla Fontanarrosa

Deportiva

En pleno Mundial de Estados Unidos, el Negro Fontanarrosa, último en una larga fila, hambriento y desesperado por la cantidad de gente que había en los pocos restaurantes que quedaban abiertos esa noche en Dallas, respiró aliviado al ver a César Menotti ofreciéndole un lugar en su mesa. "Viste lo que es esto", le dijo el Negro, según contó Menotti a la revista Sudestada. Y siguió: "Vos no sabés lo que acabo de averiguar. No sé si me lo van a publicar. Parece que lo de Kennedy es mentira. A Kennedy no lo mataron. Cuando conoció Dallas se suicidó". Cuatro años después, en Francia 98, la sensación era otra vez de hambre y desesperación. Amanecía y Horacio Pagani seguía sin acertar el camino para volver a París. En cada bajada equivocada, el auto quedaba bloqueado por miles de hinchas que celebraban el título cantando "Allez la France". El Negro, copiloto inútil, con un enorme mapa de Francia desplegado, rompió el silencio: "Muchachos -nos dijo a Pagani y a mí, que dormitaba en el asiento trasero-, creo que cruzamos la frontera, escuché hablar en alemán".

Aparte de sus libros, reeditados en las últimas semanas, después de una larga ausencia debida a un penoso litigio judicial aún irresuelto, Fontanarrosa, se sabe, era un conferencista brillante. Siempre se recordó su magistral pedido de amnistía para las malas palabras en el Congreso de la Lengua, en 2004 en Rosario, apenas tres años antes de su muerte. En la Feria del Libro de 1994, en una mesa que completaban Osvaldo Soriano, Juan Sasturain y Carlos Ferreira, el periodista Juan José Panno hizo una presentación pomposa, que cerró al mejor estilo José María Muñoz: "Señores: ¡fútbol y literatura!". "Ajá -tomó el micrófono Fontanarrosa-, fútbol y literatura. ¿Y me querés decir quién carajo va a hablar de literatura?" Lo cuenta Panno en La hinchada te saluda jubilosa (Fundación Ross, 2007). El libro incluye algunos chistes que Fontanarrosa le regaló a Aldo Pedro Poy, protagonista real junto con el ficticio Viejo Casale de "19 de diciembre de 1971", elegido por la revista colombiana SoHo como "el mejor cuento de fútbol de todos los tiempos". En el chiste que regaló a Poy, una dama se jacta de tener en su casa una reproducción de la famosa "Paloma de la Paz" de Picasso. "Yo -responde el futbolero a la dama- tengo una reproducción de la famosa «Paloma de Poy» en el Monumental." El inolvidable Viejo Casale fue amuleto con infarto incluido en el relato del Negro de la recordada semifinal que su amado Central le ganó 1-0 a Newell's. "¡Ésa es la manera de morir para un canalla!? con la alegría de haberle ganado a la lepra por el resto de los siglos?"

"La literatura de Fontanarrosa -escribió Alejandro Seselovsky en la revista Orsai- era él mismo en acto de escritura: un tipo del bar al que le gusta el fútbol y mirar los culos de las minas que pasan." "Un atorrante -lo describió una vez Tomás Sanz-, pero sin perder fineza, estilo ni buen gusto." La vuelta de los libros de "uno de los grandes narradores argentinos de todos los tiempos", como lo definió Sasturain, coincide con el estreno cada vez más cercano de Metegol , el próximo film de Juan José Campanella, una animación inspirada en "Memorias de un wing derecho", otro de los hermosos cuentos de fútbol escritos por el Negro. "Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya", inicia el cuento. Y, acaso en declaración de principios sobre qué fútbol le gustaba, el wing de Metegol de Fontanarrosa agregaba: "No me vengan con eso de wing «ventilador» o wing «mentiroso» o las pelotas. Arriba y contra la raya". (Contó hace tiempo Rubén Paz, el uruguayo que fue crack en Racing, que el Pulpa Etchamendi escuchó una vez con desconfianza al joven atlético que, recomendación mediante, llegaba para una prueba. "¿De qué jugás?", le preguntó. "De wing ventilador". "Pibe -lo despidió el Pulpa, casi sin mirarlo-, volvé para el próximo verano"). El Negro escribiría un cuento entero con la frase de Marcos Rojo sobre el amistoso que juega hoy la selección: "A los rivales uno siempre los sigue, pero con Arabia estamos en bolas". Gracias a Fontanarrosa, y también al Gordo Soriano, y ahora a Eduardo Sacheri, entre otros, encontré amantes del fútbol en cualquier país que me dicen que, además de Di Stéfano, Maradona y Messi, la Argentina también le dio letra a la pelota.

Fontanarrosa, que hoy sufriría cargadas con Central descendido a la B Nacional, deliró con el equipo de los Mapaches Aulladores del Spartman Soccer de Dyersville (Iowa) en "El área 18", uno de los cinco primeros títulos que forman parte de la flamante reedición de Planeta. Será el inicio de decenas de títulos, porque el Negro, que escribió tres novelas y doce libros de cuentos, siempre trabajó muchísimo y también nos dejó en sus tiras de Clarín a personajes inolvidables, como el mercenario Boogie el Aceitoso, el gaucho Inodoro Pereyra el Renegau o la curandera Hermana Rosa, esta última, firmante de las mejores crónicas de nuestros enviados especiales a los Mundiales. Puro fútbol, que publicó en 2000 con De la Flor, su editorial de siempre, reúne todos sus cuentos futboleros, incluidos los mencionados "19 de diciembre de 1971" y "Memorias de un wing derecho". Admirador de narradores estadounidenses como Ernest Hemingway, Truman Capote, Norman Mailer y J. D. Salinger, Fontanarrosa fue privilegiando el texto a los dibujos y arrancó carcajadas. Lo hizo parodiando historias y personajes delirantes, que iban de la miseria a la gloria, que él comprendía sin juzgar y que nos eran siempre increíblemente cercanos. Como él, que nunca se fue de Rosario, creció a diez cuadras de la cancha de Central, trabajó luego a una cuadra de la casa de Poy y se juntaba con los amigos en El Cairo, en "La Mesa de los Galanes". Con ellos también jugó al fútbol. "Robó" unos años más desde que se inventó la posición de "cuarto volante", como ironizó una vez a la revista Playboy, pero siempre consciente de que había dos motivos que le impedirían triunfar en Primera: "Mi pierna izquierda y mi pierna derecha".

Su enorme virtud de "hacer parecer fácil lo dificilísimo" y de no aspirar al Nobel de Literatura pero sí a que sus lectores "se caguen de risa" debería estar estrechamente vinculada a su eterna humildad. Artista popular, el Negro recibía besos como nunca en los festivales, más aún cuando la esclerosis lateral amiotrófica lo confinó primero a una silla de ruedas. "Sé que usted es un varón tímido, pero sé también que acabará besándome", le dijo una vez a su amigo Daniel Samper. El gran periodista colombiano, testigo de los premios que se acumulaban como justo homenaje antes de la muerte, le preguntó un día si tanto halago era "acaso la gloria". El Negro, escribió Samper en 2007 en Clarín, le respondió contándole que en Victoria, a una hora de Rosario, se había inaugurado un restaurante de tenedor libre. Churrasco, chorizo, asado de tira, matambre, colita de cuadril, pollo a la brasa, vacío, bife de chorizo, provolone al orégano. "El lugar -siguió el Negro- fue bautizado Parrilla Fontanarrosa, y está adornado con enormes dibujos de Boogie, Inodoro, su mujer Eulogia, el perro Mendieta? Cuando acudo con mis amigos no me cobran nada, y además pido repetición cuantas veces me da la gana. Eso, Samper -remató Fontanarrosa-, es la gloria. Lo demás son efímeras vanidades.".

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